A un lado de la vía de la troncal de occidente, unos avisos nos informan “CHINÚ” y “CHINÚ 1”. A esa distancia, se bifurca una calle con mucha afluencia de vehículos que conduce al centro de Chinú.
Por: Wilfrido Manuel Mendoza Romero
La calle de doble calzada, lleva el nombre de un pretérito aborigen “Avenida Chanú”. A cierto tramo de la Avenida, hacia la parte izquierda localizamos el Barrio Peralonso. En una de sus entradas, conocida como la calle Molina, sigue un caminito que continúa con una bajada por la loma. Se percibe un aroma a naturaleza reverdecida. El sol va en caliente. El caminito es bullicioso. Mientras se avanza se observan muchos caminitos que parecen dejados para siempre. Más adelante, se descubre un arroyo que en su fondo brilla por la arena menudita y sus sobresalientes piedras. En el recorrido se disfruta de la flora y la fauna. Se busca una imagen ancestral atada al arroyo y que se levanta como un héroe épico; allí descansa con una recopilación de llamativas memorias a tan solo 400 metros de la Avenida: El Pozo de Molina.
El Pozo de Molina es una estación obligada en el tiempo. Hoy es considerado patrimonio común de los chinuanos; por eso se entiende un pueblo arraigado a su tradición, porque conoce otra página del ancestro y anclado en su territorio. De aquí se extraen relatos mágicos que se van conjugando en el tiempo. El Pozo de Molina es un escenario bucólico que te da la bienvenida. Al llegar, lo primero que se percibe es la diversidad de su naturaleza. Allí ha permanecido siempre. Es un sello que reconoce a los chinuanos y santuario del Barrio Peralonso. Para llegar hasta allá solo se tardan varios minutos. Se recibe un latido sensible en el corazón cuando encontramos al ermitaño Molina.
Una metáfora brillante, Chinú, ciudad Luz. El Pozo de Molina es un acuífero de poesías y un lugar de muchos atractivos; estimula la creación e inspiración de escritores, profesores, periodistas, pintores, doctores, poetas, narradores, declamadores y compositores de emblemáticas canciones que se han convertido en patrimonio cultural.
Se dice de Molina. Es penetrar al fondo de su pulso. Son los testimonios de muchos años de existencia. La oralidad es permanente. Cuentan que desde las 4:00 de la madrugada hasta las 10:00 de la mañana, empezaba un desfile y de la largas filas de múcuras, barriles, tinajas, ollas y otros recipientes para transportar el agua, utilizando diferentes medios. Curiosamente entre las 10:00 a 11:00 de la mañana quedaba totalmente seco, pero bastaba una hora para estar nuevamente rebosante. Fue famosa una curva cerca del Pozo por lo angosto de su paso y para facilitar su alcance construyeron un puente. La huella de supervivencia de Molina es de 10 metros de profundidad por 3 metros de ancho. Según relatan algunos moradores, entre ellos Roque Villadiego (el viejo) que a las 12:00 del día, se escuchaba un grito extraño que se alejaba con la fragancia de la naturaleza. Que en ciertas ocasiones veían un cura saliendo por la boca del Pozo. Se conserva otra historia, la del señor que fue por primera vez al Pozo y que permaneció durante 4 días tumbado o dormido a causa de los encantos de Molina. Otros manifiestan que allí estaba ubicado un cementerio indígena para enterrar a los caciques menores. Durante largos años la vida cotidiana del chinuano giró entorno del Pozo de Molina.
Los nombres constituyen la identificación. El pueblo lo recupera. Al llegar al parque principal, un grupo de señores de avanzada edad conversaban de un tema de actualidad. No percibieron de mi llegada, pese a que tomaba algunas fotos. No tenía oportunidad de intervenir en el diálogo. Me dirigí al que estaba más alejado del grupo y le solté la pregunta que venía masticando mientras los escuchaba: – ¿Por qué el Pozo tiene el nombre de Molina?. Esto despertó el interés al grupo y se repetían la pregunta. El más joven me sacó indicando varias direcciones. La pregunta hacía eco entre ellos. Luego, vino la respuesta. Según cuenta la tradición, que existía una Parcela de aproximadamente 8 hectáreas y donde se encontraba un Pozo, estos bienes pertenecían a un señor de apellido Molina, sin más datos. Quizás por la asociación de la consecución del agua y su propietario, haya dado origen a tan chinuano nombre. Por la época, se hizo elocuente la expresión: “Regálame un poquito de agua, señor Molina”, terminó diciendo el señor Jaime de León.
// La Leyenda me han contado// // Sobre el Pozo de Molina// //Bebes sus aguas cristalinas// // Y de Chinú sales casado//. Dice la canción inédita “Leyenda de Molina” del doctor Goethe Rafael Martínez David. Estas son expresiones cabalísticas que han marcado varias generaciones. Entonces, Molina es un estado de emoción y de vida.