No se pusieron de acuerdo, pero estuvieron en el mismo lugar, el mismo día y a la misma hora. Unos, por «Miércoles de ceniza»; otros, en «congregación contra el Carnaval»; y otros, por «Adopción igualitaria».
Por Jorge Mario Sarmiento Figueroa – Editor General
Andrea Daza (19 años), Yinabeth Alcázar (19) y Javier Lizcano (23) terminaron sus clases universitarias y se fueron juntos a cumplir la cita del Plantón por la Adopción Igualitaria, convocada en la Plaza de la Paz de Barranquilla. Llegaron a las seis en punto de la tarde. A esa hora, Margara Rueda, pintora y líder de la convocatoria, terminaba un cuadro alusivo al colorido de la diversidad humana; a su alrededor varias organizaciones Lgtbi también terminaban sus formas de manifestación.
Yenifer Valle Bru sentada junto a su pequeño hijo, en la escalinaas de la terraza de la Catedral. Acababan de salir de misa.
Sentados en las escalinatas de la Catedral, que da de frente y abre la Plaza de la Paz, reposaban la tarde una madre y su hijo. De repente el niño alzó la mirada hacia el otro lado de la calle y gritó emocionado a su madre: «¡Mamá! ¡Mamá! ¡vamos a ver a la gente de arco iris!». Delante de ellos caminaba, tomada de la mano y rumbo hacia la Plaza, una pareja de gais. La pareja llevaba puesta unas camisetas que, unidas una al lado de la otra, completaban un arco de siete colores. Ambos también llevaban la cruz de ceniza en la frente.
Derribando fortalezas
Un nuevo grupo de personas irrumpió en el escenario de la Plaza de la Paz. De este nuevo grupo sobresalía Iván Castro, pastor cristiano-evangélico de la Iglesia El camino, que cada año, como una tradición, realiza una congregación denominada ‘Derribando fortalezas’. Un centenar de sillas eran acomodadas por sus ayudantes de cara hacia la concha acústica, amueblada con potentes parlantes que parecían desafiar a la imponente Catedral. Entre ambos grupos religiosos, el de los católicos y el de los cristianos, se ubicaba el Plantón de los Lgtbi.
«Nosotros no tenemos nada contra los homosexuales, ni tampoco estamos en contra de los católicos. Pero la homosexualidad y la idolatría la rechazamos. Nuestro evento de hoy ya lo teníamos planeado, siempre lo hacemos en esta fecha, lugar y hora para manifestarnos contra los carnavales, para fortalecer el espíritu y evitar que la ‘fiesta de la carne a Baal’ se robe nuestra paz y la de nuestros hijos», expresó Jairo Bernardinelli, miembro de la Iglesia El Camino y uno de los primeros en llegar a la congregación junto a su esposa e hijo.
Este miércoles, diversos mensajes iban y venían desde la Corte Constitucional, la Iglesia, la comunidad Lgtbi y la sociedad colombiana en general.
Podían verse entre sí, podrían haberse acercado unos a otros y hablarse, hasta hubieran podido tocarse, si hubieran querido. «Quién lo diría -se preguntó con ironía la estudiante Yinabeth Alcázar- los evangélicos terminaron en la Plaza al lado nuestro, mientras su competencia sale de ahí, de ese edificio, y se viene a caminar por aquí».
De la Catedral seguían saliendo frentes cruzadas con ceniza. A la cita cristiano-evangélica llegaban creyentes de camisas impecables y corbatas elegantes. Los tres estudiantes, Alcázar, Daza y Lizcano, asumieron enseguida un rol en el Plantón: portar pancartas en defensa de los derechos de adopción.
El bullicio
A las siete de la noche La Plaza de la Paz bullía. Unos lo miraban como una oportunidad Divina que reafirmaba su Fe y les permitía confirmar lo que rechazan: «Todo puede ser lícito para la humanidad, pero no todo nos conviene», citaba Jairo Bernardinelli para referirse a la manifestación Lgtbi. Para este otro grupo, en cambio, esta era su oportunidad para mostrarse «igual de libres que las creencias religiosas, con los mismo derechos que los heterosexuales», expresó Vivian Cuello, de 18 años, estudiante universitaria y líder del Plantón.
Debate de decisiones
Las parejas del mismo sexo solo pueden adoptar cuando la solicitud recaiga en el hijo biológico de su compañero o compañera permanente
— Corte Constitucional (@CConstitucional) febrero 19, 2015
La noche profunda esparció las cenizas del miércoles. Al fondo del cielo se levantaron las luces refulgentes de la Catedral. En la Plaza de la Paz se encendieron los parlantes para que retumbaran desde su vientre los cánticos cristianos. Los colores iridiscentes de la comunidad Lgtbi parecían también más llamativos, casi audibles, como una fuerza desatada por la decisión de la Corte. El órgano legislativo había tomado una decisión casi inspirada en el rey Salomón, en su versión criolla, porque dijo que sí a la adopción pero solo si el padre o la madre es biológica.
«Polvo eres y en polvo te convertirás», pensó la profesora de francés, tomó aire y entró a la clase. «¡Profesora! -irrumpió uno de sus estudiantes apenas la profesora entró- ¡yo quiero que hoy antes de irnos hablemos de los maricas!». El estudiante era un jovencito de 17 años, melenudo y desordenado, que sin dejarla acabar de llegar enseguida le preguntó: «¿Usted qué piensa de ellos? ¿cierto que eso lo castiga Dios?».
– Si de aquí a que acabe la clase el mundo todavía existe y tú ya hablas francés como para sostener un debate, lo hablamos… D’accord?-, le respondió la profesora.