OpiniónSalud

Catábasis

Por Jorge Guebely

Definido por los griegos antiguos como descenso al infierno, al inframundo. Lo ilustró Homero en “La Odisea”, Hesíodo en “Los trabajos y los días” y Rivera en “La Vorágine”. Lo ilustran hoy los recursos de la salud por cuenta de la ley 100.

Infernal descenso. Se inicia con los aportes ciudadanos: 8.5% del empleador, 4.0% del empleado, 4.0% del pensionado con salario mínimo, 10% del pensionado de hasta dos salarios mínimos y 12% para el resto. Casi $50 billones que descienden al ADRES.

De allí, caen en las EPS, sin vigilancia alguna, ni pública ni privada; para caer de nuevo en los bancos. Dineros públicos para negocios privados. Contubernio entre mercaderes de la salud, banqueros sagaces y políticos financiados. Verdadero infierno para la salud colombiana. “Invertir lo menos posible en salud y mucho más en cualquier negocio”, constituye la nociva bandera.

Degradan al paciente modesto, al sin pergaminos. A él le toca padecer tratos humillantes, insoportables esperas. Sufrir la sensación de suplicante, superar penosos obstáculos burocráticos. Esperar angustiado largas fechas para ver al médico general y más largas aún con el especialista. Dolorosos sacrificios para solo recibir ibuprofeno.

Nada más equívoco para el paciente que buscar salud en su EPS. Peor aún si es campesino o habitante de provincia. Sobre él recae la maldición del infierno, las mezquinas estrategias de los mercaderes de la salud. Las demoras en pagos a las IPS (hospitales, clínicas, consultorios), los que le niegan el servicio mientras su enfermedad crece, se desarrolla, lo mata. Su muerte no conmueve a nadie, su tutela no mueve a nadie. Su EPS, como virus fortalecido, aprendió a convivir con el antídoto.

Mercaderes malsanos. Ni siquiera ven la salud como mercancía, la consideran oportunidad legal para esquilmar al Estado, mecanismo fácil para el enriquecimiento rápido. Se enriquecen con todo: negociando ventajosamente las deudas con las IPS, ralentizando los servicios para que enfermedades simples se conviertan en graves y cobrar mucho más al FOSYGA. Se enriquecen convirtiendo los malos servicios en buenos negocios, en medicina prepagada, en medicina para pudientes. Medicina clasista, sólo los ricos gozan de buen servicio; unas veces con prepagada; otras, con recursos propios.

En las profundidades del infierno, proliferan las podridas bandas, los pavorosos carteles. Timadores que inventan enfermedades fantasmales, accidentes automovilísticos, graves heridos, para cobrar más. Estafadores que firman documentos falsos, cheques chimbos, para exigir más.

Mercaderes infernales, sucios e inhumanos negociantes de la salud, mientras mueren colombianos por pésimos servicios. Más de un millón y medio según la actual ministra de salud. ¡Silenciosa matanza! ¡Horroroso genocidio!

jguebelyo@gmail.com

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