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Antes de ser goleador, Frank Àlvarez, tuvo que ganar el partido más importante de su vida: derrotar la leucemia

Por: Francisco Figueroa Turcios

Antes de convertirse en un goleador, antes de aprender a dominar un balón y celebrar sus primeros goles, Frank Manuel Álvarez Sequeda tuvo que disputar el partido más difícil de su vida.

No lo jugó en una cancha de fútbol, tampoco necesitó botines, camiseta ni una tribuna que alentara desde las graderías. Su escenario fue una habitación de hospital y su rival, una enfermedad que amenazaba con arrebatarle la infancia: la leucemia linfoblástica tipo B.

La lucha para vencer la leucemia linfoblástica tipo B

Foto: Frank Àlvarez (Fotos tomadas por Néstor Buelvas)

Frank Àlvarez, nació el 17 de mayo de 2015 en Chochó, corregimiento ubicado a cinco kilómetros de Sincelejo, donde la vida transcurre entre las costumbres de pueblo y los sueños que nacen en los hogares humildes.

Hoy estudia cuarto de primaria en la Institución Educativa San Isidro de Chochó. Pero antes de llegar a los salones de clase y descubrir la magia del fútbol, tuvo que recorrer un camino que ningún niño debería conocer a tan corta edad.

Frank Àlvarez, apenas tenía dos años cuando recibió aquel diagnóstico que estremeció a su familia. Era demasiado pequeño para comprender la dimensión de lo que estaba sucediendo. No sabía qué significaban las palabras leucemia, quimioterapia o tratamiento oncológico. Tampoco podía entender por qué debía permanecer hospitalizado mientras otros niños de su edad corrían y jugaban libremente.

Pero la vida le había preparado un partido que no admitía sustituciones. Comenzó entonces una larga batalla médica y familiar. Hubo días difíciles, procedimientos, tratamientos y momentos de incertidumbre. Su padre, Francisco Álvarez, tuvo que encontrar fuerzas donde parecía que ya no quedaban, aferrados a la esperanza de volver a ver a su hijo correr, jugar y crecer como cualquier otro niño.

El 10 de diciembre de 2017 comenzó una de las etapas más difíciles para Frank Àlvarez y su familia. Fue trasladado a Barranquilla, donde permaneció 10 de Diciembre del 2017 hasta el 10 de octubre del 2018 , diez meses de tratamientos en la Clínica General del Norte, bajo la atención del doctor Gabriel Tarud.

Después vendría otro capítulo de aquella batalla. El 3 de octubre de 2018 llegó a la Clínica HIMAT de Montería, donde continuó su tratamiento hasta el 3 de diciembre de 2019. Allí, durante doce meses, estuvo bajo el cuidado del doctor Fabio Molina, quien todavía acompaña su evolución médica mediante controles periódicos cada seis meses.

Fueron 22 meses de incertidumbre, de momentos críticos y de una lucha que parecía superar las fuerzas de un niño de su edad. En Barranquilla y Montería no había garantías sobre su supervivencia. Sin embargo, Frank comenzó a escribir una historia distinta a la que los pronósticos parecían anunciar.

El balón que guarda como una joya

Hay regalos que pierden su valor con el paso del tiempo y otros que se convierten en recuerdos imborrables. Para Frank Álvarez, aquel balón que recibió de manos de Carlos Bacca no es simplemente un objeto deportivo. Es una reliquia que guarda un pedazo de su historia, de su infancia y de una batalla por la vida.

El calendario marcaba el 23 de diciembre de 2017. Frank se encontraba hospitalizado en la Clínica General del Norte, en Barranquilla. Mientras permanecía en una de las habitaciones del centro asistencial, recibió una visita que jamás imaginó: la de Carlos Bacca, el delantero colombiano que por entonces vestía la camiseta del Villarreal F.C. de España.

El futbolista estaba disfrutando de sus vacaciones en Barranquilla y decidió dedicar parte de su tiempo a llevarles regalos y alegría a los niños que permanecían hospitalizados, especialmente a quienes se encontraban en la unidad de oncología.

Foto: el balón que le regalo Carlos Bacca a Frank Àlvarez

Carlos Bacca entró en la habitación 404, donde estaba Frank. Se acercó al pequeño, conversó con él y le entregó un balón. Fue un encuentro sencillo, pero cargado de una enorme sensibilidad humana.

-Carlos Bacca fue el 23 de diciembre de 2017 a llevar regalos a los niños hospitalizados en la Clínica General del Norte. Entró a la pieza donde estaba mi hijo, Frank, la habitación 404, habló con él y le entregó el balón. Mi hijo todavía conserva ese balón como una gran joya. Carlos jugaba en el Villarreal de España, estaba de vacaciones en Barranquilla y tuvo esa generosidad de llevarles una alegría a los niños hospitalizados en oncología-, recuerda Francisco Álvarez, padre del pequeño Frank.

Quizás aquel día Carlos Bacca no alcanzó a dimensionar lo que significaría ese gesto para Frank. Para el futbolista fue una visita solidaria en vísperas de Navidad; para aquel niño fue mucho más que recibir un balón de manos de un ídolo. Fue sentir que, incluso en medio de las dificultades, los sueños podían entrar por la puerta de una habitación de hospital.

Desde entonces, ese balón tiene un lugar especial entre sus pertenencias. No importa cuántos años pasen ni cuántos balones lleguen a sus pies cuando juega fútbol. Ninguno tendrá el mismo significado.

Porque aquel balón lleva impresa una historia que no se mide por su marca, su precio o su calidad. Su verdadero valor está en el recuerdo de una Navidad diferente, en la generosidad de un futbolista y en la sonrisa de un niño que comenzaba a escribir su propia historia.

Hay balones que sirven para jugar partidos y hay otros que terminan convirtiéndose en símbolos de vida. El que Carlos Bacca le entregó a Frank pertenece a esta segunda categoría.

El fútbol como segunda oportunidad

El 3 de diciembre de 2019 llegó una fecha que su familia jamás olvidará: fue declarado sano. Todavía tendría que continuar durante 24 meses con quimioterapia oral en casa y posteriormente con controles médicos. Pero lo más difícil comenzaba a quedar atrás.

Frank Àlvarez, había ganado su primer gran campeonato. No hubo medallas, trofeos ni fotografías levantando una copa. Su premio fue algo mucho más grande: la vida La historia parecía haber encontrado un desenlace feliz, pero todavía le faltaba un capítulo. Frank tenía que recuperar la normalidad de su infancia, disfrutar de las cosas que hacen felices a los niños y descubrir aquellas habilidades que permanecían esperando una oportunidad.

En 2025, después de evaluar su evolución, el médico tratante le recomendó retomar una vida normal y practicar deportes. Fue entonces cuando apareció el fútbol. Sin antecedentes en escuelas deportivas, sin haber disputado antes un partido organizado y sin conocer todavía los secretos de una cancha, Frank llegó a la Escuela de Fútbol Sporting. Allí comenzó a dar sus primeros pasos detrás de una pelota.

Era un canterano auténtico. Todo lo que ha conseguido en el fútbol nació en esa institución. No llegó con experiencia ni con una trayectoria anterior. Llegó con entusiasmo, ganas de aprender y una pasión que pronto comenzó a traducirse en goles.

Frank Àlvarez, inicialmente jugaba como volante, pero sus condiciones para llegar al área rival, su olfato goleador y su facilidad para encontrar el camino de la portería convencieron al cuerpo técnico de adelantarlo en el terreno de juego. El cambio resultó extraordinario. En apenas seis meses de competencia en el torneo de AsoSucre, Frank Àlvarez, se convirtió en el máximo goleador de su equipo en la categoría 2015, con 18 anotaciones. Esa producción lo ubicó como el tercer máximo artillero de la categoría en el departamento. Pero aquel muchacho de Chochó parecía tener más goles guardados en sus botines.

Medellín descubrió su capacidad goleadora

En diciembre de 2025, entre el 11 y el 21, el Sporting lo convocó para integrar el grupo que participó en el torneo Pro Base de la Liga Antioqueña de Fútbol, en Medellín. Frank Àlvarez, respondió como saben hacerlo los delanteros que tienen hambre de gol: marcando nueve tantos en siete partidos. Terminó como segundo goleador del campeonato, a una sola anotación del máximo artillero.

También tuvo la oportunidad de competir en la Baby Fútbol, pero en una categoría superior a su edad. Aunque pertenece a la generación 2015, participó con la categoría 2014 y consiguió cinco goles en cuatro partidos. Quedó a dos tantos del goleador del torneo, pese a tener dos partidos menos.

El crecimiento de Frank Àlvarez, no se detuvo. En el torneo departamental de AsoSucre de este año continúa siendo el máximo goleador del Sporting 2015, con 16 anotaciones. También registra ocho goles con la categoría 2014 y seis tantos en la Liga, jugando en la categoría sub-13. En el año 2025 Frank participó en el torneo Sincelejo CUP que es de carácter nacional, e internacional, y que se juega cada año en Sincelejo durante los días de semana Santa.

La capacidad de Frank Àlvarez, para competir con futbolistas mayores demuestra que no le teme a los desafíos. En la cancha, como en la vida, parece haber aprendido que las dificultades no siempre son obstáculos: algunas veces son oportunidades para demostrar de qué está hecho.

Un delantero con instinto de goleador

Frank Àlvarez, es un delantero de área, el clásico número nueve. Tiene velocidad, potencia física, capacidad de regate y un cambio de ritmo que le permite sorprender a los defensores en el último cuarto de cancha. Es zurdo, pero maneja las dos piernas. Tiene buena pegada y una particular habilidad para ganar los duelos aéreos. De hecho, varios de sus goles han llegado mediante remates de cabeza.

El técnico Edalso Novoa también ha encontrado en él otras posibilidades tácticas. Lo ha utilizado como extremo por izquierda y, en algunas ocasiones, como lateral izquierdo, posiciones en las que igualmente ha respondido. – Frank Álvarez: jugador con mucha potencia y fuerza, con capacidad goleadora, anotó 6 goles en el zonal regional Baby Futbol- anota Edalso Novoa.

La historia deportiva de Frank Àlvarez, continúa escribiéndose. Recientemente integró el equipo Sporting 2026 en la fase departamental de la Baby Fútbol, disputada entre el 3 y el 10 de octubre celebrado en Riohacha, Guajira.. Allí anotó cuatro goles, aunque su equipo quedó eliminado en los cuartos de final. Cada campeonato le ha permitido sumar experiencia, enfrentar nuevos rivales y entender que el camino hacia el fútbol profesional exige disciplina, sacrificio y constancia.

Un padre que también narra los sueños de su hijo

Foto: Francisco Àlvarez y su hijo Frank

Detrás de cada gol de Frank Àlvrez, hay una historia familiar. Y detrás de cada paso de su carrera deportiva está la presencia de un padre que conoce el fútbol desde otra tribuna.

Su progenitor, Francisco Àlvarez, es periodista deportivo, narrador y realizador de un noticiero en Radio Majagual, emisora local de la región. Ha acompañado a su hijo en este recorrido, respaldando sus entrenamientos, competencias y aspiraciones.

Para Francisco Àlvarez, la satisfacción no está solamente en los goles ni en los resultados. Está en contemplar cómo aquel niño que pasó por clínicas, tratamientos y momentos de incertidumbre hoy corre detrás de una pelota con la alegría de quien siente que el mundo le pertenece.

El celular de Frank Àlvarez ,tiene una particularidad: lo utiliza principalmente para ver partidos y videos de fútbol. Mientras otros niños encuentran entretenimiento en diferentes contenidos, él busca jugadas, movimientos, goles y actuaciones de sus futbolistas favoritos.

El balón se ha convertido en una de sus grandes pasiones. Y aunque apenas lleva alrededor de año y medio vinculado al fútbol organizado, su evolución ha sido vertiginosa. En ese corto recorrido ha conseguido cifras goleadoras que llaman la atención y ha tenido la posibilidad de competir en escenarios importantes del fútbol formativo.

Pero hay algo que ninguna estadística puede medir. Ninguno de sus 18 goles, sus nueve anotaciones en Medellín, sus cinco tantos en la Baby Fútbol o sus actuaciones con categorías superiores tiene el valor de aquel primer triunfo conseguido cuando apenas tenía dos años.

Porque Frank Manuel Álvarez Sequeda ya sabe lo que significa jugar una final sin saber siquiera qué es un campeonato. Sabe lo que significa luchar cuando las posibilidades parecen escasas y celebrar cuando la vida concede una nueva oportunidad.

Nació en Chochó, creció entre los cuidados de su familia y encontró en el Sporting una escuela para comenzar a construir su futuro. Ahora quiere ser futbolista profesional. Quiere marcar goles, disputar finales, levantar trofeos y algún día vestir la camiseta del Junior de Barranquilla.

Tiene apenas once años y un largo camino por recorrer. Nadie puede garantizarle que llegará al fútbol profesional, porque ese sueño exige tiempo, formación, disciplina y muchas oportunidades.

Pero hay una certeza que ya nadie podrá quitarle: Frank es un niño que aprendió a ganarle los partidos más difíciles a la vida. Antes de soñar con marcar el gol de un campeonato, marcó el gol más importante de todos: el de seguir viviendo.

Y ahora, cada vez que sale a una cancha, corre detrás de una pelota como si quisiera recuperar todos los minutos que la enfermedad le había obligado a dejar de jugar.

En Chochó, un pequeño corregimiento de Sucre, hay un niño que sueña con ser grande en el fútbol. Se llama Frank Álvarez y su primera camiseta no fue la de un equipo: fue la de un pequeño guerrero que nunca dejó de luchar. Antes de aprender a hacer goles, Frank Àlvarz, tuvo que aprender a ganarle a la muerte. Su primer rival no fue un arquero: fue la leucemia.

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