Icono del sitio La Cháchara

Del rayador de la cocina a los Premios Música Colombia: la historia de Lorenzo Vergara Herazo

Por: Francisco Figueroa Turcios

El primer instrumento musical de Lorenzo José Vergara Herazo no salió de una tienda de música.

Tampoco llegó a sus manos como un regalo de cumpleaños. Estaba en la cocina de su casa. Era un humilde rayador. Mientras otros niños buscaban juguetes para entretenerse, Lorenzo perseguía los sonidos. Tomaba el rayador que utilizaba su madre, Sara Herazo, y con un trinche comenzaba a rasparlo, tratando de reproducir aquel sonido que desde niño llevaba metido en la cabeza: el de la guacharaca. Su madre se enfadaba.

Cada vez que necesitaba el rayador para preparar los alimentos y no lo encontraba, ya sabía dónde buscarlo. Lorenzo se lo había llevado para seguir jugando a ser músico. —Cuando niño se me facilitaba coger el rayador de la cocina y con el trinche imitaba el sonido de la guacharaca. Mi mamá se enfadaba porque cuando iba a utilizar el rayador no lo encontraba y ella de inmediato recordaba que quien lo tenía era yo, practicando el sonido de la guacharaca —recuerda Lorenzo, mientras el tiempo parece devolverlo a aquella cocina de su infancia.

Foto: Lorenzo Vergara Herazo

Lo que para su madre podía ser una travesura, para Lorenzo era el comienzo de una historia que muchos años después lo llevaría a convertirse en el rey de la guacharaca. La palabra guacharaca parece haber nacido del propio canto de la naturaleza. Es una voz onomatopéyica que imita el sonido del ave que lleva ese nombre. Y quizá por eso Lorenzo la sintió desde niño como algo suyo: como si el instrumento no hubiera llegado a su vida, sino que hubiera estado esperándolo.

Los estudios, en cambio, nunca tuvieron la misma magia. El bachillerato pasó por cinco instituciones educativas: Liceo Carmelo Percy Vergara, de Corozal; Cristóbal Colón, de Morroa; San Ignacio, de Corozal; Antonia Santos, de Corozal, e Instituto Corozal. Cinco colegios para una vida que parecía estar buscando su verdadero salón de clases. Ese salón terminaría siendo la música.

Mientras los cuadernos se quedaban algunas veces abiertos sobre los pupitres, Lorenzo iba llenando la memoria con canciones, ritmos y nombres de los hombres que habían construido el folclor de su tierra. —Mi pasión por la música es porque desde niño crecí oyendo canciones de mi folclor, porque mis ancestros llevaban la música en la sangre y despertaban contando o tarareando lindas melodías de nuestro folclor colombiano —confiesa.

https://lachachara.org/wp-content/uploads/2026/10/AQMaEr_ZkXah6RVOaNlWJZ2VdBn2wKoZQ1iD4CgLu6JcydOgFal0__B-NoAt3UKrq391VHvV9HoZg6Cvx5gfMg.mp4

Video: canta Onicio Gonzales, Agustín Meza Acordeón, caja Yimmy Quiroz y Guacharaca Lorenzo Vergara Herazo.

La música no fue para Lorenzo un plan alternativo. Fue el camino que la vida le tenía reservado. Dos nombres terminarían marcando esa hoja de ruta: Virgilio Barrera y Marcos Russo, dos guacharaqueros que se convirtieron en referentes para aquel muchacho que había comenzado raspando un rayador de cocina.

Después llegó el escenario. La incursión de Lorenzo Josè Vergara en el campo profesional en la guacharaca comenzó con el conjunto conformado por Felipe Paternina y Miguel Cabrera. Allí empezó a dejar de ser aquel muchacho que imitaba sonidos para convertirse en un músico que comenzaba a construir su propio nombre.

Después vendrían nuevas estaciones musicales y nuevos maestros de la experiencia. Trabajó junto a Mario Zuleta Díaz y compartió escenarios con Jairo Serrano, Otto Serge y Rafael Ricardo. También acompañó, de manera esporádica, a artistas como Farid Ortiz, Lucho Daza, Fernando Rangel Molina, Chane Meza y Ever Paternina Baleta.

Y mientras los años pasaban, Lorenzo fue haciendo lo que mejor sabía: escuchar, aprender, tocar y competir. Los festivales de Sucre, Bolívar y Córdoba comenzaron a convertirse en territorios conocidos para su guacharaca. Uno tras otro fueron llegando los títulos, hasta convertirse en un coleccionista de coronas y reconocimientos.

Ahora la historia lo ha llevado hasta una nueva tarima. Lorenzo José Vergara Herazo ha sido nominado a los Premios Música Colombia en la categoría de Mejor Músico de Percusión. El niño que alguna vez hizo enfadar a su madre porque escondía el rayador de la cocina para convertirlo en guacharaca, ahora aparece entre los nombres que representan la grandeza de la música colombiana.

Quizá Sara Herazo nunca imaginó que aquel sonido que un día la desesperaba en la cocina terminaría convirtiéndose en la banda sonora de la vida de su hijo. Lorenzo no dejó de jugar con aquel rayador. Simplemente convirtió el juego en oficio, el oficio en arte y el arte en una vida entera dedicada a mantener vivo el sonido de una tierra. Y aquella vieja cocina, sin saberlo, fue su primer escenario.

Nominación…

Para Lorenzo José Vergara Herazo, la nominación a los Premios de la Música Colombiana no llegó como un reconocimiento más. Llegó como la recompensa a una lucha titánica por mantenerse vigente, por defender la música y por demostrar que el talento, cuando se alimenta de disciplina y perseverancia, puede desafiar el paso de los años.

El hombre que desde niño encontró en la percusión una manera de conversar con la vida siente ahora que aquella lucha silenciosa comienza a ser escuchada mucho más allá de los escenarios y festivales donde durante tantos años ha dejado la huella de sus manos.

“Los Premios de la Música Colombiana son un evento que se utiliza para resaltar el aporte de los artistas, gestores culturales y medios de comunicación para engrandecer nuestra cultura. Ser nominado significa ser reconocido por el esfuerzo y la trayectoria artística que he venido desempeñando a lo largo de mi vida”, reveló Lorenzo José Vergara al referirse a esta nominación.

https://lachachara.org/wp-content/uploads/2026/10/AQOxv_bV6lKh4gUKfXJZHLHHAWaa05jdfNe8Ifn4HhwddH_vvifldXOVFuDmFzbJhPlIWGDfoH73_umCUUijD9Ucf5bNMqcGwGbzYzCV1A.mp4

Y quizás ahí está el verdadero significado de esta postulación: no solamente en aparecer entre los nombres que aspiran a un premio, sino en mirar hacia atrás y descubrir que cada festival, cada título conquistado, cada escenario y cada golpe de percusión fueron construyendo, sin que él lo supiera, el camino hacia este instante.

Lorenzo no llegó hasta aquí por un golpe de suerte. Llegó después de una vida de sacrificios, de insistir cuando otros se cansaban, de mantenerse fiel a la música cuando el tiempo parecía querer convertir los aplausos del pasado en silencio.

Ahora, el sonido de sus manos vuelve a resonar.Y esta vez no solamente en los festivales de Sucre, Bolívar y Córdoba donde ha coleccionado títulos, sino en una nominación que pone su nombre bajo los reflectores de la música colombiana.

Es, en cierta manera, la música devolviéndole a Lorenzo una parte de todo lo que él le ha entregado durante su vida.

Salir de la versión móvil