Por: Francisco Figueroa Turcios
Dos estadios. Dos noches distintas. Dos niños con el mismo nombre. Dos Kevin que no pensaron en protocolos, ni seguridad, ni reglas del estadio: solo querían cumplir el sueño de llegar hasta sus héroes: Gabriel Barbosa y Teófilo Gutiérrez. El fútbol sigue siendo mágico porque todavía existen niños que creen que los héroes están al alcance de un abrazo.
Un Kevin el miércoles 4 de marzo de 2020 se lanzó a la cancha para abrazar a Gabriel Barbosa tras el partido en que Junior perdió 1-2 ante Flamengo en el Estadio Metropolitano Roberto Meléndez en marco de la Copa Libertadores .
El otro Kevin corrió el sábado 28 de febrero de 2026 en el Estadio Jaraguay de Montería para alcanzar a Teófilo Gutiérrez para tener una foto con su ídolo, justo el día en que marcó su gol 100 con Junior de Barranquilla.
Dos carreras hacia un sueño
Las grandes historias del fútbol casi siempre empiezan con un gol. Pero esta comenzó con dos carreras.
La primera historia ocurrió el 4 de marzo de 2020 en el calor húmedo del Estadio Metropolitano Roberto Meléndez, cuando la multitud todavía digería la derrota de Junior de Barranquilla frente al Flamengo en un partido de la Copa Libertadores.
Kevin Otero Barreto dribló la seguridad y saltó al gramado del estadio Metropolitano ´Roberto Meléndez´, una vez culminó el partido que el Junior perdió ante Flamengo 1-2 por la primera fecha de la Copa Libertadores, para estar cara a cara con su ídolo Gabriel Barbosa, ‘Gabigol’. Se le arrodillo y luego lo abrazó.
Kevin Junior planificó con sus amigos, Antony de la Rosa, Ameth Castro y Luis Acosta, que siempre acompañan al Junior en todos los partidos que juega en el estadio metropolitano, la jugada maestra para ingresar a la cancha para conocer personalmente a Gabigo
Cuando la policía intentó sacarlo del campo, el delantero brasilero lo protegió. Kevin lloró, no podía creer que había logrado hacer realidad el sueño de estar cara a cara con su ídolo. Ante el gesto, ‘Gabigol’ no solamente lo abrazo, procedió a regalarle su camiseta y sus guayos. El gesto se volvió viral a nivel nacional e internacional.
Kevin Otero tenia 13 años de edad y vive en el barrio Buenos Aires en el Sur Oriente de Barranquilla, señaba con emular a su ídolo, Gabriel Barbosa ‘Gabigol’.
La otra historia ocurrió seis años después, a varios kilómetros de Barranquilla , en el Estadio Jaraguay de Montería. Esa noche el héroe era otro: Teófilo Gutiérrez acababa de entrar al club de los cien goles con Junior de Barranquilla. Mientras los jugadores caminaban hacia el túnel que conduce al camerino, otro niño —también llamado Kevin Pérez — burló la vigilancia y se lanzó al campo como si persiguiera una pelota invisible.
No corría por el gol histórico, ni por la victoria 2-0 frente a Jaguares de Córdoba. Corría por algo más simple y más poderoso: una fotografía que le permitiera decir, algún día, que estuvo cara a cara con su héroe.
Al final, cuando los estadios se vacían y las luces comienzan a apagarse, el fútbol deja de ser un marcador, una estadística o una tabla de posiciones. Lo que queda son pequeñas escenas que nadie planeó, pero que terminan contando la verdadera esencia del juego.
En una noche de Barranquilla, un niño llamado Kevin logró abrazar a Gabriel Barbosa después de un partido de la Copa Libertadores en el Estadio Metropolitano Roberto Meléndez.
En otra noche, en el Estadio Jaraguay de Montería, otro Kevin corrió con el corazón desbocado para alcanzar a Teófilo Gutiérrez justo el día en que escribió su gol número cien con Junior de Barranquilla.
Dos historias pequeñas para el tamaño del fútbol profesional. Pero gigantes para el tamaño de la infancia.
