Por: William Castro A.
Este año volvió la noche de Halloween. Había quedado en coma tras los ataques provocados por una pandemia, que también mantuvo paralizada la escena cultural en Barranquilla. Más de un artista podía verse resignado a los azares de la calle o la virtualidad, recordando con nostalgia un día como este, en el que acá por tradición salían los niños disfrazados a pedir dulces casa por casa, mientras allá existía una agenda destinada al entretenimiento y el espectáculo.
De las pocas entidades que tuvieron la oportunidad de reactivarse (como está tan de moda el término) en un golpeado panorama de las artes, figura una casa en el barrio Los Nogales, al que llegaron para quedarse los divinos espíritus del rock. Desde entonces se conoce a esta como una casa musical que irónicamente lleva el nombre de Calabozo, donde Los Prisioneros son un público dichoso del encierro al que se someten.
(CALABOZO MUSIC HOUSE DESPIDE EL 2019 CON FIESTA AL ESTILO REGGAE https://frecuenciaalternativa.net/calabozo-music-house-despide-2019-fiesta-al-estilo-reggae/)
En Calabozo se celebra con rock el Día de los Muertos, al ser este un género capaz de estremecer los huesos del cadáver sumido en la más profunda de las tumbas. Carlos Buitrago, su amo de llaves, pone a disposición de los reclusos las mejores sonoridades del ámbito local, reunidas en una amplia sala de arquitectura neoclásica con un entarimado sobre el que aguardan los profanos instrumentos.
Habemus Toquin IV
Y no es el humo que anuncia la asunción de nuevas bulas papales en la basílica de San Pedro, el Vaticano. Es un humo que propaga el roce dinámico de las cuerdas de la guitarra que tañen los músicos convocados a esta cuarta edición de un alternativo festival de rock barranquillero.
Bus de medianoche es la banda que frenó en seco para abrir la jornada con sus canciones originales de estilo grunge y alternativo. “Ruido”, “Frenesí” y “Rosas” son algunos de los temas compuestos por Jesus Benavides, cofundador, voz y guitarra principal, que en poco más de un mes confiesa haber logrado lo que en muchos años podría no resultar tan fácil: La conformación de un ensamble musical.
Desde este bus de medianoche, dice Jesús, se presenta a los tripulantes que nos acompañarán a lo largo del trayecto, señalando a sus amigos Carlos Roa, Javier Figueoa, Mateo y Cinthya, que desde el bajo, el piano y la batería ponen a hombres lobo a aullar ante el proyector de lunas artificiales.
Con un poco más de cancha, pisa el terreno carcelario el grupo Nootrópico, que hastiado del déficit de atención recita al público una serie de píldoras que provoca soltarse el cabello a las brujas para ejecutar unos headbanger al son de sus canciones “Encerrado en la habitación”, “Incomprendido”, “Seres fantasmales”, “Cariñito” y El elixir mutante de la vida, que les impulsa finalmente a sus guitarristas a arrojarse sobre la batería, rompiéndolo todo más incluso que el mismísimo Netflix.
El Problema, a continuación, no es el dinero a pagar por cuenta de Nootrópico, sino otra joven banda formada a la par con una carrera de ingeniería que estudia su fundador, Carlos Rueda. El problema es sobre derivadas y rectas tangentes, como alusión a las dificultades de la vida misma expresada a través de su repertorio de covers y canciones propias, que en palabras del líder, representan una catarsis de sus pensamientos.
De un rock alternativo con influencias de Taking Back Sunday, Panda, Kudai, entre otras bandas internacionales, pasamos al rock and roll de The Satanic Majesties Request, un proyecto iniciado por sus guitarristas, Cristian Medina y Camilo Palomino, quienes hace un año buscan junto a Jean Carlos Mendoza (bajo) y Joshuar (batería) ex-integrantes de las bandas de Tu mamá y Turbo Jets, que desde hace un año persiguen el objetivo de rescatar las raíces del rock n’ roll, el blues y el country en Barranquilla.
Con Jean Carlos Mendoza al bajo y Joshuar en la batería, este grupo realiza desde el título un homenaje a los emblemáticos Rolling Stones, que al igual que las ancestrales guitarras de Chuck Berry y Johny Cash, marcan un precedente de la música contemporánea que conocemos hoy en día. Su ópera prima “En la pretina”, resulta ante todo encantador para los esqueletos y zombies que corean a cuatro voces el verso “ella me quiere matar, y yo me voy a dejar”.
Hacia el cierre de esta cuarta entrega, se hacen en el escenario una serie de agrupaciones que con el tiempo que llevan encerradas en el Calabozo se hacen llamar así mismas “de la casa”; las bandas 24 clonas y a dormir, que como The Duster mezclan integrantes de los grupos anteriores para seguir homenajeando a otros clásicos del rock. Son bandas originadas en pandemia que como Extrema Opción, Black Code y Epidemia Rapcore, consiguieron inyectar un poco de su hardcore y metal a un vampiro de tierra caliente que le complace chupar sudor y sangre en medio de los pogos.
