Los acuerdos ahora alcanzados contribuirán al desarrollo económico de Colombia. Por Raúl Contreras Bustamente/Excelsior/México
El 26 de septiembre pasado se llevó a cabo en la ciudad de Cartagena de Indias, Colombia, la firma del Acuerdo de Paz entre el gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc). Los signatarios del acuerdo fueron el presidente de aquel país, Juan Manuel Santos, y Rodrigo Londoño Echeverri, (alias ‘Timochenko’), líder de la guerrilla.
Juntos por la paz, fue la campaña que llevó a cabo de manera intensa por todas las poblaciones del Atlántico el Gobernador Eduardo Verano.
El tema resulta interesante y relevante para los mexicanos por varias razones. Una de ellas es que algunos han querido ver un reflejo de nuestro país en el país caribeño. Hasta hace pocos años, la expresión de que México se estaba “colombianizando” comenzó a emerger. Dicha expresión pretendía referir la repetición —en nuestro país— de los hechos sangrientos sucedidos en Colombia, donde el narcotráfico y grupos armados habían librado una guerra sin precedentes en contra del gobierno.
Vale la pena hacer un poco de historia para recordar la trascendencia de este hecho. Las Farc surgen en la década de los 60 —desde entonces el gobierno de esa nación ha combatido contra ellos— como una guerrilla, cuyo origen fue un grupo de autodefensa integrado por campesinos, para después convertirse en abiertos opositores del gobierno y perpetradores de secuestros y asesinatos de miles de colombianos.
Los acuerdos ahora alcanzados han sido celebrados por la comunidad internacional y habrán de contribuir al desarrollo económico de ese país hermano. A la ceremonia de suscripción final acudieron muchas personalidades, entre ellas, nuestro Presidente.
Además, el acuerdo firmado deberá ser sometido este domingo 2 de octubre a un plebiscito, el cual será vinculante en caso de alcanzar el 13% del censo electoral. La pregunta planteada será la siguiente: “¿Apoya usted el Acuerdo Final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?”; las respuestas tendrán que ser: “Sí” o “No”.
El Acuerdo de Paz establece la creación de un tribunal especial para conducir los juicios contra los guerrilleros. Sin embargo, se estima que la mayoría de los rebeldes será amnistiado y no pagará condenas ni reparaciones.
El proceso de desarme durará 180 días bajo la verificación de observadores internacionales auspiciados por la ONU, y quizá el tema más sensible es la transformación de las Farc en un partido político, garantizándoles —en caso de no alcanzar los votos suficientes— en los siguientes dos periodos legislativos —2018 y 2022— cinco espacios en el Senado y la Cámara de Representantes, teniendo así diez de los 268 congresistas.
El acuerdo prevé la sustitución de los cultivos de coca por proyectos lícitos para los campesinos, entre quienes se distribuirán las tierras en manos de la guerrilla. El tema no es poca cosa, pues, según cifras oficiales, los ingresos de las Farc por narcotráfico son de muchísimos millones de dólares.
La lección de este evento para nosotros es que el diálogo y la negociación son elementos insustituibles en la política. Institucionalizar a los grupos insurrectos y opositores, para que desde la legalidad accedan al poder político, fue utilizado en México con motivo de la reforma política de 1977, impulsada por José López Portillo y Jesús Reyes Heroles.
Felicidades al presidente Santos y al pueblo de Colombia por este avance social envidiable.
Como Corolario, las palabras del poeta latino Quinto Horacio Flaco: “Lo que hace falta es tratar de someter a las circunstancias, no someterse a ellas”.