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Carlos Gaviria Díaz, modelo ideal de magistrado

Al morir el connotado constitucionalista, nada más oportuno que ponerlo de ejemplo ante tanta corrupción en las Cortes. 

Por Rafael Sarmiento Coley

Si algo magnífico significó la Constitución de 1991 fue que permitió que se lucieran ante la faz del país personalidades pulquérrimas como las de Carlos Gaviria Díaz, quien falleció este martes.

Carlos Gaviria Díaz, Magistrado de Magistrados.

Hombres de profundos conocimiento en todas las materias humanas (sociología, sicología, la hermenéutica médica), y, sobre todo el Derecho Constitucional en su sentido más profundo y humano.

Y no es el único ejemplo. Se cuentan por decenas los hombres y mujeres que, gracias a los profundos cambios de poder que produjo la nueva Carta Política, brillaron –¡y brillan!- con luz propia en diversos escenarios de la vida pública al más alto nivel.

Carlos Gaviria Díaz fue un hombre sincero, buen amigo, generoso, sencillo y de una sola pieza a la hora de rechazar lo que según sus preceptos estaba fuera de lugar.- Aún se recuerdan las discusiones legales con su exalumno Álvaro Uribe Vélez cuando éste insistió en descuadernar la Constitución de 1991 por el solo capricho de dictador de quedarse un periodo más en la Casa de Nariño. Y como siempre sucede, después hizo todo lo imposible por quedarse otros cuatro años. Todavía lo tuviéramos ahí en la silla presidencial convertido en un verdadero déspota.

Pero fueron voces severas y de enorme credibilidad en el país como la de Gaviria Díaz, las que detuvieron a tiempo, por fortuna, semejante suceso aberrante y no menos peligroso para nuestra endeble democracia.

¡Qué panorama, por Dios!

Hoy da vergüenza mirar el panorama de las Altas Cortes. Si es la Constitucional, con un Jorge Pretelt Chaljub acusado de varias irregularidades bochornosas para un sujeto con la investidura de Presidente de la que era considerada por todos los colombianos como la institución de más alta moral, credibilidad y aceptación en el país.

Pero por culta de los Pretelt, de los Alberto Rojas, de los Mauricio Vargas y tantos otros con el mismo sello de desprestigio, hoy la Corte Constitucional tiene la moral en los talones. ¡No hay derecho!

Hay quienes de manera torpe ahora le echan la culpa a los Constituyentes del 91 por dejar un esquema de vulnerabilidad en el trámite para la escogencia de los magistrados de las Cortes Constitucional, Suprema de Justicia y Consejo Superior de la Judicatura, así como los entes de control como la Procuraduría, Fiscalía y Contraloría.

¡Mentiras! El sistema era confiable y seguro. Lo que ocurrió fue que la clase politiquera y los corruptos del sistema judicial, incluidos una lacra de abogados litigantes que son capaces de venderle el alma al diablo y si Satanás les pide de ñapa la progenitora también se la dan, pervirtieron todos los sistemas morales de control.

Aplicaron la cooptación, el amiguismo, el tu me eliges y yo te elijo, el nómbrame a mi esposa en la Procuraduría, y yo te convierto a la tuya en magistrada. Por esa vía hasta las amantes de magistrados y abogados accedieron a altos cargos. ¡OH Dios, hasta dónde hemos llegado!

Carlos Gaviria Díaz fue ejemplo en todos los campos de su brillante periplo vital.

¿Y el Procurador Alejandro Ordoñez? Ahí, como dicen en su tierra, chupando rueda. No dice nada. Tiene en sus manos un fallo importante para inhabilitar o no a un famoso candidato a una de las alcaldías de la Costa Caribe. Esa será su prueba de fuego después de tantas bravuconadas y de tanto gritar que él no se ‘tuerce’ ni por todo el oro del mundo. Amanecerá y veremos.

Hijo emérito de Sopetrán

Conocimos bien a Gaviria Díaz durante los seis meses de sesiones de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC). Eduardo Fuenmayor era secretario del Constituyente y hoy director emérito de El Heraldo, Juan B. Fernández Renowitzky, y el suscrito era su jefe de prensa. Gaviria Díaz era muy cercano al lado de los Constituyentes del M-19, que a veces eran 15, a veces 17 y a veces 19. Eso dependía de la asistencia o ausencia caprichosa de Marcos Calarcá, de Pacho Maturana o del Comandante 0.

Muy tarde en la noche, cuando terminaban las extensas jornadas, el jefe Juan B. nos invitaba a una cena con un vinito de por medio y, por lo general, coincidíamos en mesas cercanas a Gaviria Díaz. Gracias a esas circunstancias, Eduardo Fuenmayor y el suscrito escuchamos asombrados todo el cúmulo de conocimientos de aquel hombre sencillo.

Carlos Gaviria Díaz nació en 1937, en Sopetrán, población situada en el occidente del departamento de Antioquia. De su abuelo materno, admirador del Olimpo Radical, le viene la herencia liberal, en una línea que procede de Murillo Toro y culmina en Alfonso López Pumarejo, el gran reformador. A ese abuelo se remonta igualmente la pasión de Carlos Gaviria por la poesía y su gusto por leerla y decirla en voz alta.

Hijo de periodista

Como todo liberal de vieja guardia, el abuelo fue devoto de Víctor Hugo, lector desvelado de los clásicos españoles y utopista esperanzado, como también lo fue el padre de Gaviria, periodista y hombre de letras autodidacta. La madre, maestra de profesión, ejerció la influencia formadora decisiva y suministró, sin duda, el primer modelo pedagógico al futuro profesor y académico. Si en Colombia es obligado proclamar que se pertenece a una familia de acendradas creencias religiosas y tradicional fervor católico, de Carlos Gaviria podría decirse que creció en un medio más inclinado a los libros y al libre pensamiento que a las devociones y los rezos.

Ya radicada la familia en Medellín, adelantó sus estudios de bachillerato en un colegio privado y luego los universitarios en la Facultad de Derecho de la Universidad de Antioquia. En esta misma universidad fue profesor durante treinta años, y ocupó los puestos de dirección más adecuados a sus inclinaciones académicas: Decano, Director del Instituto de Ciencia Política y Vicerrector general. Entre 1970 y 1971, Carlos Gaviria realizó estudios de posgrado en la Escuela de Leyes de la Universidad de Harvard. Allí tuvo oportunidad de seguir los seminarios de Teoría Política con Carl J. Friedrich, de Derecho constitucional con Paul Freund y de Jurisprudencia con Lon L. Fuller. La experiencia académica y vital de Gaviria en los Estados Unidos fue importante, no sólo por el encuentro con un estilo de pensar tan diferente al de su formación inicial, más centrada en Kelsen y los pensadores europeos del Derecho, sino por la abrumadora impresión que le produjo una ciudad como Nueva York, megalópolis en la que parece sintetizarse el mundo.

Un presidente de lujo

 Entre 1993 y 2001, se desempeñó como Magistrado de la Corte Constitucional, de la cual fue presidente en 1996. En estos años, el nombre de Carlos Gaviria comienza a adquirir la resonancia que hoy tiene y a ser identificado por la opinión pública con algunas de las causas que en este momento unifican a los sectores democráticos del país. Desde la Corte Constitucional, Gaviria continuó su labor de pedagogía jurídica en un aula de dimensiones nunca sospechadas en sus tiempos de académico y con un auditorio de alcance nacional, a través de sus sentencias. Las lecciones fueron, básicamente, de respeto a la autonomía personal, de defensa de las minorías y de énfasis en el principio de igualdad. Para el magistrado Carlos Gaviria, la libertad en una sociedad democrática no es un principio abstracto sino la posibilidad individual de decidir sobre diferentes modos de vida. La idea de unidad nacional gregaria, todos detrás del mismo líder, de las mismas consignas, del mismo lenguaje, del mismo partido, está a un paso de abolir los fundamentos de la democracia, y pocas veces lo habíamos visto de manera tan clara como hoy.

No es exagerado afirmar que el comportamiento de Carlos Gaviria en el Senado de la república entre el año 2002 y el 2006 es ejemplar. Aquí vale la pena citar, por su total imparcialidad en este caso, el concepto que aparece en la página web de la organización ciudadana Votebien: “La mayoría de los análisis coinciden en señalar que el senador Gaviria es producto de una franja de opinión muy definida, que se congregó en torno a su figura para apuntalar un proyecto político”. Y agrega: “Su voto es el más caracterizado en la franja de la opinión.

Carlos Gaviria Díaz, ex presidente de la Corte Constitucional, se convirtió en un fenómeno nacional al alcanzar la quinta mayor votación para el Senado”. Su fortaleza electoral estuvo, sobre todo, en Bogotá, Antioquia y Valle. Un total de 114.886 votos le aseguró la curul en el Senado de la República. Su propósito, explícito desde un principio, fue el de impulsar proyectos de ley para favorecer la igualdad material de los ciudadanos, el trato equitativo a los grupos tradicionalmente discriminados y marginados como los indígenas, las mujeres, las negritudes y los homosexuales y el de promover y apoyar las iniciativas destinadas a la búsqueda de la paz mediante la generación de empleo, el fortalecimiento de la educación y la cultura y el reconocimiento del valor social del trabajo. Ya se sabe de las batallas que libró contra la reelección presidencial, contra las reformas laboral y tributaria, y, en general, contra la política social y económica de un gobierno que ha trabajado duramente para hacer más pobres a los pobres y más ricos a los ricos. Es conocida también su insistencia en una política de paz negociada, que represente los intereses de toda la sociedad y que implique la abolición de las iniquidades en que está basada la sociedad colombiana.

 

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