De exitoso basquetbolista a excelente Ingeniero civil.
Por: Francisco Figueroa Turcios
Carlos Vengal, de basquetbolista a exitoso Ingeniero Civil
Carlos Vengal Pérez, soñaba con vestirse de blanco de la cabeza hasta los pies, porque su meta era estudiar medicina, pero el destino le cambió el libreto.
Nació en Riofrío, población de la zona bananera. Sus estudios primarios los realizó en su tierra natal. En cambio para los secundarios hizo todo un periplo por Ciénaga, Santa Marta, Fusagasugá, para el final graduarse con lujo de detalles en el Colegio de Barranquilla (Codeba).
Siempre tuvo presente que sin la preparación académica, era difícil superar la pobreza. Culminó esta etapa de formación secundaria con el pergamino que ostenta con orgullo y que marcaría su destino, convirtiéndose en el primer bachiller Coltejer.
«Cuando terminé el bachillerato me presenté en la Universidad de Cartagena y en la Universidad Nacional. En ambas universidades pasé para estudiar medicina. El 15 noviembre 1971 recibí el grado de bachiller y una semana después murió mi madre (Aura Pérez Bueno ). El 12 de abril 1972 debía comenzar clases en la Universidad de Cartagena, pero dos días antes murió mi papá (Carlos Vengal llanes). No me tocó otra alternativa que quedarme en Barranquilla y asumir el rol de padre y madre con mis tres hermanos (Elías, Petrona y Ruth)» relata Carlos Vengal sobre como el destino le cambió el libreto de ser un profesional de la médicina.
El baloncesto plataforma para salir de la pobreza
Carlos Vengal, Giovanny Bacci y Federick Moore
Cuando Carlos Vengal, llegó a Barranquilla, vivió en el barrio Rebolo. Para ser más precisos, en la zona de los Tres Postes. En las polvorientas calles de Rebolo jugaba fútbol, por su biotipo actuaba de defensa central o centro delantero.
En ese momento su pasión era el fútbol, que era sin duda un paliativo para olvidar la pobreza. Todos los días le tocaba realizar largas colas en busca de obtener un poco de leche de la que repartía la Care, en uno de los dispensarios de la Zona Negra.
En Fusagasugá, Carlos estudió segundo y tercero de bachillerato y aquí fue donde tuvo el primer contacto con un balón de baloncesto, pero fue Antonio Barrios, profesor de educación física del Codeba quien pudo advertir que era un diamante en bruto, por lo que lo convenció para que se olvidara del fútbol e ingresara al mundo de baloncesto.
El día en que Carlos Vengal apareció por el estadio de baloncesto Suri Salcedo, en su rostro se podía advertir la pobreza extrema. Pese a todo, su imagen era la de un gladiador: alto (1 metro y 90 centímetros) y de brazos largos como unos garfios.
Carlos Vengal, leyenda viva del baloncesto de Colombia
Carlos recuerda como si fuera hoy que Antonio Baraque, entrenador de la Selección del Atlántico, le puso una sola condición para aceptarlo en los entrenamientos. ‘Si tocas el aro de la canasta, te acepto en la Selección’, fue la frase. Carlos no tuvo que hacer mucho esfuerzo para cumplirle la condición de Antonio Baraque, y sería el inicio de una carrera de éxito de 25 años en el baloncesto a nivel nacional.
Antonio Barrios no se equivocó al tener el pálpito que Carlos Vengal era un diamante en bruto, porque con el transcurrir del tiempo fue dejando huellas imborrables. Titular indiscutible de todas las selecciones y clubes donde actuó. Su fortaleza fue dominar los tableros, y moverse debajo de ellos con precisión.
Carlos, fue cosiderado el mejor ‘poste’ que tuvo el baloncesto colombiano. Su fortaleza para levantarse y encestar, o tomar el rebote, lo convirtieron en indispensable, y fuera de serie.
Carlos Vengal tiene un récord difícil de superar: jugó en la selecciones de Atlántico, Bolívar, Antioquia, Bogotá y Norte de Santander. A nivel de interclubes jugó con Atlántico, Antioquia y Norte de Santander. Y otro récord a su haber: en sus 25 años de actividad en el baloncesto, tuvo la oportunidad de jugar con tres generaciones.
El baloncesto fue la plataforma para que Carlos Vengal venciera la pobreza absoluta. Por eso él recuerda el día en que apareció por el estadio de baloncesto Suri Salcedo, en su rostro se le dibujaba el virus de la pobreza extrema. Aún así, su imagen era la de un gladiador: alto, de brazos largos, y espalda ancha que más tarde con esfuerzo se convirtió en un exitoso Ingeniero Civil.