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Disquisiciones sobre el olvido

Por Jorge Guebely

Hay olvidos que muerden y devastan. Epidemias silenciosas para borrar horrendos pasados y convertir en ilusión los presentes. Primera gran plaga en Macondo, peste del insomnio que descompuso la memoria de sus habitantes y develó nuestra identidad cultural de colombianos.

Olvidamos por mandato. Nos posee la cultura del olvido rápido para esquivar la horrorosa memoria nacional y soportar nuestro cotidiano existir poblado de iniquidades.

Peste que impide ver los rostros de la élite: su mentalidad conservadora en lo político, tradicional en lo económico y mezquino en lo humano. Fundadores de un país desigual, subdesarrollado, machista, racista, homofóbico, xenófobo y excluyente.

Peste que oculta el fracaso del liberalismo colombiano, su “mamertización”:  caída en espíritu conservador de unos y en la inanidad de otros.

Peste que distorsiona asesinatos históricos. Convirtió el de Gaitán en brumoso desorden; el de Rafael Uribe Uribe, en lejano rumor; el de Pizarro, en un terrorista que debía morir; el de Galán, en apellido de aeropuerto. Transformó rumores del pasado en historia patria.

Virus que borra hechos sangrientos. Ya casi nadie recuerda el periodo de La Violencia, ni los campesinos degollados por conservadores fanatizados, ni la crueldad de policías chulavitas, ni los incendiarios discursos de Laureano Gómez. Casi nada en la memoria sobre los recientes 50 años de guerra. Solo distorsiones: la falsa certeza de haber sido un levantamiento de bandolero, no una insurrección campesina para defenderse de la voracidad elitista.

Peste que nubla el ahora. Impide ver el cinismo de la élite, su triquiñuela inmoral de proclamar la mentira como verdad, de utilizar la deshonestidad como bandera de gobierno y el chisme como argumento político. Basta la voz de su actual presidente para corroborar la impudicia elitista. Duque, que profundizó la iniquidad, afirma: “Mi legado será dejar una agenda de equidad”. Duque, que intentó persistentemente en hacer trizas la paz, reafirma: “Hemos hecho más que lo que hizo el anterior gobierno para implementar la paz”. Duque, que exacerbó la polarización, asevera: “Nadie puede decir que mi lenguaje, mi actitud o mi obra de gobierno polariza”.

Cinismo que se alimenta del olvido orquestado desde las élites para borrar los grandes desastres del ser humano colombiano, hacer sostenible la peste del olvido y elegir presidentes en cada elección. Razón tenía Ciorán cuando afirmaba: “No son los males violentos los que nos marcan, sino los sordos, los insistentes, los tolerables, aquellos que forman parte de nuestra rutina y nos minan meticulosamente como el tiempo”. Los caninos males de cada día que sangran la existencia.

jguebelyo@gmail.com

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