Siempre luchó por las injusticias en el colegio y en la Universidad.
Por: Francisco Figueroa Turcios
Alberto Mario, quien lleva cinco años laborando en la Contraloría Distrital de Barranquilla, nunca dudó que quería ser abogado, su convicción era tan fuerte y quizás por esa misma creencia hizo tanto sacrificio para estudiar Derecho en la Universidad Simón Bolívar. Su padre, Alberto Rafael Renneberg, es taxista; y su mamá, Martha Martínez, profesora del colegio Distrital Iedhueca.
Alberto Mario estudió la primaria y el bachillerato en la Escuela normal La Hacienda. «Desde que comencé a estudiar el bachillerato estaba seguro que estudiaría Derecho para defender a los más vulnerables de las injusticias. En el colegio no permitían la entrada a los estudiantes que no pagaban la matricula, por lo que yo tomaba la vocería ante el rector para interceder por mis compañeros.
Y en la universidad, con tutelas y mecanismos de participación participativos hacía valer los derechos de los estudiantes», recuerda Alberto Mario Renneberg, quien se convirtió en el abogado de la población estudiantil.
Alberto Mario no se conformó con tener únicamente con el título de abogado, sino que realizó dos especializaciones: en estudios políticos y en estudios económicos. Adelantó la maestría en ingeniería social en la Universidad de Paris, y recientemente culminó la maestría en Desarrollo Social en la Universidad del Norte.
Es miembro honorario de la Fundación Corazón Latente, que tiene como misión trabajar con los niños, madres de cabeza de familia y tercera edad en condiciones de vulnerabilidad para mejorar la calidad de vida.
«Servir a la comunidad es la materialización del amor y de la vida. Yo creo incansable en un mundo que no se avergüence del futuro por el hombre», señala Alberto Mario Renneberg, quien tiene la filosofía de una mejor sociedad con equidad social.
Es sin duda un líder social por vocación, que se ha convertido en la voz de los que no tienen voz.