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Amarga intrascendencia

Por Jorge Guebely

Avanza el golpe blando y Petro se ayuda. Ya le piden renuncia, ya la caverna trota sobre ciprés. Porta la misma bandera: escándalos sobre banalidades, lo secundario convertido en esencial.

Primero, la declaración del comisionado de paz. El “buen gesto del ELN” alborotó nuestra élite, activó a sus periodistas y políticos. Después, las chuzadas a una señora humilde hurgó la falsa indignación nacional por violar la ley que siempre han violado. Esta semana, los audios de Benedetti, el peor escándalo en la historia política de Colombia, perversa hipérbole.

¿Qué sucedió con las declaraciones de Mancuso?, ¿con las miserias humanas de nuestras élites? Todas en el olvido. Atrás: La razón criminal de las Convivir, la complicidad del ejército nacional con paramilitares. Atrás: el gobierno de Uribe pidiendo paramilitares, Fedegan y Francisco Santos con las mismas infamias.

A punta de escándalos insubstancialidades sepultan lo substancial. La reforma agraria, por ejemplo; inhumana realidad nacional: unos pocos con millones de hectáreas improductivas. Posesión feudal. Enmascaran el alma de nuestra élite agraria, renuente a la función social de la tierra, su tecnificación y producción. “La riqueza de un país no está en la tenencia de la tierra, sino en la productividad”, afirma William Ospina.

Anquilosante mezquindad elitista, nos hunde en la miseria histórica, en el espíritu colonial. No hemos entrado en la tercera revolución industrial, ni siquiera en la segunda a pesar de iniciarse la cuarta. La bárbara codicia terrateniente prefiere la posesión feudal, originar todas las miserias en el campo, los ocho millones de desplazados, las guerrillas que inicialmente pedían justicia por las armas, los campesinos agotados de pedir justicia a una justicia podrida.

Prefirieren colombianos humildes torturados y asesinados en falsos positivos. ¿Qué sentiría el doctor Uribe si le asesinaran un hijo?, ¿al doctor Lafaurie, a Jorge Pretelt, a María Fernanda Cabal? ¿Sentirían dolor? ¿Acaso la voracidad feudal los habría convertido en muñecos de carne y huesos? ¿Acaso no sienten el dolor de los padres con hijos asesinados por paramilitares y militares?

Infames ejércitos cobardes, sólo asesinaban a jóvenes indefensos; la guerrilla, por el contrario, se fortaleció. Normal, ella se crece con las injusticias sociales y humanas del campo. Nada las alimenta tanto como la mezquindad de las elites agrarias. ¿Para cuándo este debate esencial? ¿Hasta cuándo tanta discusiones banales para enmascarar horrendas realidades?

“No hay nada más terrible, insultante y deprimente que la banalidad”, afirmaba Antón Chejov. Peor aún si se la convierte en asunto fundamental de Estado, en discusión cínica para defender sórdidos privilegios. Se convierte entonces en crimen de lesa humanidad

jguebelyo@gmail.com

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