EL COMENTARIO DE ELIAS por Jorge Guebely
Nunca una potencia colonial fue benevolente con su colonia, siempre fue voraz en su codicia para esquilmarle sus riquezas naturales y humanas.
Ni siquiera el coloniaje liberal del siglo xix con su slogan “Libertad y Orden” eliminó la voraz codicia. Potencias europeas regularizaron la repartija de África en conferencia de Berlín, (1884–85) para evitar guerras por el canibalismo colonial. Francia esquilmó a Argelia; Reino Unido, a India; Bélgica, al Congo…
Terminada la repartija, surgieron sin embargo dos guerras mundiales, el imperialismo norteamericano y el neocolonialismo. Al final de la segunda guerra mundial, crearon la política del multilateralismo, pero no hubo multilateralismo. Hubo bilateralismo: Estados Unidos y la Unión Soviética, dos potencias ideológicas en guerra fría con una nueva
forma de la misma codicia colonial: el neocolonialismo.
Y hoy, en el pillaje político posmoderno, cuando emerge la China potente y Estados Unidos se degrada, el orden neocolonial se recompone. Putin, Xi Jinping y Trump se disputan neocolonias, afinan sus apetitos de rapacería para esquilmar a sus países neocolonizados.
Ninguna importancia ellos conceden a la miseria creada por sus codiciosas políticas neocoloniales. Por su cinismo neocolonial, a Trump poco le importa Venezuela,
excepto sus reservas petroleras. Idéntico formato con el petróleo de Irak e idéntica suerte la de Hussein y Maduro.
Tampoco le importa su democracia o si el chavismo continúa en el poder con tal de esquilmar el petróleo. Poderosa mala suerte del pueblo venezolano: haber nacido en una región rica en petróleo.
Ni le interesa los traficantes de drogas venezolanos si indultó a Juan Orlando Hernández, condenado a 45 años por llevar toneladas de cocaína a los Estados Unidos. Maravilloso si la guerra se hace en tierras neocoloniales y el mercado en Estados Unidos.
Se preocupa más por crear un nuevo orden neocolonial gerenciado por autócratas. Él mismo es un autócrata como Maduro, Putin, Xi Jinping o Netanyahu. Intenta reemplazar la falsa democracia liberal por auténticas autocracias de derecha con derechos neocoloniales.
De allí su cercanía con Bolsonaro quien, como él, intentó asaltar el parlamento para torcer la democracia. Apoya a Netanyahu para exterminar al pueblo palestino y esquilmarle sus tierras.
Todo se reduce a consolidar un nuevo modelo mundial dictatorial de derecha con espíritu del viejo colonialismo. Ya no hay dudas: estamos gobernados o manipulados por bárbaros codiciosos de moral neocolonial o francamente colonial.
Lo dijo Eduardo Galeano citando de memoria a Shakespeare: “En este mundo, los locos conducen a los ciegos.” Los ciegos somos nosotros —diría yo— y ellos los locos además de bárbaros delincuentes transportados por la codicia neocolonial.











