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De Venezuela y otras realidades cercanas

Hay cosas que de definitivamente no se pueden volver parte del paisaje, una de ellas es la corrupción.

Por Jair Vega

Me preguntaban sobre el qué pienso de lo que está pasando en Venezuela y en realidad no me asombran los excesos a los que, amparados en figuras democráticas, llega el ejercicio de los grupos que ostentan el poder, bien sea para retomarlo o para perpetuarse en él.

Tenemos ejemplos recientes en América Latina. Uno de ellos es el golpe de Estado que le dió el Congreso a Dilma Rousseff, en Brasil, basándose en una supuesta corrupción, pero argumentando en el debate de su juicio asuntos meramente morales e ideológicos como la supuesta «ideología de género» que intentaba imponer en su país. Sin ir más lejos, la reelección de Uribe en Colombia, utilizando mecanismos electorales, pero comprando votos entregando Notarías y otras dádivas, lo cual está plenamente demostrado por la justicia. En el caso venezolano pasa algo similar, amparándose en recursos constitucionales, Maduro convoca a una constituyente que le posibilite seguir manteniendo en el poder al Chavismo que dice representar.

Lo que me parece más curioso son las reacciones convenientes que los dirigentes de los demás países asumen en cada caso. En los dos primeros, a pesar de la evidencia de los exabruptos cometidos en ningún momento se expresaron en contra de esos actos, ni desconocieron las decisiones políticas tomadas en cada país, deslegitimado internacionalmente sus gobiernos, caso contrario a lo ocurrido frente a Venezuela.

Lo que me interesa resaltar no es tanto los excesos de los grupos de poder para mantener el control, sino la complicidad que se tiene con algunos y el repudio contra otros. Aunque valga la pena decirlo también, en los dos casos ya estamos acostumbrados.

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