No, no vengo a escribir de ese inolvidable bolero, sino de lo que estamos viviendo en busca de la paz. Y recordando el ‘Bogotazo’ por el magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán.
Por Chachareros/Efraín Humberto Peñate Rdriguez*
Se me vino a la cabeza el título de esta canción tan escuchada, que grabaron varios tríos por allá cuando comenzaba yo en la radio hace casi 57 años. Muy cerquita de mis 10 años de edad fue el asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán en Bogotá y con ese cruento suceso, se desató la avalancha de violencia que ensombreció nuestro país.
El jefe del gobierno cubano Raúl Castro une las manos del presidente de Colombia Juan Manuel Santos y el jefe de las Farc alias ‘Timochenko’.
Recuerdo que fue instaurado un régimen de opresión, no bien sostenido en la Presidencia el conservador Mariano Ospina Pérez, cuya endeble reacción ante el magnicidio fue pretender irse del poder huyendo, pero lo aguantó su esposa Doña Bertha Hernández, una de esas antioqueñas que tomaba en ayunas una taza de café cerrero con una cargada copa de aguardiente.
Nunca fue posible ordenar un país en paz desde el 9 de abril de 1948.
Semejante a lo descubierto hace pocos días en el sector denominado «del Bronx» en la Bogotá actual, el país entero fue sumergido a una violencia con prácticas de igual bajeza humana a partir del asesinato del líder Gaitán. Eran capítulos de represión contra masas de luchadores en todos los territorios de Colombia, hastiados de soportar miserias. Igual que los «Sayayines» del escandaloso «Bronx” de la Bogotá de hoy, era lo que hacían desde 1948 los policías «chulavitas» más el organismo denominado «SIC»: el trabajo sucio de torturar y asesinar estudiantes, campesinos, sindicalistas. Este tipo de represión y miedo pasó a manos de los «Paracos» hasta la fecha.
Saludablemente llegó con bríos el actual Presidente Santos para concretar la paz, en un esfuerzo tenaz que riñe contra la costumbre de hace 68 años, de matarnos por todo en un comportamiento incivilizado, propio de sociedades de muchos siglos atrás que eran eso: incivilizadas. El jefe de la delegación del Gobierno colombiano, Humberto De la Calle, y alias «Iván Márquez» en representación de las Farc, están a punto de firmar un documento de paz, como en los tiempos del guerrillero Guadalupe Salcedo, quien firmó la paz entregando las armas de más de 20 mil hombres con el militar General Alfredo Duarte Blum, en representación de Gustavo Rojas Pinilla.
El contacto Gobierno y Farc allá en tierra cubana está a punto de culminar exitosamente. Es demostrable la eficacia de la estrategia del Presidente Santos, no obstante, la tenacidad de las estrategias unificadas de Uribe y su banda del «Centro Democrático», agregada a la maledicencia del Procurador, que parecieran estar «enllavadas» con vastos sectores del periodismo que enarbolan como real, hechos que no convencen. Como el supuesto secuestro de la periodista española Salud Hernandez y otros aventureros ávidos de figuración.
No me convence. No me parece real, que una fracción del llamado ELN haya ideado una trampa para detener a la española. ¿Qué se cree que pudiera beneficiar a un grupo de rebeldes encaminados a sumarse a las conversaciones de La Habana, secuestrar a miembros del periodismo? ¿No será más bien una especie de sainete montado con un grupo de calanchines para generar notoriedad local aparejada con distracción de lo que ocurre en los diálogos de La Habana?
Plato adobado (como los escandalosos títulos mundiales del fallecido Cassius Clay), que levanta espuma y distrae, generando duda y desconfianza en torno a lo que está a punto de coronarse: la paz dialogada.
Cosas como tú, Salud…. son para desenmascararlas.