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Del voto íntimo al voto viral

Ponencia presentada por Mary Arteta en la Universidad Sergio Arboleda seccional Atlántico

Años atrás, votar era un acto íntimo. Cada ciudadano llegaba a las urnas con convicciones construidas a partir de experiencias, lecturas y conversaciones. El voto era profundamente personal.

Hoy ese escenario cambió radicalmente. Las redes sociales se convirtieron en el principal espacio donde se forman, debaten y muchas veces se imponen las ideas políticas. En Colombia, un país con más de 50 millones de habitantes y una penetración de internet superior al 70%, esta transformación impacta directamente la forma en que elegimos a nuestros gobernantes.

La pregunta ya no es solo “¿por quién voy a votar?”, sino también: ¿esa decisión realmente es mía o alguien la tomó por mí sin que lo notara?

La política convertida en contenido

Actualmente, un candidato no llega únicamente con propuestas. Llega acompañado de estrategas digitales, community managers y equipos especializados en redes sociales. Las campañas ya no se diseñan para informar, sino para viralizar; no para educar, sino para emocionar.

Las estrategias políticas se enfocan más en ganar seguidores y generar impacto emocional que en presentar soluciones reales. Un aspirante puede bailar en TikTok, compartir su rutina en historias o publicar memes sobre sí mismo sin explicar cómo piensa mejorar la salud, combatir la corrupción o reducir el desempleo.

Hemos comenzado a idealizar candidatos por likes, shows y tendencias. Cada vez menos personas leen programas de gobierno porque el algoritmo ya les mostró varios videos de 30 segundos que aparentemente “explican todo”, aunque en realidad no expliquen nada.

Influencers y figuras públicas: nuevos actores políticos

El fenómeno también involucra a influencers y celebridades. Cuando un creador de contenido expresa simpatía hacia un candidato, gran parte de su audiencia puede asumir esa postura sin investigar por cuenta propia. La admiración reemplaza al análisis.

En Colombia esto tiene nombres concretos. Cuando Westcol habla de política, millones de seguidores lo escuchan como una figura de autoridad. Lo mismo ocurre con Andrea Valdiri o Yeferson Cossio, cuyo alcance llega especialmente a públicos jóvenes.

Incluso artistas como Manuel Turizo y Piso 21 han sido relacionados con posicionamientos políticos. Para muchos jóvenes, ver a su artista favorito respaldar a un candidato puede influir más que cualquier debate presidencial.

El problema no es que estas figuras tengan opiniones políticas; eso hace parte de su derecho como ciudadanos. El verdadero riesgo aparece cuando esas opiniones sustituyen el debate informado.

El poder silencioso del algoritmo

Además de influencers y campañas digitales, existe otro actor invisible: el algoritmo. Plataformas como TikTok, Instagram y YouTube están diseñadas para captar atención y generar reacciones emocionales, no para ofrecer información equilibrada.

Esto crea cámaras de eco donde cada persona consume contenidos que refuerzan sus propias creencias. Si simpatizas con un partido político, el algoritmo te mostrará más publicaciones que confirmen esa simpatía. Si desconfías de un candidato, alimentará esa desconfianza, incluso con información falsa o descontextualizada.

En las últimas elecciones en Colombia circularon masivamente videos editados, noticias falsas y declaraciones manipuladas. Muchas personas terminaron votando basándose en información que nunca verificaron, simplemente porque apareció repetidamente en su feed o llegó por WhatsApp.

Cuando la viralidad pesa más que las propuestas

La democracia comienza a distorsionarse cuando la influencia digital tiene más poder que el debate serio. Hoy muchos ciudadanos ya no siguen debates presidenciales ni analizan programas de gobierno.

Poco a poco dejamos de elegir al más preparado y empezamos a elegir al más viral. No gana quien tiene la mejor propuesta sobre educación o seguridad, sino quien protagonizó el meme más compartido o el video más visto.

Entonces surge una pregunta inquietante: si nuestro voto puede depender de un TikTok, una historia o un like, ¿qué ocurrirá cuando el país se enfrente a decisiones realmente trascendentales?

La importancia del pensamiento crítico

La solución no está en prohibir las redes sociales. El reto está en desarrollar pensamiento crítico y aprender a separar el entretenimiento de la información, la emoción de la razón y la imagen del contenido real.

Es necesario hacerse preguntas concretas:

El país necesita ciudadanos más conscientes y participativos. No podemos depender de videos de 15 segundos para decidir el futuro de una nación. Debemos leer, comparar propuestas y exigir resultados incluso después de las elecciones, no solo durante la campaña.

Informarse también es resistir

Vivimos en una época donde los algoritmos conocen nuestros gustos mejor que nosotros mismos y donde la política se transformó en espectáculo. En ese contexto, ser un ciudadano informado se convierte en un acto de resistencia.

Resistencia frente a la manipulación, frente a la desinformación y frente a quienes quieren que votemos con los ojos cerrados.

Colombia tiene una larga historia de resiliencia. Hoy esa fortaleza no solo se necesita en las calles, sino también frente a la pantalla del celular: con el dedo listo no únicamente para dar “like”, sino para buscar, leer, cuestionar y decidir.

Porque el voto no es una tendencia pasajera. Es el instrumento más poderoso que tiene un ciudadano. Y merece mucho más que un simple scroll.

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