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Crisis económica golpea lo más representativo de Brasil: sus carnavales

Por lo menos 48 ciudades de 8 diferentes Estados del país anunciaron la cancelación de las celebraciones. La noticia cayó como un balde agua fría.

Por Lexander Loaiza Figueroa – @Lexloaiza

Las agencias internacionales no dan crédito a lo que anunciaron en los últimos días las autoridades de al menos 48 ciudades en ocho Estados de Brasil: “Este año no habrá carnavales”.

La insólita noticia tomó por sorpresa a millones de turistas que tradicionalmente viajan para estas fechas a la gran nación sudamericana, sobre todo a aquellos que pretendían hacer un recorrido por algunas de las ciudades del interior, que también festejan el carnaval, pero de una manera más autóctona, sin el acoso y mercantilismo de los medios de comunicación y la invasión de patrocinios comerciales.

Muchas ciudades mantendrán las festividades, pero reducirán su inversión a lo mínimo.

La principal razón dada por los 48 ayuntamientos municipales es la abrupta caída de sus ingresos debido a la crisis económica que afecta a la nación desde hace dos años y que en los últimos meses, bajo la administración de Dilma Rousseff, ha empeorado.

Esa es solo una parte de las malas noticias para el carnaval. Muchas otras ciudades harán los festejos pero han reducido de manera drástica su inversión. La mayoría de las fiestas serán modestas. Por ahora, el de Río de Janeiro “central”, el del sambódromo, no ha anunciado modificaciones y se salva gracias a los ingresos turísticos que genera para la región.

Las ciudades afectadas por la no celebración de las carnestolendas están en los estados de Goiás, Minas Gerais, Paraíba, Río de Janeiro, Río Grande do Norte, Rondonia y Tocantins; en donde decidieron cancelar todos los preparativos.

Algunos ayuntamientos decidieron reorientar recursos a la lucha contra el dengue y el zika.

Algunos municipios decidieron utilizar sus exiguos recursos para reparar los daños causados por torrenciales lluvias caídas en los últimos meses, mientras que otras localidades redireccionaron las partidas presupuestales a la lucha contra el dengue y el zika, que han proliferado a la par de otros problemas.

La decisión ha sido como un nuevo ‘temblor’ a la tambaleante imagen de la presidenta Dilma Rousseff, agobiada por la creciente inflación, la desaceleración económica y los escándalos de corrupción que tienen a la emblemática compañía Petrobras en el ojo del huracán.

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