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Disrupción universitaria

Si la Universidad no es disruptiva, no es Universidad; si no rompe con las diferentes formas del rebañismo moral de su entorno, no cumple su función universitaria. Si un docente no trasciende el conocimiento existente en el contexto, tampoco es docente universitario.

Disrupción, motor esencial de las universidades medioevales: Sorbona de París y Bolonia de Bolonia. Iluminaron las nacientes sociedades urbanas liberándose de la teología y adoptando un espíritu científico. Promovieron el debate libre, el pensamiento crítico y se opusieron a las escuelas catedralicias, instituciones creadas por la iglesia para formar clérigos.  

Obtuvieron limitada autonomía, siempre necesitaban de la aprobación papal o imperial, pero fueron creativas. Robert de Sorbon, clérigo católico, fundó un colegio y pronto se convirtió en la Universidad de la Sorbona con criterios menos clericales, más liberales.

Disruptivas las Universidades liberales del siglo XIX. Alemania optó por la Universidad científica con método humboldtiano y docentes investigadores. Privilegió la docencia experimental creando la necesidad de laboratorios en instituciones educativas. Disruptiva también la Universidad francesa de origen napoleónico; responsables con el nuevo Estado liberal, institucionalizó la formación científica de funcionarios e ingenieros del Estado

Universidades norteamericanas, Harvard y Johns Hopkins, adoptaron el modelo alemán. Similar intento hizo la Universidad Nacional de Colombia fundada en 1867 durante gobiernos liberales. Promovió una educación laica, científica y moderna

Pero el envejecimiento prematuro del liberalismo anquilosó sus Universidades poniéndolas al servicio del mercado plutocrático. De nuevo hubo necesidad de disrupción universitaria en el Siglo XX. La iniciaron estudiantes de la universidad de Córdoba, Argentina, 1918, apoyados por Hipólito Yrigoyen, un liberal radical con tendencias populista. Pretendieron romper con estructuras tradicionales universitarias implementadas por los excesos de clericalismo y elitismo plutocrático. Querían una Institución cogobernada con estudiantes, con capacidad para decidir sus propios destinos académicos independientes de las elites, con pensamiento crítico y científico.

De nuevo se repitió la necesidad de la disrupción en mayo del 68, Sorbona de París, inspirada esta vez en el pensamiento anarquista, especialmente de Guy Desbord. De nuevo la necesidad de romper con estructuras tradicionales, jerarquías disecadas, autoritarismos esqueléticos y cementerios universitarios, tan distantes del ser humano en la consciencia de sus estudiantes. Romper con metodologías obsoletas, memorísticas, repetitivas, inanes, tan anquilosadas en la pedagogía de la intrascendencia.

Certera y actual la afirmación de Chomsky: “Las universidades no son instituciones independientes; están profundamente integradas en el sistema de poder.” Y si la comunidad universitaria no hace ningún tipo de rupturas y sus docentes conviven con la pedagogía de la intrascendencia, diría yo, la institución está amañada con el rebaño que la cobija.

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