El finado boxeador estuviera cumpliendo 51 años de edad: nació el 3 de septiembre de 1964 en Montería. Serie «Historias secretas»
Por Francisco Figueroa Turcios
Amparo Acosta dialoga con el periodista Francisco Figueroa Turcios. Fotografía tomada por Jairo Buitrago hace 30 años.
Treinta años después de la muerte de Robinson Pitalúa Támara, su novia, Amparo Acosta Morales, decide romper el silencio y hablar en exclusivo con el portal Web Lachachara.co sobre los últimos momentos de su relación con el pugilista monteriano, considerado una de las revelaciones del boxeo colombiano en la década de 1980, cuya proyección se cortó con su extraña y prematura muerte.
Falleció a los 21 años de edad. Cuando tenía todo un mundo por delante por su fuerte pegada, su magnífico sistema de defensa, su estampa, su don de gente. Era un boxeador fuera de lo común. Parecía más bien estudiante de medicina.
Amparo Acosta, quien tenía 19 años de edad cuando murió Robinson Pitalúa, juró amor eterno enmarcado en la frase: «Robinson seguirá viviendo en mi corazón». Treinta años después ella revela que su relación con Robinson fue muy especial. «La relación con Robinson me marcó para toda mi vida. Fue el amor de juventud. Significó felicidad».
Ella reconoce que todavía sueña con Robinson.»Yo hablo con Robinson en el sueño. Siempre lo veo contento», relata Amparo. Hace una pausa en la charla y luego continua: «El único día que lo vi triste fue el día antes de su muerte. Lo voy a confesar hoy 30 años después de la muerte de Robinson. Ese día estuvo de cuerpo presente en mi cuarto, pese a que él estaba en Miami. A las 10 de la noche cuando me dispongo a acostarme sentí un frío de muerte. Yo estaba despierta. Abrí los ojos y Robinnson estaba de pie frente a mi cama. Me miraba fijamente. Él estaba vestido con la ropa que a mí siempre me daba rabia cuando él se la ponía: camisa de cuadros pequeños y un pantalón todo desgastado. Cuando lo vi que me miraba fijamente, yo grité fuertemente. Del grito desperté a mi abuela, Manuela, que dormía en mi cuarto. Ella me preguntó: ‘¡¿qué te sucede, hija?!’ y le conté lo que me había ocurrido. Ella me dijo: «yo también sentí el frío de la muerte». Al día siguiente me levanté con una tremenda tristeza. Presentía que algo malo sucedería. Y no estaba equivocada: ese día murió Robinson».
Amparo reconoció que hace una semana, 30 años después de aquel suceso, una psicóloga le hizo una evaluación y le diagnosticó que no había superado el impacto sicólogico de la muerte de Robinson Pitalúa.
A Robinson lo mataron
Treinta años después de la muerte de Robinson Pitalúa, la joven que era su novia, Amparo Acosta, continúa viviendo en Montería y hoy está casada con Renulfo Godín, y tiene un solo hijo, Javier.
Amparo recuerda que Robinson le comentó que había ganado más plata «en propinas, que lo que iban a pagar por la pelea. Como teníamos planeado casarnos en el mes de diciembre él me dijo que los dólares me los consignaría el lunes a primera hora para que terminara de comprar lo que me hacía falta para los arreglos del matrimonio. Los dólares están seguro: los tengo guardados debajo del colchón. Yo le pregunté qué iba a hacer el domingo. Él me confesó que el boxeador Jaime Polo lo había invitado a pescar al lago artificial».