Su sentido de nobleza y lealtad lo llevó a destruir su carrera. Fue combatido con fiereza por la difunta Consuelo Araujo Noguera.
Por Chachareros
Nació en los barrios populares de Valledupar, estudió con los mayores sacrificios. A puro pulso, dando codazos y pisotones, se abrió paso entre la multitud para llegar al poder. Ese fue Aníbal Martínez Zuleta, el papá de la bella ex senadora la «Coco» Zuleta.
El viernes falleció a los 87 años de edad, luego de haber sido Alcalde de Valledupar, Congresista de la República, Contralor General de la Nación y precandidato presidencial. Un proyecto que se quemó antes de empezar, porque cometió el pequeño pecado de ser fiel y leal con sus amigos.
Vivía en Bogotá en calidad de Contralor General, un amigo de toda la vida le confió a un hijo ya mayor, que había terminado el bachillerato y deseaba seguir sus estudios de abogacía. Aníbal Martínez fue su tutor. El tutor, por esos caprichos que tiene la vida, del hoy Contralor General, Edgardo Maya Villazón.
En resumen, Aníbal Martínez Zuleta desgració su vida porque al enterarse de los amoríos de Consuelo Araujo Noguera, que era mayor que Edgardo Maya, ya se había separado de su primer esposo con quien tuvo 4 hijos, le informó a sus amigos, los padres de Edgardo, sobre el asunto. Entonces los padres de Maya Villazón le solicitaron a Martínez que, por lo que más quisiera, impidiera que eso siguiera. La solución que encontró Aníbal, como ya Edgardo había terminado Derecho, fue enviarlo de agregado de la Embajada de Colombia en España. Y Consuelo de inmediato arregló sus maletas para irse desde Valledupar a Bogotá y de Bogotá a Madrid con Edgardo. Aníbal impidió ese viaje idílico y eso le significó el odio a muerte de Consuelo, quien en ese entonces tenía unas columnas que, desde entonces, se convirtieron en unas catilinarias de la mayor dureza y crueldad contra Martínez, a quien no bajaba de corrupto, le decía ‘el doctor Merengue’, denigraba de su raza, de su familia, de su color, del aspecto de su rostro. Consuelo y Edgardo terminaron casados y tuvieron un hijo, Edgardo José.
Pero ese bello idilio le costó la tranquilidad y muchas posibilidades a este hombre noble que murió el viernes anterior. Fue un ataque permanente e inhumano contra un hombre que no tenía un medio de comunicación del poder de El Espectador, para defenderse.
En Valledupar, de manera insólita, todo el mundo, de todos los estamentos sociales, se solidarizó con Martínez. Bueno es decir que Martínez se portó a las mil maravillas con la élite vallenata, a la que enganchó en bondadosos puestos cuando tuvo el gran poder nacional en sus manos.
En cambio a la Cacique la quería medio Valledupar, y la otra media comunidad la odiaba. Cosas de la vida.
Martínez Zuleta fundó una de las mejores emisoras de hoy en día en Valledupar, La Voz del Cañaguate. Y como los Araujo son dueños de Radio Guatapurí, la pelea era en este caso, no de pretil a pretil, sino de emisora a emisora.