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¿Alien 5? o El regreso de los Xenomorphs

Por Óscar Arias Díaz

Alien: Romulus no es Alien 5, para despejar cualquier duda. Los fantasmas, rastros y estéticas del universo de Alien quedan marcados en esta nueva entrega de la saga que inició en 1979 bajo la dirección de Ridley Scott.

Fede Álvarez, nacido en Montevideo, Uruguay, y conocido por ser el director del remake de Evil Dead (2013), original de Sam Raimi, así como de No Respires 1 y 2, y el reboot de La Masacre de Texas (2022), es ahora el encargado de adentrarse en el universo de Alien con Alien: Romulus. Sin despeinarse, marca un nuevo capítulo del icónico personaje, ahora bajo el control de Disney Studios, dueño de prácticamente todo en el cine de estudio.

Es imposible emitir un juicio o valoración sobre esta película de Alien sin hacer un recorrido por las entregas anteriores: Alien (1979) de Ridley Scott, Aliens (1986) de James Cameron, Alien 3 (1992) de David Fincher y Alien: Resurrección (1997) de Jean-Pierre Jeunet. Hoy en día, estos directores son considerados maestros, y para algunos, incluso dioses del séptimo arte, especialmente en el caso de James Cameron. ¿Qué estudio se negaría a un proyecto de «Jim» Cameron, como se le conoce en Hollywood? La respuesta es ninguno, y lo más complejo es que es un director con contrato de exclusividad con Disney para las próximas entregas de otro universo: Avatar, esos alienígenas azules que luchan por su planeta, Pandora. Para muchos, obras de arte; para otros, productos bien construidos con el único fin de generar taquilla, ganancias y visibilidad.

Dejando de lado esa base del universo de Alien y sin entrar en los spin-offs como Alien vs. Depredador (2004) o Alien vs. Depredador 2: Requiem (2007), lo que nos interesa es adentrarnos en las entrañas de Alien: Romulus, donde sus protagonistas están en los márgenes. En un futuro quizás no tan lejano, la humanidad está cada vez más sometida a los intereses de una corporación. Aunque parezca ficción, el paralelo con la realidad es evidente, lo que se refleja en el guion coescrito por el propio Fede Álvarez y Rodo Sayagues. No cabe duda de que los guiños a la realidad latinoamericana entran como un reflejo de lo que significa venir de otra latitud, lejana a las luminarias, ilusión y magia de Hollywood.

Los tributos al universo de Alien llegan desde los primeros minutos. Hasta los títulos de apertura nos indican que estamos en un universo ya construido. La protagonista, Rain Carradine, interpretada por Cailee Spaeny, a quien vimos este año en Civil War de Alex Garland, encarna un papel que, sin entrar en spoilers, resulta coherente con la saga. No pretendo ser el más purista de esta serie de ciencia ficción, pero en algunos momentos parece un trabajo que no se sale de la línea: una máquina bien aceitada en un engranaje que busca generar más títulos en un futuro no tan lejano, o al menos eso esperan los fanáticos. 

Fede Álvarez se ha especializado en tomar obras emblemáticas del cine de Hollywood y hacer una especie de «reverse engineering» (ingeniería inversa) para captar el interés de nuevas generaciones, que cada vez es más esquivo ante la oferta de contenidos que circulan tanto dentro como fuera de las salas. 

El suspenso, el miedo y la tensión se unen para ofrecernos un recorrido con algunos sustos fruto del efectismo, donde se ponen sobre la mesa críticas sobre la sociedad contemporánea en paralelo con un mundo donde hay seres oprimidos, y a veces, el monstruo está más cerca de lo que creemos. 

No dejen pasar la oportunidad de ver esta entrega en salas de cine porque, aunque luego llegue a las plataformas, la experiencia no los llevará al mundo que comenzó en 1979 y seguirá marcando lo que vendrá en este siglo XXI.

Lo bueno: Se genera un nuevo capítulo que refresca la saga. Si la taquilla responde bien, podríamos adentrarnos en nuevas aventuras para los Xenomorphs, no solo en las salas de cine sino también en las plataformas.

Lo malo: La necesidad de complacer a los fanáticos y puristas de la saga Alien puede llevar a sacrificar una propuesta estética, narrativa o discursiva más original por parte del director. 

Como decía el tagline de la primera entrega de Alien: «En el espacio, nadie te escuchará gritar». En este caso, podría evolucionar a: «Fuera de las salas, a nadie le importará escucharte».

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