Alejandro Char parece estar elaborado de ese material del que están hechos los líderes que mantienen alta su reputación ante la opinión pública pese a sus cuestionables actuaciones.
Escrito por Jorge Sarmiento Figueroa – Editor general
En la actualidad ejerce como coordinador regional de la fundación Buen Gobierno, que dirige la campaña de reelección presidencial de Juan Manuel Santos, y su nombre representa la más firme aspiración para ocupar nuevamente la Alcaldía de Barranquilla, a menos que con Santos reelegido pase a manejar un cargo nacional.
Esto pese a que sobre él pesan 24 procesos en la Procuraduría, a que fue condenado fiscalmente por la Contraloría y tiene abiertas investigaciones preliminares en la Fiscalía por supuestos hechos de corrupción cometidos en conjunto con sus familiares, los primos Nule.
Eso demuestra que la naturaleza le lleva todavía unos añitos de ventaja a los científicos, que, para poder inventar el teflón que parece ser el material que le pusieron encima del cuero de Uribe (desde la cabeza hasta el mismísimo cu…..rubito), han descuajado selvas, han armado y desarmado átomos, y finalmente la DuPont acuñó el invento bajo el estrafalario nombre de Politetrafluorotileno (Ptfe), que es un polímero similar al polietileno, con un átomo de flúor. Y otro átomo que los científicos han tenido medio escondido porque es 100% cancerígeno. En todo caso, la principal materia es el monómero, que sale de industrias como la Monómeros de Barranquilla, pero que es de los venezolanos. Toda esta historia para señalar que fueron los culebreros antioqueños, esos que andan por las calles con un megáfono gritando “todo a mil, todo a mil…juego completo de teflón en donde no se pega ni el cucayo ni se ensucian los políticos audaces”. Como Álvaro Uribe, o su ejemplo en las latitudes costeñas, Alejandro Char.
En el caso de éste último, los reveses jurídicos parecen ser solo pequeños obstáculos y ataques malintencionados de los enemigos políticos en su camino por convertirse en la figura más prominente de la región Caribe. Hasta ahora ha sucedido que cualquier señalamiento por sus actuaciones es visto de inmediato en la opinión pública local como «celos y envidias» de los viejos caciques (Name y Gerlein, en primer lugar).
Este «encanto» por la figura de ‘Alex’, como cariñosamente es llamado en Barranquilla, tiene asidero en el buen recuerdo de su ejercicio en la Alcaldía de Barranquilla en el período de 2008 a 2011. Antes de él, la línea de alcaldes habían terminado en el peor escenario con enredos jurídicos e imágenes de corrupción que a su vez ubicaban a la ciudad como un triste modelo de la región Caribe ante Colombia. Alex revirtió esa línea y se convirtió de inmediato en el más querido Alcalde del país con indicadores sostenidos de imagen cercanos al 100% de aceptación. Desde esa época se asegura que Uribe le cogió cariño al muchacho. Un admirable cálculo político le indicaba que ese muchachito sería un tremendo aliado para su reelección, no solamente por la alta votación que le endosaba esa imagen fresca, sino por la ayuda de la bancada política que lideraba Fuad Char (padre de Alex) para sacar triunfal la reelección del Congreso. Y así fue.
Pero así como es el caso de Álvaro Uribe Vélez, hay hechos que van más allá de la imagen y de los votos cuando se trata de dirigir los destinos de una comunidad.
Todavía miles de familias en el sector de Campo Alegre, una zona considerada de alto riesgo en Barranquilla, recuerdan que la firma constructora Alejandro Char y Compañía, entre otras, las dejó abandonadas con sus casas destruidas, y que él se sirvió de un artilugio jurídico para evadir responsabilidades nombrando a una Alcalde Ad hoc justo cuando el Distrito tenía que afrontar el grave problema.
Ahora los medios locales (ni El Heraldo lo publicó) han hecho caso omiso de la condena fiscal que le impuso la Contraloría, con cinco años de inhabilidad para contratar con el Estado y ejercer cargos públicos, por irregularidades en el manejo de recursos para la entrega de ayudas humanitarias a los damnificados de la ola invernal de 2011.
Este hecho, que en Barranquilla se supo y se manejó más como una vieja anécdota corregible del dirigente, reviste de una gravedad moral de pocos precedentes en el país. Se trató de un dolo en sobrecostos y detrimento patrimonial que consistió en la entrega de bonos con recursos que no estaban habilitados para tal fin y cambiar los recursos destinados para ayudas alimentarias, por ayudas para arrendamiento.
Es posible que la mayoría de la opinión pública barranquillera celebre que el millonario empresario Fuad Char, Senador y padre de Alejandro, haya salido a «dar la cara» en este caso, y en todos, para pagar los millones de pesos a que fue condenado por la Contraloría. Al final lo que parece importar es que a Barranquilla no se la vuelvan a tomar los dirigentes de tradición corrupta que llevaron a Bernardo Hoyos, Edgar George, Humberto Caiafa o a Guillermo Hoenisgerbg a la Alcaldía, y en cambio se mantenga la senda de florecimiento económico y empresarial de la ciudad.
Pero más allá de la imagen y la reputación, e incluso más allá del auge de cemento que vive Barranquilla desde la Alcaldía de Alejandro Char, no deja de ser preocupante que la ciudad no se pregunte por qué un ingeniero civil al que se le cayeron las casas que construyó no soluciona los problemas de las personas que se las compraron, ni por qué a ese hombre joven y rico al que la vida le sonríe política y económicamente se le da por hacer negocios para lucro suyo y de su familia con recursos que todos los colombianos (incluso extranjeros) aportaron para ayudar a los que tenían las aguas del río Magdalena ocho metros arriba de sus cabezas.
No hay que ser enemigo de Barranquilla ni títere de los viejos caciques para preguntarse estas cosas por la figura más prominente y promisoria de la capital del Atlántico. Al contrario, debería ser un ejercicio de sensatez que le aporte al mismo dirigente Alex Char en su periplo público.
Pero es posible que la opinión pública y el periodismo local hayan preferido apoyar con su silencio al remedio «menos malo», para paliar la enfermedad de corrupción que postró a la ciudad durante tantos años. Sin embargo, no hay que olvidar que ese mismo silencio fue el que en el pasado permitió que llegara la enfermedad. Es un caso que da para pensar.
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Tiene la ventaja que es bastante notable (en una manifestación pública no hay que montarlo en tarima, porque con sus dos metros de alto le basta y sobra. Además, Dios también lo premió con un cuello de jirafa, por lo cual en la sala de redacción de El Heraldo se ganó el simpático remoquete de “Garganta e´lata”). Y por último, los contertulios de Fiorillo aseguran que Mauricio ha ganado tanta plata en asesoría a la Alcaldía de Barranquilla en estos últimos seis años que no necesita de nadie para financiar su campaña.