Arte y Cultura

Carnaval de las Artes 2023, hecho con las Manos y para el Recuerdo

Por: William Castro A.

Los calores emitidos por la Flor Arrebatamachos del pintor baranoense, Orlando Rivera ‘Figurita’, arroparon este año el devenir de la fiesta cultural más importante de Barranquilla: el XVll Carnaval Internacional de las Artes, que aun a falta de presupuesto y erigida con las manos entre el pasado 19 y 23 de abril, quedaría para siempre impregnado en nuestra memoria.

Carnaval Internacional de las Artes, una reflexión de la reflexión sobre la reflexión‘, escribiría en esta columna sobre el penúltimo encuentro festivo, ejecutado virtualmente a expensas de la pandemia en 2021. Desde entonces -y a causa de la nula ‘bulla’ que tendría el asomo carnestoléndico del año pasado-, no habría escrito más sobre tal suceso hasta este momento, donde otro telón se levanta y reafirma bajo una nueva dirección lo mucho que se puede hacer con lo poco.

Este año, al Carnaval de las Artes le jugaron en contra (o a favor) dos grandes cosas: Primero, no contar con el importante apoyo de Promigas entre sus alianzas o colaborativas, y dos, el hecho de realizarse en una agenda postquam, significante de que el carnaval es, quizá, algo que siempre llevamos dentro, y que sin importar cuándo se haga, su rebeldía y desacato perduran más allá de lo oficial.

Por lo anterior, Miguel Iriarte asume el reto de dirigir Fundación La Cueva y, consigo, la obra maestra de Heriberto Fiorillo, a quien y como Figurita se le rindió un homenaje durante esta 17ma. edición que conjuga las expresiones plásticas, el cine, la danza, la música, el teatro y la literatura en diferentes escenarios de los que cabe revivir ahora algunos de sus episodios en voz de quienes realmente lo hacen posible: su gente.

Donde nadie tiene la razón

Foto: Equipo de Prensa C.I.D.L.A

Fui el pasado 19 de abril a La Cueva para conocer bien de cerca qué era eso del Carnaval Internacional de las Artes. En la programación decía que hoy iba a haber algo sobre cultura wayuu, tropicalidad y machismo. Y en la búsqueda simultánea de clientes para mi negocio de bienes raíces, resulta que me crucé con una amiga que no veía hace rato. —¡Hola! ¿Cómo estás? ¿Te tomas algo?—, me dijo, y nos sentamos a la barra.

Mientras sorbía de un helado cóctel de ma-ra-cu-yá, no pude evitar ver al jóven de la guitarra interpretar algunos intrumentales de su autoría. Era Henry Pushaina, quien hablaba de la mitolgía dentro de su cultura con los sabios Wilder Guerra y María M. Rodríguez. Cuando de repente, hubo un absoluto silencio en la sala: Tan solo se oía el trasteo de la guitarra ejemplificando los significados del viento, la lluvia, la tormenta y las estrellas como reflejo del camino a Jepira: El trascender de nuestra vida espiritual después de la muerte física.

¿Y tú, qué cuentas?—decía. Pero yo me dejaba llevar por la Sonora Curro en los LP’s de Carlos Javier Pérez, quién había venido a contarnos cómo la música le había llenado ciertos vacíos; al igual que me alegraba saber que En la tierra de Dios y del hombre de Silvina Paternostro, «todavía tendríamos las latinas una segunda oportunidad«…

¡No me sueltes!

Pa’ no esmierdarnos en la entrada de la Cinemateca fue necesario que no me soltaras. Pues ese viernes había caído cule aguacero ¡No te digo! Que solo al entrar y ver la serie de Orgullo Caribe por la Universidad del Norte se me hizo fuego hasta el pecho ¡Vaina linda! Ya luego se me volvieron a aguar los bolis con la María de Enrique Grau, un corto que como Pasion y muerte de Margarita Gautier, había aportado la Fundación Patrimonio Fílmico por cuenta del sub-director, Rito Alberto Álvarez. La ñapa fue sin dudas en la tarde, donde supimos cómo ‘el nene’ Cepeda, el viejo Fuenmayor y toda la banda rock-stars de La Cueva se volvieron virales cuando en 1989 vinieron un grupo de gringos a ‘documentar Macondo’, no sin antes preguntarles al mismísimo García Márquez dónde quedaba Macondo, a lo que él respondió entre risas que aún trataba de encontrarle.

Mitología, cámara, ¡Salsa!

Las expos no se hicieron ex-perar. Una vez que salí del trabajo me subí a mi cicla sin saber que en realidad me subiría a una ruta cíclica, que empezaba desde la Galería Alianza Francesa, continuaba en Galería Musa de la ‘La Perla’ y terminaría ¡Adivinen! Nuevamente en La Cueva.

Fue en primera base que dí con «La cámara segura de Juan Camilo«, la apertura de la exposición Vestigios y otros rastros del entorno de Juan Camilo Segura, donde el fotógrafo contó el proceso creativo en la toma de las fotografías, la construcción de una cámara estereoscópica artesanal, la utilización de técnicas fotograficas y del develado. Una hora más tarde, estaba en «Carnavales y Fiestas, Memorias de Yuruparí«, muestra del trabajo fotográfico de Gloria Triana en su imprescindible serie ‘Yuruparí’, de la que rodaron algunos ex-tractos para los estudiantes de la Unisimón a cargo de Viviana Arce y Jorge Mario Sarmiento.

Foto: Equipo de Prensa C.I.D.L.A

Todo acabo, como ya saben, en La Cueva, donde después de ver por fin la presentación del libro «Celia se pudre» en un sublime acto de rescate de la obra Heraziana por Patricia Iriarte y Andrea Enciso, nos pusimos a bailar con el reconocido pintor caleño Diego Pombo y su muestra Héroes de la Salsa, con la que a su vez logró plasmar en esos rostros de Johny Pacheco, Hector Lavoe y El Sonero Mayor, toda la influencia recogida a lo largo de sus 23 años como director del AJAZZGO (Festival de Jazz de Cali).

Bajo la concha acústica del Santo Cachón

Se cocina un cierre de ensueño por cuenta del Equipo Organizador del Carnaval de las Artes, donde en días anteriores se ha venido de presentar a la danza con el proyecto Katalyseur que, directo desde Guadalupe, llegó para despertar los cuerpos del público con música ancestral de las antillas; a la literatura, con la puesta literaria del ‘ring’ de boxeo para el encuentro de los escritores Juan Villoro y Hugo Chaparro Valderrama; y, por supuesto, a la música como principal invitada.

Habiéndo viajado durante una semana por los ritmos típicos y folklóriko-tradicionales del Caribe colombiano e insular como el porro, el bullerengue y el reggae, mas también de explorar otras conexiones y mezclas como bullerengue y rap, jazz y papayera, le correspondió al Caribe Futurista de TeTe Sarmiento conducirnos hacia otras dimensiones de la musicalidad a través de la electrónica, donde se borraron las fronteras de realidad y la ficción, al mismo tiempo que las divisiones entre lo autóctono y lo extranjero, lo mestizo y lo español, lo popular y lo culto.

Luego, con el retorno a la escena cultural de la banda fundacional de rock coleto-barranquillero, Cielito Drive, se formaron los pogos en las escalinatas del Parque Sagrado Corazón por cuenta niños, jóvenes y adúltos entregados a la euforia y el éxtasis de canciones como «Hoy», «Malesa», «Esperanza» y «Pregón Caribe con feeling para ti», que acabo por trocar lo sagrando en lo profano.

Foto: Equipo de Prensa C.I.D.L.A

Por último y para conmemorar este sancocho de sonoridades caribeñas, llega directamente desde la yunai el sonido duro de Raymond (Ray) Olán, maestro de la música puertorriqueña, que desde muy jóven tuvo contacto con el mundo de la salsa representado en grandes artífices como Tito Puentes, Larry Harlow y Jerry Masucci. Sugar On Sunday / Dolzura El Domingo , opera prima de su repertorio, es un álbum con el que reflexiona acerca de las dificultades de hacerse artista en un mundo donde nadie valora verdaderamente el tiempo y trabajo invertidos («El poeta»), del sufrimiento que trae consigo el amor al arte («El músico») pero la esperanza y felicidad que llega a la vuelta del domingo («Sugar On Sunday / Dolzura El Domingo»). Junto a esta voz maravillosa se unen Son de la Cueva y, sorpresivamente, la flauta mágica de Andrea Brachfeld, para concretar así el crimen perfecto de tres fabulosos talentos que han coincidido en quedarse y no volver más a sus tierras depués de pisar Barranquilla.

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Nota de cierre

Años atrás, cuando el Carnaval Internacional de las Artes se celebraba en las ‘tablas’ de la Plaza Santodomingo afueras del Museo del Caribe, o bien, en el también emblemático y abandonado Teatro Amira de la Rosa, se respiraba y entendía la cultura de otra forma muy distinta a la actual, pues, antes no había motivo para preocuparse por la nostalgia que sembraran tantos artístas y espectáculos en nosotros, sabiéndo que en años siguientes los volveríamos encontrar.

Hoy en día no es así, ya que cada vez existe mayor incertidumbre por la desaparición de los escenarios culturales en Barranquilla, en cuya primera parte del año somos tendencia mundial por el Carnaval, para luego pegar un salto al padecimiento, la escasez de recursos y estímulos de apoyo para las artes y expresiones alternativas por parte de Secretaría, Alcaldía y Gobernación.

Por ello, cabe destacar el esfuerzo e involcramiento del Equipo logístico y creativo del Carnaval de las Artes en el papel de adaptarse a estas condiciones ciudadanas, conservando el sueño de que, en años posteriores, vuelvan abrirse nuevos y renovados espacios.

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