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Atlántico, la mina de oro de los paisas

No solo han eludido el pago de impuestos a los licores durante años, sino que han explotado, urbanizado y vendido a precio de oro miles de hectáreas.

Por Rafael Sarmiento Coley

Eludir el pago de tributos en medio de una pandemia no es solo un dolo miserable. Es un crimen, porque con esos recursos los entes del Estado (llámese distrito, departamento o municipio), atienden a la población de menos recursos económicos. ¿Cuántas personas no se habrían salvado si hubieran recibido a tiempo la adecuada atención que nunca tuvieron por la corrupción en las IPS y EPS y actitudes tramposas como los citados almacenes de grandes superficies.

Lo que acaba de descubrir la subsecretaría de Hacienda del Atlántico sobre la venta descarada de licor sin pagar estampilla (es decir, de contrabando, como en las peores épocas de los tristemente célebres ‘Sanandresitos’), es no solo grave, sino vergonzante, por la insolidaridad de quienes venían ejerciendo esa inmoral práctica en perjuicio de una comunidad que siempre los ha acogido con generosidad.

Lo que es hoy el poderoso Grupo Antioqueño se consolidó y fortaleció gracias a la compra de Cementos del Caribe al Grupo barranquillero Santo Domingo, mediante un trueque para que los empresarios cerveceros atlanticenses pudieran apoderarse de Pilsen y el ante entonces intocable ‘Banco Comercial Antioqueño’.

Los antioqueños, desde comienzos del siglo pasado veían con envidia de la buena (para no pensar mal), el desarrollo urbanístico de Barranquilla, gracias a la presencia de la empresa norteamericana de los hermanos Parrish, el acueducto que forjó Samuel Hallopeter, el moderno barrio El Prado, el Hotel El Prado y, más adelante, almacenes de enorme superficie como Sears, Edgardo Pereira y el legendario primer enorme almacén que fundó en Barranquilla don Luis Eduardo Yepes (LEY, el nombre del almacén son las iniciales de su dueño fundador).

Lo copiaron todo

¿Qué pasó? Que los antioqueños montaron en Medellín una fiel copia de las Empresas Públicas Municipales de Barranquilla (EPB). Allá se denomina ‘Empresas Públicas de Medellín’ (EPM), hoy metida en el hueco putrefacto de Hidroituango por la ambición desmedida de los antioqueños de tener en sus manos todo el poder energético del país.

Al descubrir el futuro de Barranquilla y la bondad de sus autoridades y sus gentes, ¡quién dijo miedo!, lo primero que hicieron fue comprarle el almacén a don Luis Eduardo Yepes para que, en adelante, ya no se denominara ‘Almacenes Ley’, sino Carulla, Vivero, Pomona o cualquiera de las tantas nomenclaturas que han ido inventando. Por estar en cercanías de la vía 40, un comerciante medio loco heredó una enorme fortuna de un próspero negocio fundado por su padre. Como quedaba cerca del zoológico, que nació como el Vivero del doctor Tinoco, su nombre fue ‘Almacén Comisariato Vivero’. El heredero, Sammy Azout, cansado de contar plata, apenas los paisas le pusieron en el escritorio un cheque en blanco para que él pusiera la cifra que quisiera, se fue en babia. Así los antioqueños arrasaron con todo lo que era ‘Vivero’ y, de inmediato le colocaron las marcas paisas.

En Altos del Paraíso la próspera familia cordobesa ganadera y política Nader Muscus, construyó un amplia y cómodo almacén. Fue uno de los primeros supermercados de grandes superficies construido en esta parte de Barranquilla. Lo compraron los paisas. ¡Adiós Namus! Primero fue Pomona, después Viva y ahora es Carulla.

Es cierto que este comercio a gran escala y con múltiples frentes de negocio genera miles de empleo. Más no por eso hay que dejar que dichos grupos empresarias no sean recíprocos con la comunidad que los acogió con cariño y los trata con respeto y es solidaria al comprar sus supertiendas.

Lo que es inadmisible es que este Grupo Empresarial cometa la infamia –en momentos tan cruciales como los que vive el mundo con la pandemia del Coronavirus—de vender licores de contrabando, sin el pago de los debidos tributos al departamento del Atlántico, tal como lo denunció en el diario El Heraldo la subsecretaria de Hacienda.

El trabajo que empezó –aunque bastante tardío—la secretaría de Hacienda por intermedio de su subsecretaría ha puesto al descubierto la total falta de solidaridad de un Grupo económico que donde más se ha enriquecido es del comercio generado en Barranquilla y la Costa en general.

Grupo multipoderoso

El grupo Carulla-Vivero-Viva-Pomona ha multiplicado su crecimiento en Colombia gracias a las operaciones desde Barranquilla y la Costa Caribe, gracias a que, con sus envidiables artimañas de culebrero paisa, consiguen exenciones tributarias generosas en extremo, no invierten un peso en publicidad en los medios de comunicación de la región para fomentar la reflexión, el debate y una mayor formación cultural, política, social, económica e ideológica de la población. Les interesa saquear la mina de oro.

Lo mismo ha ocurrido con la mina de oro que encontraron con la compra a precio de ganga de Cementos del Caribe. No solo encontraron una próspera fábrica en plena marcha, sino modernos muelles y embarcaderos, decenas de minas de caliza por todos los rincones del Atlántico. Es tan desmadrada su adquisición de minas en el Atlántico, que, en el corregimiento de El Morro, municipio de Tubará, compraron todo un cerro a precio de huevo, porque estaba dividido en pequeñas parcelas que, por intermedio de un testaferro de dicho corregimiento, fueron comprando poco a poco, hasta ser dueños de todo.

Lo grave es que en la punta del cerro hay un barrio -toda una comunidad de unas 30 familias-, llamado ‘El Cielo’. El Grupo Argos les ha ofrecido el oro y el moro para reubicarlos. Ha sido imposible convencerlos porque son descendientes de la etnia Mokaná, que alegan tener allí, en ‘El Cielo’, enterrados a sus antepasados, “si nos vamos, no nos perdonarán que abandonemos sus espíritus por un puñado de plata”.

El Grupo Argos es el principal vendedor de tierras urbanizables en Barranquilla. Tiene monopolizado todo el norte hasta más allá de los límites de Puerto Colombia. Vende predios para otras constructoras. Pero la mayoría son de constructoras propias con diversos nombres para eludir impuestos.

Secretaría de Hacienda en mora

Todo lo que está saliendo a flote ahora es una luz que se ha encendido como consecuencia del Covid-19. Ahora es cuando están saliente a la superficie todas las mezquindades humanas. Y también queda en entre dicho la eficiencia de un Secretario de Hacienda de tanta reputación como Raúl Lacouture. Un funcionario de catadura moral a toda prueba y una hoja de vida pulcra, lo que lo libera de lo que ya de mala fe se estuviera pensando ‘a ese cuento le falta un pedazo, si esos almacenes no pagaban esas estampillas era porque alguien en Hacienda comía callado’. Pero sin duda alguna no es así. La pilatuna toda es de los avivatos funcionarios de los almacenes de cadena que no pagaban esos impuestos, y a lo mejor para efectos contables aparecen ante la compañía como ‘pagos’, pero desviados hacia misteriosos bolsillos.

Más operativos

Según el periódico El Heraldo, los operativos de control para frenar el contrabando de licores en Barranquilla y su área metropolitana continuaron este miércoles. La Secretaría de Hacienda del Departamento informó que se vienen realizando visitas de inspección en diferentes supermercados para establecer si están cumpliendo los requisitos legales para la comercialización de estos productos.

Las visitas de inspección se han realizado en los supermercados Jumbo, Carulla, Olímpica y Éxito. Según el informe de la Secretaría en los tres primeros establecimientos se encontró que todos los productos gravados con el impuesto al consumo cumplen con los requisitos legales y con el debido instrumento de señalización (estampilla) para su comercialización en todo el departamento del Atlántico.

Cabe recordar que el martes, en uno de los controles realizados en tiendas Éxito, ubicadas en Barranquilla, Soledad y Malambo, el Grupo Operativo detectó 79 botellas de licor que no tenían las estampillas correspondientes o que estaban selladas con estampillas de otros departamentos, una acción que es considerada como una “mala práctica” porque la evasión del pago del impuesto impacta las finanzas del departamento.

“En los operativos se aprehendieron 79 botellas de productos importados sin el correspondiente instrumento de señalización, y otras en cambio tienen estampillas de otros departamentos, instrumentos que son requisito para que los productos se puedan comercializar en el Atlántico”, indicó la Secretaría tras el operativo.

Tras el decomiso, la Gobernación del Atlántico manifestó su preocupación por este hecho, teniendo en cuenta que sin el pago del impuesto al consumo (como es el caso de los vinos y licores aprehendidos) el departamento deja de percibir recursos destinados principalmente al sector salud y educación.

El matutino barranquillero informó en su versión impresa de este miércoles que consultó al Grupo Éxito para conocer su posición frente al caso del decomiso de 79 botellas de licor que no tenían las estampillas correspondientes. Un vocero de la organización dijo que están haciendo un análisis del tema para hacer un pronunciamiento oficial.

De todas maneras, es grave y triste que estos grupos económicos paisas (Argos y Carulla), sean tan ingratos e infames con la comunidad que los ha acogido con tanto cariño. Duele en el alma detectar la venta ilegal de licores en esos almacenes de cadena paridos aquí por gente trabajadora y pulcra.

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