No hay duda que en nuestro camino personal y familiar, tarde o temprano, encontremos hechos que ponen en peligro nuestra esperanza o nos la arrebatan.
Por: Padre Rafael Castillo Torres
¿Qué hacer cuando nos diagnostican una enfermedad grave, perdemos el trabajo, nos enteramos de la infidelidad de nuestro cónyuge o nos encontramos en la coyuntura de nuestra Nación? ¿Qué experimentamos?
Algunos dirán que su vida ya no será tan dichosa, otros ya no sentirán la fuerza interior de antes, no faltará quien sienta que todo se estremece, muchos no sabrán qué hacer ni donde apoyarse. Otros dirán que jamás, en esta tierra fecunda, el fruto será la reconciliación. Cuando se apaga la esperanza ya no hay caminos. No hay horizonte y todo se llena de sentimientos y actitudes negativas. Aparece la tristeza y vamos camino a la depresión.
La propuesta del nuevo Plan de Pastoral Arquidiocesano 2.016 -2026: En Tiempos del Papa Francisco, nos enseña que la esperanza la podemos recuperar. Esa es la razón por la que en 2017 iniciamos al Itinerario de la esperanza.
La Asamblea Arquidiocesana de Pastoral que celebraremos del 10 al 12 de noviembre tiene esa orientación. Tres caminos nos señala el nuevo Plan para ayudar a ordenar las esperanzas de nuestro pueblo:
Los Centros Especializados de Escucha para las familias, donde la acogida sincera y abierta como la orientación respetuosa harán despertar la esperanza. La Iglesia de Cartagena seguirá dando, con mayor vigor, fortaleza y seguridad a sus hijos en dificultad. Nuestras familias no están solas. Saben que tienen una Madre que se interesa por ellas. La acogida, que es la hija mayor del amor, es la primera actitud que porta esperanzas.
El segundo camino lo haremos en cada parroquia y comunidad al estilo de Jesús con los discípulos de Emaús: en escucha activa y confidencial. Si la parroquia es donde calmamos la sed, debe ser un lugar que nos libere de las confusiones y el desconcierto. Donde podamos conocer el nombre de nuestros problemas y sentimientos. Un lugar para desahogarnos y comprendernos mejor a nosotros mismos en la certeza de que nuestro párroco o sacerdote amigo sabrá ponerle luz a nuestros problemas y dificultades. En cada parroquia, como dice el Papa Francisco, “vamos a aliviar sufrimientos suavizando las heridas”.
El tercer camino es la compañía amistosa que desde el señor Arzobispo hasta los vecinos de la última casa de Macayepos debemos hacer por nuestros hermanos. La persona en crisis no solo busca solucionar su problema. Busca que la comprendamos, que compartamos su sufrimiento, que con ella busquemos soluciones… en una palabra que la acompañemos a recuperar la esperanza. No la podemos defraudar. Dios hará, a través de todos, una presencia sana y su obra será sanadora.
¡Hay esperanza…manos a la obra!