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Análisis.- Las declaraciones de Humberto De la Calle

Advierte que las condiciones han cambiado, hoy existen “el Tratado de Roma y la Corte Interamericana”. Y, además, la Corte Constitucional también ha endurecido sus Sentencias. 

Por Rafael Sarmiento Coley

No es usual que el Gobierno, en un tema tan delicado como el actual proceso de paz que se adelanta con las Farc, le dé vía libre a su principal vocero en ese complicado asunto, el exministro y exvicepresidente Humberto De la Calle, para que ponga varios puntos sobre las íes y, al mismo tiempo abra puertas y ventanas para un ‘hasta aquí llegamos’.

Manuel Marulanda Vélez, mejor conocido como ‘Tirojofijo’, después de darse plomo con el Ejército durante casi 80 años, murió de muerte natural en su cambuche en las montñas, con su poncho y su toallita.

También es poco común que la entrevista, magnífica como todos sus trabajos periodísticos, del colega Juan Gossaín, hubiese sido facilitado de manera simultánea a los principales medios periodísticos tradicionales y a los de las nuevas tendencias, como este portal www.lachachara.co

De la Calle afirma de manera sorprendente: “es posible que un día de estos las Farc no nos encuentren en la mesa (de negociaciones) de La Habana”. Frase contundente que encierra muchas aristas. La primera es que ya hay un cansancio de parte del Gobierno en un proceso que es como las procesiones interminables de Mompox: un paso para adelante, y dos para atrás. Así no se llega a ninguna parte.

También afirma Humberto De la Calle, el brillante Ministro de Gobierno que manejó con mano sabia, en el Gobierno de César Gaviria, las sesiones de la Asamblea Nacional Constituyente. Durante seis meses manejando con la más fina diplomacia a esos tres tigres que presidieron dicha Asamblea: el desaparecido caudillo conservador Álvaro Gómez Hurtado, el jefe del M.19 Antonio Navarro Wolff y el líder del Partido Liberal Horacio Serpa Uribe. Repito, De la Calle considera muy constructiva la propuesta del senador y expresidente Álvaro Uribe de que haya “unas zonas rurales de concentración”.

Alfonso Cano, reconocido ideólogo de las Farc y jefe único en el momento en que fue abatido por las Fuerzas Militares, dejó un tremendo vacío. En las Farc hoy no hay una cabeza pensante con las neuronas de Cano.

Es pertinente recordar el perfil del actual Jefe de Negociaciones en La Habana. Por su excelente trabajo en la Constituyente de 1991. Y por la firmeza de haber renunciado a una Vicepresidencia por principios morales y razones políticas de peso. Desde entonces se le conocer a De la Calle como un hombre prudencia, diplomático, discreto pero de temple y sincero al momento de expresar sus inquietudes.

De este proceso de paz que ya lleva casi tres años, asegura que durará muy poco. Se está acabando. Las Farc, en uno de sus peores momentos, quieren asumir la actitud de otras veces, retirarse de la mesa y volver al monte. Eran otros tiempos. Ya de eso no queda nada. Los principales líderes históricos, los caudillos institucionales, los ideólogos más talentosos y sagaces, todo eso está, lamentablemente, dos metros bajo tierra por culpa de la tozudez de las mismas Farc.

Hoy, cuando el 80 por ciento de los colombianos no quieren saber nada de guerrillas ni mucho menos de causas perdidas, tanto las Farc como el ELN saben que la juventud, que era su tesoro mimado, está en otra nota, hasta el punto de que, para poder ‘reforzar’ sus frentes, tienen que recurrir al reclutamiento forzado.

El Monojoy era un hijo de crianza de Tirofijo. Le cargaba la mochila de los tabacos y los ponchos. Pero era un guerrero fiero y sanguinario. Murió en combate.

La guerrilla se convirtió en un fósil. Y ella no se ha dado cuenta.- Que todavía tiene capacidad de hacer daño. Claro que sí. Cualquier par de locos amarran un taco de dinamita al tubo del gasoducto, lo vuela, hay derrame de crudo, contaminan decenas de ríos ciénagas y quebradas dejando en la miseria a miles de pescadores y sin agua a docenas de pueblos. Eso es, exactamente, lo que están haciendo hoy los reductos de las Farc y el ELN que siguen en el monte. La certeza que tienen los organismos de inteligencia colombianos es que estos grupos sobrevive, de manera franca y cínica, del cultivo, procesamiento y transporte de la coca. Eso les da muchas ganancias, pero les cierra las puertas para entrar a una negociación de paz seria. ¿Entregarán los hornos ocultos en la selva en donde procesan toneladas de cocaína? ¿Entregarán las rutas, que necesariamente implican a su socio el ejército venezolano? Esas son las otras preguntas del millón.

Por la vía de la negociación se les están brindando condiciones para que –como ocurrió con el M-19, Quintín Lame, PRT del Comandante Valentín Gonzáles- tengan una salida decorosa y hasta obtengan varias curules en el Congreso (en su momento esos grupos llegaron a tener en el parlamento 22 curules, más que las que tiene hoy el Centro Democrático de Uribe).

Ahora, no es cierto, como dice un columnista uribista en este mismo portal que la justicia de transición estará ubicando a varios ‘terroristas’ de las Farc en el limbo jurídico. Es decir con beneficios excesivos que quebrantarían la legalidad jurídica en Colombia.

De la Calle advierte que, de manera muy evidente, las condiciones han cambiado con respecto, por ejemplo, a lo que ocurrió en los 90. Hoy existen “el Tratado de Roma y la Corte Interamericana. La legislación interna también ha cambiado. Hay fallos de nuestra Corte Constitucional según los cuales no se pueden suspender la totalidad de las penas. Pero, además, el país exige justicia sin amnistías generales”.

De tal manera que pueden estar tranquilos los columnistas uribistas que el Gobierno no está pensando entregarles un cheque en blanco a las Farc. Sobre todo porque quien manda hoy en Colombia sabe más que nadie que las guerrilleas están diezmadas, militar, ideológica y estructuralmente. Los jefes históricos que le dieron renombre y peso a esas guerrillas, como el legendario Tirofijo (murió de muerte natural, aunque Uribe no lo creyera en  su momento), Raúl Reyes, el Mono Jojoy y el gran ideólogo de los últimos tiempos, Alfonso Cano, pasaron a mejor vida.

Queda al frente de las Farc un grupo variopinto. Unos dos o tres pensantes serios, pero con serios defectos para transmitir sus ideas (sufren el complejo de la ‘lengua pegada’); otros son irremediablemente tartamudos como el célebre emperador romano Claudio. Y los hay que son unos verdaderos folclóricos, compositores de canciones ridículas, y hay también –imposible que no- uno que otro payaso de los que nunca faltan en estas agrupaciones en las cuales siempre hace vida común el bufón para aliviar los momentos de tensión.

Sí. Definitivamente De la Calle habló muy claro, y quienes lo quieran entender, que lo lean despacito, muy despacito. Se las dejo ahí, como decía el Cacique Diomedes Díaz.

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