Por. Francisco Figueroa Turcios
Hay derrotas que terminan con el pitazo final. Otras, en cambio, permanecen suspendidas en la memoria, esperando el momento exacto para regresar.
A la Selección Colombia le ocurrió lo segundo. Ocho años después, el destino desempolvó una vieja herida y la colocó nuevamente frente a sus ojos. Cambiaron el continente, los estadios, los protagonistas y hasta la generación de futbolistas. Pero hubo un detalle que permaneció intacto: los doce pasos.
En el Mundial de Rusia 2018, Colombia vio cómo su sueño se escapaba en los octavos de final frente a Inglaterra. Después de un vibrante empate 1-1 durante 120 minutos, el clasificado se decidió desde el punto penal. Allí, donde el balón pesa más que nunca y las piernas parecen cargar el miedo de todo un país, Inglaterra ganó la serie 4-3.
Aquella noche marcaron para Colombia Radamel Falcao García, Juan Guillermo Cuadrado y Luis Fernando Muriel. Sin embargo, el disparo de Mateus Uribe se estrelló contra el travesaño y el remate de Carlos Bacca encontró las manos salvadoras del arquero inglés. La ilusión terminó convertida en silencio.
Parecía una página dolorosa, pero cerrada...
Sin embargo, el Mundial de México, Canadá y Estados Unidos 2026 volvió a colocar a Colombia frente al mismo espejo. Otra vez los octavos de final. Otra vez un partido de enorme tensión. Otra vez un empate sin goles durante los noventa minutos reglamentarios y los treinta de la prórroga. Y otra vez, la sentencia quedó reservada para la definición más cruel del fútbol: la tanda de penales.
Los colombianos caminaron nuevamente hacia el punto blanco con el peso de la historia sobre los hombros. Cada cobro llevaba consigo el recuerdo de Rusia, como si el pasado se negara a desaparecer. Los penales, que para unas selecciones representan un camino hacia la gloria, para Colombia volvieron a convertirse en el laberinto del que no pudo escapar.
El fútbol suele ofrecer revanchas, pero también tiene la costumbre de repetir las lecciones que aún no se aprenden. Ocho años separaron ambas eliminaciones, pero la sensación fue la misma: un equipo que compitió con dignidad durante 120 minutos terminó viendo cómo su Mundial se desvanecía desde los once metros.
Los penales volvieron a convertirse en el talón de Aquiles del combinado patrio. No porque expliquen todo el recorrido de un Mundial, sino porque fueron el instante definitivo en el que se evaporó el sueño de millones de colombianos. La Selección de Suiza se quedó con el tiquete a los cuartos de final luego de imponerse 4-3 en los lanzamientos desde el punto penal a Colombia. Xhaka, Amdouni, Itten y Vargas anotaron por los europeos, mientras que Davinson Sánchez estrelló el balón en el palo y al Cucho Hernández se la atajó el portero Gregor Kobel
Así, el reloj de la historia volvió a marcar la misma hora. Rusia 2018 y México, Canadá y Estados Unidos 2026 quedaron unidas por un mismo desenlace, como dos capítulos de una novela que insiste en repetirse. Colombia tendrá que esperar otros cuatro años para intentar romper el hechizo, convencida de que ningún fantasma es eterno, pero consciente de que algunos regresan una y otra vez hasta que alguien encuentra el valor para derrotarlos.
