A propósito de la caricatura de Turcios y el partido de este viernes. Al final, son los 22 hombres en la cancha los que tienen la última palabra.
Por Rafael Sarmiento Coley, Director
Claro, esos son, en la insondable imaginación de Turcios, los ruegos de los fanáticos brasileros, que le piden a su Cristo Redentor que ayude a evitar los goles de Colombia. Pero ocurre que Colombia, desde antes de que los brasileros se aferraran al Cristo de brazos abiertos en la cumbre del cerro, ya se había consagrado al Sagrado Corazón de Jesús.
Después de todos aquellos sucesos, hasta los gobiernos de Julio César Turbay Ayala (1978-1982) y Belisario Betancur Cuartas (1982-1986) volvieron a consagrar el país al Sagrado Corazón de Jesús.
Se atravesaron los Constituyentes del 91
El país religioso, en su mayoría católico, se vio de repente sacudido por el llamado “revolcón” del presidente de la República César Gaviria Trujillo (1990-1994), quien siguiendo los lineamientos de su inmediato antecesor, Virgilio Barco Vargas, siguió el curso de la Asamblea Nacional Constituyente de 1991, convocada, precisamente, para que sepultara la centenaria Carta Magna de Núñez, y le diera vía libre a una nueva Constitución Nacional.
En esa nueva Constitución quedó establecido que Colombia es un Estado Social de Derecho, y que, además, hay libertad de cultos. Por tal motivo, no podía seguir consagrado, constitucional ni legalmente, al Sagrado Corazón de Jesús pues ya no era un Estado, unirreligioso, sino pluralista y laico en esas materias.
En Sentencia de la Corte Constitucional, ante una demanda para que no dejara el país de estar consagrado al corazón de Jesús, dicha corporación señala que “La constitucionalidad de la consagración oficial de Colombia al Sagrado Corazón era plausible durante la vigencia de la anterior Constitución, la cual establecía que la religión católica era la de la Nación y constituía un esencial elemento del orden social. Pero esa consagración oficial vulnera el nuevo ordenamiento constitucional que establece un Estado laico y pluralista, fundado en el reconocimiento de la plena libertad religiosa y la igualdad entre todas las confesiones religiosas. Se trata de una consagración oficial, por medio de la cual el Estado manifiesta una preferencia en asuntos religiosos, lo cual es inconstitucional por cuanto viola la igualdad entre las distintas religiones establecida por la Constitución. Esta discriminación con los otros credos religiosos es aún más clara si se tiene en cuenta que la consagración se efectúa por medio del Presidente de la República quien es, según el artículo 188 de la Carta, el símbolo de la unidad nacional. Esa consagración oficial también desconoce la separación entre el Estado y las iglesias, así como la naturaleza laica y pluralista del Estado colombiano”.
Pero el pueblo cree en Jesús
A pesar de esa determinación contundente de la Corte Constitucional, el pueblo colombiano sigue firme, creyente indoblegable, del Sagrado Corazón de Jesús. Para el pueblo colombiano católico, el país sigue Consagrado al Sagrado Corazón de Jesús, y no hay la menor duda que este viernes estarán dedicando sus oraciones y plegarias para que, a través de los excelsos jugadores colombianos, les haga los goles suficientes para ganarles a los brasileros. Con el perdón del Cristo Redentor, considerada, la estatua en la cima del cerro de Corcovado, como una de las octavas Maravillas del Mundo.
Ese apetitoso plato…¡Uff!
Sí. Tal como lo confirma la otra magnífica caricatura de Turcios, sin duda el partido de este viernes es el juego de todos los juegos. El plato del día. Y no es de extrañar que un comensal, al llegar a un restaurante bien temprano para almorzar tres horas antes del encuentro, sentado, esperando el bistec a caballo que pidió, se figure que en cualquier momento le saldrá por un hueco invisible una pierna de pantorrillas gruesas y musculosas, con unos botines relucientes y el balón dichoso de ser el objeto más atractivo del día.