La llanta de una volqueta cargada de piedras sucumbió al peso y estalló. Resultado: una fila interminable de autos entre Barranquilla y Santa Marta.
Foto-reportaje por Pacho Manrique
Piedra por piedra, como en la era de Los Picadiedras, un grupo de operarios tuvo que recoger y limpiar el caos generado por una volqueta en la vía que conduce de Barranquilla a Ciénaga.
Las imágenes hablan por sí solas. La fila enorme de autos de todos los tamaños y colores. La volqueta, inmóvil e inocente. Los operarios, aburridos y sudorosos. Los conductores y pasajeros, más aburridos que nadie. ¿El conductor de la volqueta? Bien, gracias.