Todo lo que hoy vivimos en espionaje físico y electrónico, los fuertes controles en aeropuertos y la epidemia de guerras «contra el terrorismo», son resultado de aquel día cuando alguien decidió tumbar las Torres gemelas.
Pero la «guerra contra el terrorismo» se volvió insaciable después del 911 y no bastó con que el Presidente de los Estados Unidos y Premio Nobel de paz, Barack Obama, saliera en televisión dirigiendo el operativo para matar a Osama Bin Laden.
Si Estados Unidos lanza sus misiles contra Siria y una vez más, como sucedió cuando invadió a Irak para derrocar a su antiguo amigo Sadam Hussein, no se logra demostrar que el régimen del Presidente Bashar al-Asad usó armas químicas contra los rebeldes, el resto del mundo que no pertenezca a la Organización del Tratado Atlántico Norte, OTAN, tendrá que preguntarse en qué lugar buscar refugio para no ser denominado «terrorista» y ser víctima de una fuerza a gran escala que a pasos agigantados toma control de todo, de manera «legítima», gracias al argumento de brindar mayor seguridad y democracia.
Nadie se puede mover libre, si el precio que quiere es la «seguridad y la democracia». Porque para proteger esos valores, dijo el Presidente Obama, «hay que perder un poco de ellos».
Mucho se perdió después del 911. Y el mundo ya no es igual. Quedan flotando en el aire un montón de preguntas. ¿Fue todo orquesta en la sombra por el imperio de turno? ¿Es la evidencia nítida de las alianzas diabólicas de las religiones musulmanas de oriente contra “las satánicas costumbres” de Occidente?
Cualquiera de esas respuestas puede ser la correcta. O todas. Lo cierto es que, a partir de aquel fatídico 11 de noviembre la sociedad civil perdió muchas libertades. Se retrocedieron varios siglos de conquistas. Y hombres, mujeres, ancianos y niños, viajeros de todo el mundo, quedaron expuestos a exhibir su dignidad ante las autoridades aeroportuarias, que, como las insolentes guardias romanas de hace tres mil años, obligan al pobre ciudadano a, literalmente, encuerarse de pies a cabeza para poder abordar un avión.
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