Dejó atrás una carrera corporativa para recorrer el mundo con una mochila y un presupuesto mínimo. En esta conversación con Ricardo Bustamante comparte la filosofía que lo ha llevado a visitar 64 países, gastando apenas diez dólares al día.
Por Ricardo Bustamante
Alejandro Turbay Noguera es un bogotano de 47 años, experto en viajar liviano y barato. No es exagerado afirmar que puede vivir con lo que cabe en su mochila.
Fotógrafo, conferencista y bloguero, sin hijos y sin matrimonio en su currículum, decidió hace más de diez años dejar atrás sus estudios académicos —pregrado (Bachelor of Arts) en Comunicación en Estados Unidos y una maestría (MSc) en Liderazgo hacia el Desarrollo Sostenible Estratégico, en Suecia— y abandonar una vida tradicional de oficinas, trajes, corbatas y cubículos, para buscarse a sí mismo.
Anhelaba viajar alrededor del mundo y lo ha logrado con creces. Ha logrado visitar cuatro de los cinco continentes —solo le falta Oceanía—. La experiencia única de aprender de los diferentes lugares, de su gente, de su historia y de su cultura se convirtieron en un reto que disfruta plenamente.
De Alejandro me llamaron la atención, impulsado por las redes sociales, varias aristas de su personalidad: su buena vibra, su tranquilidad, su amabilidad y su sencillez.
Terminó por atraparme una frase que convirtió en lema:
«Es posible viajar gastando hasta 10 dólares diarios.»
Ese límite económico, que hoy equivale aproximadamente a 35.000 pesos colombianos, parece imposible de respetar. Sin embargo, nuestro viajero asegura que es perfectamente comprobable.
Sé, gracias a las benditas redes sociales, que su abuelo paterno fue presidente de Colombia y que su abuela fue una angelical dama dedicada durante toda su vida a la labor social. Siempre les digo a mis familiares y amigos que ella fue una de las pocas primeras damas que realmente sintieron el placer de ayudar, de corazón, a quienes más lo necesitaban.
Liviano de cuerpo y de equipaje, contando únicamente con sus ideas y con la esperanza puesta en su sueño de viajar, Alejandro se lanzó al vacío con la confianza de que el universo lo ayudaría a cumplir sus anhelos. Y, en efecto, lo consiguió.
Hoy suma kilómetros incontables y 64 países visitados.
Le pedí que respondiera algunas preguntas para comprender mejor cómo es posible viajar ligero y con poco dinero. Estas fueron sus respuestas.
«Quería algo más que una oficina»
Ricardo Bustamante: La actividad de ocuparte en viajar la mayor parte de tu tiempo, ¿qué la motivó? ¿Qué factores influyeron? Dejar atrás un mundo establecido —trabajar en una oficina o de manera independiente, tener un hogar, hijos en la escuela, una esposa o pareja, pagar servicios públicos y privados y tener una casa— es lo común y lo que nuestros padres y la sociedad nos enseñan, expresa o tácitamente. ¿Qué te movió a tomar un camino hermoso, pero diferente?
Alejandro Turbay: El amor por el viaje y por toda la novedad que representa. Amo aprender de diferentes lugares, de su gente, de su historia y de su cultura, ya sea al otro lado del mundo o al otro lado del barrio. Nunca me he casado ni he tenido hijos, así que no tuve que dejar eso atrás. Sin embargo, sí llevaba una vida tradicional de oficinas, trajes y cubículos. Estaba bien, pero quería algo más y, a los 36 años, decidí dejar atrás todo eso para buscarme a mí mismo en los viajes.
«Ser mochilero no tiene nada de despectivo»
Ricardo Bustamante: Tuve la sensación, al terminar de ver y escuchar un video tuyo, de que lo que planteas está dirigido principalmente a los jóvenes y a los mochileros, o a quienes viajan ligeros, sin prejuicios y desprevenidos. Por favor, no tomes la palabra «mochilero» de manera despectiva. ¿Es así?
Alejandro Turbay: Para mí, ser mochilero no tiene nada de despectivo. Más bien representa un estilo de viajar con menos lujo y más aventura. Es una forma de viajar con menor presupuesto que, siento, permite ser más viajero que turista. Es intentar conocer los lugares más allá de lo superficial; acercarse a la gente, a sus culturas, comer donde comen los locales y vivir, aunque sea por poco tiempo, como viven ellos.
¿Se puede viajar así después de los 50?
Ricardo Bustamante: ¿Hay forma de aplicar esa filosofía de «viajar liviano y con 10 dólares diarios» a personas de edad madura, cincuentones o sesentones con buena salud?
Alejandro Turbay: Yo diría que es más fácil viajar «guerreando» cuando uno es más joven, antes de que los años nos pasen factura y empecemos a buscar más comodidad. Sin embargo, creo y sé que todavía es posible hacerlo hasta nuestra fecha de caducidad. He compartido dormitorios en hostales alrededor del mundo con viajeros jubilados de sesenta y setenta años.
Cinco consejos para viajar con poco dinero
Ricardo Bustamante: Por favor, dame cinco consejos básicos para conocer el mundo con poco dinero.
Alejandro Turbay:
- Elegir destinos que no sean tan costosos, tanto dentro como fuera del país.
- Viajar en temporada baja, porque hay menos turistas y mejores precios.
- Buscar conocimiento local. Preguntarles a los habitantes dónde comer o dormir barato. Muchas veces esa información no aparece en las guías y, además, permite interactuar con las personas.
- Utilizar plataformas como Couchsurfing, para ahorrar hospedaje, o BlaBlaCar, para compartir transporte con otras personas.
- Aprovechar buses o vuelos nocturnos, que muchas veces son más económicos y permiten ahorrar una noche de alojamiento.
Más que rasgos, hacen falta actitudes
Ricardo Bustamante: ¿Qué características personales debe tener alguien que quiera emprender un viaje con poco dinero?
Alejandro Turbay: Más que rasgos, diría que hacen falta actitudes. Hay que desprenderse de muchas «necesidades» y también del «qué dirán». Abrirse a experiencias nuevas y diferentes. Recuerdo que muchas veces me encontraba en situaciones que me daban miedo o incomodidad, pero pensaba que probablemente terminarían convirtiéndose en mejores historias y anécdotas que si hacía únicamente lo que siempre había hecho.
En muchas ocasiones pensé: «Yo nunca haría esto… ¡pero hagámoslo!»
Algo maravilloso de viajar es que podemos reinventarnos. Muchas veces nadie nos conoce y esa libertad nos permite descubrir versiones distintas de nosotros mismos.
El miedo casi siempre desaparece
Ricardo Bustamante: ¿Alguna anécdota risible o preocupante que recuerdes especialmente?
Alejandro Turbay: Muchas. Con el tiempo descubrí algo curioso: siempre aquello que me preocupaba terminaba demostrando que no era tan grave. Hoy, cuando me siento asustado durante un viaje, me recuerdo todas las ocasiones anteriores en las que tuve miedo y luego entendí que no había motivo para preocuparme. Me ocurrió, por ejemplo, antes de llegar a Buenaventura o a Belice. Pensaba: «¿Será peligroso? ¿Me pasará algo malo?» Y al final lo que encontré fueron grandes experiencias.
El error que nunca volvería a cometer
Ricardo Bustamante: ¿Qué no volverías a hacer en tus viajes?
Alejandro Turbay: Recuerdo una experiencia en Tailandia. Estaba en una excursión grupal por unas playas y, durante una parada para nadar, decidí subirme a la proa del barco para lanzarme desde lo más alto. El lanchero comenzó a pedirme que me bajara. Yo pensé que era porque le preocupaba que me hiciera daño, así que ignoré sus advertencias y me lancé. Después entendí que aquella parte del barco era sagrada para ellos. Sin saberlo, había irrespetado su cultura, el barco y al propio lanchero. Me sentí terrible. Como si fuera poco, después se desató una tormenta que puso en riesgo nuestro regreso a tierra. Fue una lección que nunca olvidaré.
«No se queden con las ganas»
Ricardo Bustamante: ¿Qué quisieras agregar para quienes leen esta entrevista?
Alejandro Turbay: Mi consejo es que no se queden con las ganas. La vida es corta. Es cierto que debemos ser prudentes, pero también necesitamos atrevernos a seguir nuestro corazón, aquello que nos apasiona. Creo que, si no lo hacemos, terminaremos arrepintiéndonos. En el peor de los casos, fracasaremos. Pero siempre podremos decir que lo intentamos.
Viajar… pero también volver a casa
Ricardo Bustamante: ¿Alguna vez has pensado dejar de viajar y asentarte definitivamente?
Alejandro Turbay: Con los años he bajado el ritmo. He querido estar más cerca de mi familia, especialmente por las necesidades relacionadas con el cuidado de mi mamá. Eso me ha llevado a hacer más viajes dentro de Colombia y Latinoamérica que al otro lado del mundo. Tal vez sea una forma de ir asentándome. Pero también siento que, mientras podamos, debemos seguir haciendo aquello que alimenta el alma. Como todo en la vida, se trata de encontrar un equilibrio. Espero poder seguir viajando hasta que el cuerpo me diga que ya es suficiente.
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