28 años de música, 14 álbumes, es uno de los artistas más premiados de América latina. 32 años entre películas, telenovelas y series en varios países. La trayectoria de un jovencito que lo que quería era cantar rock.
Por Jorge Sarmiento Figueroa – Editor general
Si a alguien se le da por preguntar cuál es el más importante expositor de la música vallenata en la historia, no es descabellado suponer que más de uno le responda con el nombre de Carlos Vives. Ni siquiera es necesario que haya la pregunta. Basta con que ese alguien curioso por nuestro folclor busque hoy en internet quién es el autor e intérprete de los clásicos más bellos de la poesía vallenata. ¡Oh sorpresa! aparecen a nombre del cantante samario.
Muchos jóvenes y personas ajenas a la historia de Leandro Díaz, Emiliano Zuleta Baquero, Juancho Polo Valencia, Luis Enrique Martínez, se han contagiado de sus canciones sin saber que son de su autoría. Las han escuchado interpretadas por Vives y han terminado creyendo a pie juntillas que son de él. Casi todas las páginas de música en internet aparecen bajo su referencia. No se trata de que se las haya robado, que las haya registrado a su nombre, sino que por desconocimiento la misma gente las ha compartido en internet con el rótulo: «Música de Carlos Vives», o «Canciones de Carlos Vives», o «La casa en el aire, de Carlos Vives». Muchas personas a lo largo y ancho del planeta reconocen casi todas las canciones de Rafael Escalona, pero no saben quién es este juglar ni lo relacionan con su descomunal obra. Escriben «La casa en el aire» en Google para deleitarse con la historia del hombre que le construye un hogar entre las nubes a un amor que no quiere compartir, y aparece «La casa en el aire, de Carlos Vives».
http://youtu.be/XtqZHLLY5dU
Se trata de un problema de mercadeo. Y no de música. Un problema de mercadeo que es tan viejo como la Historia. Algunos investigadores sostienen, por ejemplo, que William Shakespeare no es en realidad el autor de todas las obras que están a su nombre, sino que se convirtió en el referente principal de la dramaturgia de su época y por tanto el resto de los autores quedaron relegados al olvido, traspasando incluso la inmortalidad al genio de ‘Hamlet’, ‘Otelo’, ‘Romeo y Julieta’,’Ricardo III’.
Pero dejemos a Inglaterra quieta y volvamos al folclor del Caribe colombiano, en la figura de Carlos Vives. Cuando el cantante y compositor samario grabó ‘Los clásicos de la provincia’, hace dos décadas, los más arraigados a la cultura vallenata se lo quisieron comer vivo; no soportaban que un ‘pelao’ de Santa Marta, con cabello largo, pantalones mochos y sandalias playeras, viniera con guitarra eléctrica y batería a tocar el aire ancestral que solo a ellos pertenecía. El mismo Vives ha sostenido que desde niño él ya sentía como propio el vallenato, no de otra manera se hubiera convertido en uno de sus más enamorados exponentes, pero no fue él quien buscó convertirse en icono de este género sino que el mismo cauce de la música lo fue llevando hacia esas aguas.
Vives hizo música desde 1986. Era la época bulliciosa de la balada pop y el rock en español. La juventud de América latina ya no se sintonizaba con el bolero ni con los románticos de sus padres. Buscaba la rebeldía y la libertad que el rock le ofrecía. Soda Stereo, Los prisioneros, Los enanitos verdes, Hombres G, Charly García, Fito Páez. Vives salió en busca de su identidad en esas olas y terminó haciendo su primer disco de baladas con sonidos del rock en Puerto Rico. ‘Por fuera y por dentro’, se tituló aquel trabajo que pasó inadvertido en el mercado pero que se constituyó en su primer encuentro musical.
Hacía de todo para ganarse la vida, para hallar su destino. Participaba en programas infantiles de televisión, en películas, en telenovelas. Y seguía grabando música. Antes de cumplir 30 años ya había grabado tres álbumes y había estado en papeles secundarios o principales en ocho telenovelas. «En 1986 yo lo veía brujulear con su pelo largo y sus pintas de loco por los pisos de Telecaribe. Siempre andaba haciendo algo, proponiendo historias y proyectos», cuenta la periodista Nelly Romero, que en ese entonces trabajaba en el equipo de ‘Qué Sainete’, un programa dirigido por la fallecida Myriam Prieto y su esposo Carlos Flores.

Junto a Florina Lemaitre en el papel estelar como Rafael Escalona. La ‘Maye’ sostiene en su regazo un armadillo, o un ‘jerre jerre’, animal al que Escalona le compuso una hermosa canción.
En 1991 todo cambió. En ese año lo llamaron para hacer el papel protagónico en una novela dedicada a la vida y obra del juglar vallenato Rafael Escalona. Por ese trabajo le dieron los premios más importantes de la actuación en Colombia y, sobre todo, le permitieron brillar con el aura musical del maestro de ‘La casa en el aire’ en los escenarios del mundo. Había nacido una nueva estrella.
Vives lideró dos compilaciones de Escalona tituladas «Un canto a la vida», lanzadas con solo un año de diferencia. Fueron tan exitosas que probó su «cuarto de hora» grabando al año siguiente ‘Clásicos de la provincia’, trabajo en el que ya no solo interpretaba canciones de Escalona, sino que amplió el repertorio a Alejo Durán, a Adolfo Pacheco y a los otros compositores ya mencionados, que hacen parte de la raza más pura del folclor y que para entonces ya se escuchaban muy poco por la nueva ola vallenata y los ritmos extranjeros que se habían adueñado del mercado musical colombiano. Para ‘Clásicos de la provincia’ pensó que tendría el total apoyo de la misma productora discográfica de ‘Un canto a la vida’, por el ‘boom’ que había sido Escalona. Pero no fue así. La productora no lo acompañó porque los directivos consideraron que no funcionaría un proyecto sin el mercadeo de la telenovela y el nombre del legendario compositor de ‘El testamento’. Tenían el antecedente de los primeros intentos del Vives, que habían sido fallidos.
Pero no contaron con eso, que habían sido primeros intentos. Ahora Vives tenía la experiencia y el instinto de que había llegado su oportunidad de hacer rock, solo que mezclado con la música de su tierra, la que la vida le había dado para lograr el éxito. Otra disquera sí le creyó. Y apenas salió al mercado ‘Clásicos de la provincia’ se convirtió en una obra tan potente que hoy es considerada como la artífice de que el vallenato llegara al escenario continental y mundial. ‘Clásicos de la provincia’ es el primer trabajo en el que Vives mezcla la caja, la guachara y el acordeón con la gaita, la guitarra eléctrica, la batería y toda clase de instrumentos y géneros de los que recibe infusiones cada vez que se dispone a sacar un nuevo álbum.
Para lograr la calidad de sus interpretaciones musicales y el acierto en sus innovaciones y experimentos, Vives siempre se ha acompañado de los mejores músicos en cada uno de los géneros e instrumentos que quiere integrar. Einer Escaff y Martín Madera son solo dos nombres del gran talento que ha girado alrededor de la poderosa marca artística que es hoy. Desde entonces salta al escenario en conciertos de Viña del mar, de Santa Marta, de Barcelona; aparece en ruedas de prensa del World Economic Forum, en las cenas de gala en la Casa Blanca, o da junto a Fito Páez una charla en un Congreso internacional de la lengua española. Carlos Vives ha construido su propio camino, con la misma pinta de cabellos largos y pantalones mochos.
Junto a él viajan siempre Egidio Cuadrado en el acordeón y Mayté en la gaita. Se mueven con una autenticidad y una sonrisa que parecen sacadas de un mordisco a una fruta fresca. Los tres parecen El Quijote, Sancho Panza y Dulcinea, moviendo la realidad a su antojo para enlazar su música con Marc Anthony o con Calle 13, con el reguetón, con el rock o con la salsa, con lo que sea necesario para que la música que los vio parir no se quede en la tierra del olvido.
Próximo a celebrar 30 años de vida musical, Carlos Vives ya está en el sitial más alto del vallenato moderno, y es, junto a quienes lo rodearon desde el principio, el precursor de la fusión del folclor colombiano con el rock y otros géneros. La cumbia, el vallenato y el porro viajan en su mochila a todos los rincones del mundo, bajo la estela de fusiones que llevan su marca. El precio de todo esto es que el joven samario que solo quería cantar rock se ha convertido en el más importante exponente internacional de la música del folclor colombiano, haciendo que todo el que busque ‘vallenato’ en Google se encuentre con su nombre.













