A pesar de los agoreros comentaristas argentinos de un canal de TV, el equipo criollo se paró bien en la cancha y empató durante los 90 minutos. Perdió en los penales.
Por Chachareros con apoyo de El País/EFE/AFP
No fue uno de los mejores partidos de Colombia, más logró pararle el macho a los engreídos rioplatenses, ensalzados en exceso por una prensa deportiva argentina que da vergüenza por la falta de profesionalismo, dado el fanatismo tremendista que exhiben por todos los medios de comunicación.
[caption id="attachment_32944" align="alignleft" width="300"]Como estaba cantado, Argentina salió a arrollar a Colombia. A acabar con un tres a cero, por lo menos el primer tiempo, para luego salir descansado a tocar la pelota. No fue así. Colombia no cayó en la trampa del pánico por el arrebato argentino. Le jugó de tú a tú.
Que Argentina tuvo más oportunidades de gol. Cierto. Que tuvo durante más tiempo el balón. Ciertísimo. Que atacó más. Correcto. Al revés, Colombia tuvo un arquero, David Ospina, que fue un verdadero ángel de la guarda de Colombia en el arco, claro, respaldado por una defensa que sacó balones que ya estaba casi del otro lado de la raya de gol. Para eso es el juego. Para eso es que se requieren jugadores de calidad.
Si bien los argentinos tuvieron jugadores de alto rendimiento como Messi y Di María para crear muchas jugadas de gol, no es menos cierto que Colombia tuvo un Ospina, un Juan Cuadrado, Camilo Zúñiga, Cristian Zapata, Jeison Murillo que lo entregaron todo, como el propio James Rodríguez, y el profesionalismo de Falcao. En aras de un periodismo sensato, leamos una nota con un enfoque distinto.
La agonía de los penaltis
[caption id="attachment_32943" align="alignleft" width="300"]Después de los 90 minutos reglamentarios de juego, vino lo que el diario El País de Madrid, con su enviado especial a Chile, José Sámano, define como “una agónica tanda de 14 penaltis enfiló a Argentina a la semifinal frente a una Colombia desteñida, que resistió colgada de Ospina, su portero, sin nada más que ofrecer. Messi y los suyos no merecieron tanta angustia tras su abrumadora superioridad, especialmente en el primer tiempo. La intriga la resolvió Tévez, autor del penalti ganador, unas horas después de que Boca oficializara su fichaje.
La victoria, no obstante, no resuelve el enigma de la albiceleste, que con una lista deslumbrante de delanteros parece que el gol se le haya convertido en un difuso espejismo. Peor aún ha sido lo de la “cafetera”, que deja Chile con un solo tanto en su cuenta, y obra de un defensa, no de James, Falcao, Jackson, Bacca… En verdad, Colombia en nada fue la Colombia chispeante que se esperaba. La albiceleste, pese al gatillo gripado, tiene repertorio y ha exhibido mucho más muestrario. Brasil o Paraguay la medirán en semifinales.
Argentina atrofió por completo a Colombia, que no dejó más migas que las botas de sierra. Mucha cera, mucho cuerpo a cuerpo y nada más. Sobre todo en el primer episodio, el conjunto del Tata colonizó a los cafeteros en su propio campo, con una presión alta, un dique insalvable para los de Pékerman, incapaces de dar una puntada al juego, de dar salida al fútbol. Su seleccionador envidó con dos arietes y James en la órbita de Mejía, el único medio centro, para tener algún dictado. Un fracaso absoluto. Ni rastro de James, lastrado, además, por una tarjeta a los once minutos por protestar. Lo cierto es que nadie mereció mayor recusación que el árbitro, el mexicano Roberto García, aturdido como una momia, superado en lo fino y en lo grueso.
Argentina, 0 – Colombia, 0
Argentina: Sergio Romero, Pablo Zabaleta, Ezequiel Garay, Nicolás Otamedi, Marcos Rojo, Javier Mascherano, Lucas Biglia, Javier Pastore (Éver Banega, m.77), Ángel di María (Ezequiel Lavezzi, m.87), Lionel Messi y Sergio Agüero (Carlos Tevez, m.73).
Colombia: David Ospina, Camilo Zúñiga, Cristan Zapata, Jeison Murillo, Santiago Arias, Alexander Mejía, Víctor Ibarbo (Luis Muriel, m.86), Juan Cuadrado, James Rodríguez, Teófilo Gutiérrez (Edwin Cardona, m.24) y Jackson Martínez (Radamel Falcao, m.73).
Goles en tanda de penaltis: 1-0. James Rodríguez. 1-1. Messi. 2-1. Falcao. 2-2. Garay. 3-2 Cuadrado. 3-3. Banega. 3-4 Lavezzi. 4-4. Cardona. 4-5 Tévez. Fallaron por Colombia Muriel, Zúñiga, Murillo y por Argentina Biglia y Rojo.
Árbitro: Roberto García Orozco (México), amonestó por Argentina a Sergio Agüero, Javier Mascherano y Leo Messi y por Colombia a James Rodríguez, Santiago Arias, Juan Cuadrado, Radamel Falcao y Alexander Mejía. Expulsó a un miembro del cuerpo técnico argentino (m.59)..
[caption id="attachment_32941" align="alignleft" width="300"]Incidencias: Estadio Sausalito, de Viña del Mar, ante 21.500 espectadores.
Colombia era un guiñapo a pies de Argentina y a Pékerman no le quedó más remedio que rectificar antes de la media hora. El medio campo argentino tenía por la pechera el partido. Mascherano y Biglia, con los descuelgues de Pastore y Messi –al que Arias dictó orden de arresto por casi todo el campo durante más de una hora- encapsulaban a James y Mejía era un descamisado ante tanto adversario. Abrumado por el tajo, Mejía atropelló a Messi y se cargó con una amarilla madrugadora. Pékerman intervino de inmediato, dio marcha atrás y echó el lazo a Cardona en detrimento de Teo Gutiérrez. Un medio tapón por un delantero. No hubo remedio. Todo colombiano iba a rebufo de todo argentino. De Romero, el meta albiceleste, ni un mísero plano hasta el minuto 67, cuando debió atajar un cabezazo. Hasta su parada a Muriel, su compañero en la Sampdoria, en la rueda de los penaltis, la única vez en toda la jornada que necesitó las manos. Colombia fue una selección de cartón piedra, marchitada, decepcionante por su manera de asumir un papel secundario. Ni rastro del equipo que hace un año refrescó el Mundial de Brasil.
El encuentro solo tenía un guion. Hasta el descanso, el de Messi y Pastore, y, por encima de ambos, el de Di María, un tormento para Zúñiga y Cuadrado, una mala copia del proyecto de jugador que parecía ser. Argentina fue una selección expansiva en casi todo. Tuvo quite y arquitectura, pero le faltó contundencia, defecto ya exhibido en esta Copa. Un arcano del fútbol, imposible de sospechar cuando en un equipo se alistan Messi, Agüero, Di María, Higuaín, Tévez… Ante Colombia, Ospina, el portero, puso de su parte. Comenzó con una doble parada para los archivos. Primero evitó con los pies un disparo cercano del pícaro Agüero, y luego, en el rechace, con Messi a punto del brindis con un cabezazo a bocajarro. Ospina estaba aún en el suelo, pero tiró de muelles en los talones y obró un milagro. No fue el único. Su estirada ante un remate de Otamendi en el segundo acto fue prodigiosa. Con las uñas de la mano izquierda desvió la pelota a su poste izquierdo.
Por entonces, ya en el segundo capítulo, Argentina ya había bajado el pistón, como ha sido su costumbre en el campeonato. Di María ya no fue el primer Di María, y Pastore se perdió en la nada. Solo Messi, ya con la posición muy centrada, mantuvo el mástil. Colombia en nada cambió, pero ante un rival más fundido respiró mejor. Nunca irrumpió James, y nada dijo Falcao tras relevar a Jackson. La Copa no ha resucitado a Falcao, que sigue entre tinieblas, irreconocible, extraviado. La selección cafetera, pese a la nómina, solo tuvo fogueo. En realidad, ni eso.
Pese a rebajar el juego y el ímpetu, el grupo de Martino aún tuvo arrestos para desvelar a Ospina. No solo en su parada marciana a Otamendi. También fue espectador de un disparo al larguero de Banega. Argentina no pudo, se quedó sin gas y, de forma inopinada por sus méritos, se vio ante el abismo de los penaltis en un torneo que ha borrado las prórrogas. La ruleta le sonrió tras 14 lanzamientos. Lo que tardó Tévez en dar la puntilla a Colombia. Demasiada angustia para lo sucedido.
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