Las fiestas por el aniversario de Barranquilla, las obras inauguradas y los espectáculos públicos, de maravilla.
Por Rafael Sarmiento Coley – Director
Barranquilla toda festejó con alborozo el aniversario de su ciudad el 7 de Abril, demostrando un contagioso sentido de pertenencia que envidiarían otras grandes urbes nacionales. Y no es que los barranquilleros todo lo conviertan en rumba. No. Es que saben vivir la vida. Sobre el yunque martillar, como dice en el himno de la inmortal Amira de la Rosa, y las caderas agitar.
Todo muy bien. Obras que revientan calles y carreras por todas partes. Nuevos edificios y conjuntos residenciales. Nuevas ideas para acabar con el peligro de los arroyos. Y eso trae, es lógico, lo denominado “las incomodidades del progreso”. Eso sí, cuando una de esas ejecuciones es inaugurada, de inmediato la Alcaldía llama a Enrique Chapman para que monte “un espectáculo del siglo”. Antes lo hacía con el Tropicana de Cuba, con el cual hacia el “espectáculo del siglo”, pero como ya el Tropicana pasó de los 100 años, entonces acudió a Milly y Jocelin. Para todo.
Pero hay una cosa en la cual la ciudad no progresa. Al revés. Retrocede. Para comprobarlo, basta con recorrer en un Transmetro al lado de Ruby Rubio, o montarse en los suicidas buses de Sobusa, Soditrans y demás. Usted va en el bus y, de repente, siente un frenazo que lo saca de su silla y lo tira a la espalda del chofer.
Sin pico y placa
Por la Circunvalar, por Olaya Herrera (compitiendo con los Transmetro de Ruby Rubio), carros de tracción animal, mototaxistas, carrromotos, en cantidades enormes. Porque ellos no tienen pico y placa. No pagan el Seguro Oblitatorio para Accidente de Tránsito (Soat), en donde además se paga casi cien mil pesos por carro en un gravamen especial para el Fondo de Seguridad y Garantías (Fosyga), con el cual se han enriquecido, a costa del pobre dueño de carro que cada año tiene que renovar el Soat por culpa de los congresistas, los ladrones de cuello blanco de las IPS y las EPS.
Tampoco pagan esos vehículos de tracción animal por la revisión técnico-mecánica. ¿Qué van a revisarles a los mulos y burros?, ¿las patas, los testículos, las orejas? Lo más grave es que cada vez que se produce un accidente con heridos o muertos a causa de estos vehículos que no deben circular por todas las calles y menos por las vías rápidas y sectores residenciales con unos megáfonos ruidosos, se arma el escándalo. Se anuncian “medidas ejemplares y soluciones prontas”.
La alcaldesa Elsa Noguera hace una rueda de prensa y mira a Guillo Polo para que salga al ruedo. Guillo sabe, con admirable precisión, cuántos carros de mula y de burro circulan por la ciudad, cuántas personas viven de ese transporte, cuántas veces al día esos animales riegan su estiércol en el pavimento sin ninguna utilidad, porque si fuera en camino real, sirviera de abono.
Entonces se anuncia que se hará el coso municipal. Lo anuncian en Juan Mina, y allá ponen el grito en el cielo por los malos olores que afrontarán por los orines y el estiércol de los animales. Dicen que tienen suficiente con los moteles.
Los “burros” son otros
La Alcaldesa no tocó más el tema. Se dedicó a gozar de la rumba con tanta estrella que le iba presentando el inquieto Quique Chapman a ella y a Natalia. Con la mayor discreción Quique se las fue llevando poco a poco a poco, con discreción para no parecer groseros, del pequeño salón a donde habían llegado a parar, porque era el de los amantes de los polvos nasales que, en forma, frentera, pasaban por delante de los invitados en platos y cucharitas de plata. Quique es muy avispado. Y sabe mucho de eso. Además, en ese mismo saloncito es en donde se cuelan, no se sabe cómo, los proxenetas traficantes de sexo a ofrecer todo tipo de “combates pélvicos”.