
Por Rafael Filocaris Sarmiento Figueroa
El comportamiento ejemplar, más la animación ininterrumpida a su equipo, hicieron del público, con certeza, el trabajo invisible pero valioso, de mantener en alto el espíritu de lucha del cuadro local. Los asistentes se divirtieron. Derrochaban alegría y goce. Se tomaban fotos entre sí.
Los peruanos le tenían pavor al calor de Barranquilla. Para su tranquilidad, hubo buen clima, llovió antes y durante algunos minutos del encuentro. Pero, a pesar del clima benigno, nada pudieron hacer para contener la furia del ‘Tigre’ Falcao y de Teo Gutiérrez.
Tanto fue el maravilloso comportamiento de la afición, que los comentaristas y narradores de la televisión destacaron en forma permanente el feliz acontecimiento. Y agradecieron que los hubieran ubicado en sitios en donde compartían con numerosos asistentes, sin que les estorbaran ni les impidieran realizar su labor. En todo momento hubo orden. No se registró, en absoluto, ningún episodio negativo. Tanto a la entrada como a la salida hubo orden y excelente comportamiento.
“Felicito a Barranquilla. Excelente comportamiento. Todo en paz. Me voy feliz”, dijo Andrés Fúquez, aficionado peruano.
“Con toda la alegría de mi corazón digo que Barranquilla debe ser siempre la Casa de la Selección ¡Qué verraquera de comportamiento contagioso”, dijo Juan Guillermo Niño, bogotano, quien tuvo que venirse por Cartagena porque no encontró cupo directo a la capital atlanticense.
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