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Agustín Garizábalo:el hombre que ve estrellas antes de que brillen

Por: Francisco Figueroa Turcios

En el fútbol hay goles que estremecen estadios, títulos que llenan vitrinas y figuras que conquistan Europa. Pero antes del aplauso, antes de la ovación, antes incluso del debut, hay una mirada silenciosa que lo intuye todo.: esa mirada pertenece a Agustín Garizábalo.

Durante 25 años es el caza talentos más importante del Deportivo Cali. El hombre que aprendió a descubrir estrellas cuando todavía jugaban en potreros de tierra, con guayos rotos y sueños intactos. Porque detrás de cada figura azucarera hubo primero un diagnóstico suyo. Un presentimiento. Una apuesta.


El día que comenzó todo…

El 22 de junio de 1999 no fue una fecha ruidosa en el calendario del fútbol colombiano. Pero para el Deportivo Cali marcó el inicio de una era silenciosa.

Agustín era entonces técnico de la Selección Atlántico Juvenil cuando Carlos Julián Burbano lo invitó a integrar las divisiones menores del club verdiblanco. Se habían conocido en un seminario organizado por Helmuth Wenin en Barranquilla.

Desde ese momento han pasado 25 años y ahora que ve retrospectiva reconoce que no tenía ni la menor idea que tenía el potencial de un exitoso cazatalentos. “Yo no descubrí mi condición de caza talento. No tenía ni idea. Fue Burbano quien percibió mi talento» revela Agustín Garizàbalo, sin duda uno de los mejores cazatalentos a nivel mundial.

En ese momento el club buscaba algo distinto: no solo exfutbolistas, sino entrenadores con formación académica, capaces de evaluar más allá del físico o la gambeta. Agustín entendió pronto que no era solo “tener ojo”. Era analizar contextos familiares, mentalidad competitiva, disciplina, capacidad de adaptación. Era proyectar futuro. El tiempo se encargó de validar su intuición.


La fábrica invisible de estrellas

Foto: Michael  ortega, Luis Fernando Muriel, Agustín Garizàbalo y Gustavo Cuellar

Si el éxito se mide por nombres, el listado de jugadores de la cosecha de Agustín Garizàbalo es demoledor.

Por las manos y la mirada de Agustín pasaron talentos como: Juan Guillermo Cuadrado, Luis Fernando Muriel, Rafael Santos Borré, Abel Aguilar,  Ciciliano, Armando Carrillo,  Freddy Montero, Pipe Pardo, Michael Ortega, Gustavo Cuellar, Andrés Felipe Roa, Alexis Pérez, William Tesillo, Antony Tapias, Luis Pallares y Andrés Juan Arroyo, conforman el listado de jugadores  más importante que descubrió Agustín Garizabalo, que lo acreditan como el más exitoso en nuestro país.

Cada uno con historias distintas, pero con un punto en común: alguien los vio antes que el mercado. Ser caza talentos no es glamour. Es carretera, es polvo, es estadios vacíos, es esperar horas para ver a un juvenil jugar 20 minutos. Es saber distinguir entre el talento precoz y el talento verdadero.

Surge de inmediato el interrogante: ¿cual es el secreto?

«Lo básico para que un jugador me llame la atención  es que debe tener cierta magia, que invite el ojo a observarlo detenidamente y saque la conclusión de que allí puede haber un proyecto. El siguiente paso es entrar a descubrir si ciertamente para él el fútbol significa el amor de su vida. Si tiene la pasión suficiente para «quemar» los barcos y quedarse en esa isla pase lo que pase.

El descubrir un futbolista no es cuestión de un solo partido; no, yo le hago el seguimiento, observo todo el proceso cuando gana y pierde, para ver si tiene «fuego en corazón», que  le permita que ese muchacho continúe  afrontando todas las dificultades.

«Muchas veces el directivo de un club me referencia un jugador y cuando llego a observar el partido, me llena el ojo es otro por su magia, porque marca diferencia sobre todos», señala Agustìn Garizàbalo sobre los secretos para observar un jugador.


Del Diario del Caribe a sembrador de futuro

Antes del fútbol profesional, Agustín laboró durante diez años en el desaparecido Diario del Caribe en el departamento de suscripciones y terminó en el cargo jefe de ventas.. En esa etapa en Diario del Caribe comenzó a forjar su carrera como director técnico en Soledad, su tierra natal, a través del equipo Gremio Unido. No llegó al balompié desde la comodidad, sino desde el trabajo cotidiano.

En 2005 formalizó contrato con el Deportivo Cali. Y contra todo pronóstico, logró algo que pocos en el fútbol consiguen: pensionarse. En un país donde el fútbol suele ser incertidumbre laboral, su historia también es un mensaje: la profesionalización sí paga. La constancia sí recompensa.

“ Estoy pensionado, no es una cifra astronómica la que gano. No es mucha, pero es fija. Con eso me defiendo”, dice con la serenidad del hombre que sabe que su riqueza no está en el dinero, sino en los jugadores que ayudó a construir.

Literalmente, Agustín Garizábalo en el proceso que adelanta con los futbolistas se considera un eslabón básico, como el profesor de primaria, porque luego el jugador deberá pasar al bachillerato, y encontrará a otros profesionales que le ensañarán o mejoraran sus condiciones futbolistas. «Esa es mi tarea. Uno siente felicidad cuando triunfan en el profesionalismo, es una respuesta que indica que la elección de ese jugador fue la acertada. Es sin duda un orgullo profesional.


El presente y la esperanza

Hoy, con nuevos dueños y renovadas expectativas en el club Deportivo Cali, Agustín Garizábalo no habla de retiro. Habla de esperar.

Después de haber pasado “las verdes y las maduras”, confía en que el fútbol —ese mismo que lo adoptó sin que él lo buscara— le tenga reservado un último reconocimiento.

«No lo he pensado en el retiro, en este momento estoy a la expectativa de ver qué ofrece el club para el futuro, hay nuevos dueños, una renovada energía para realizar grandes proyectos. Después de haber pasado las verdes y las maduras, creo que lo mas coherente es esperar, a lo mejor el fútbol me premia» destaca Agustín Garizàbalo sobre su presente en el deportivo Cali.

Actualmente, uno de sus más recientes descubrimientos es Matías Orozco, pieza clave en el esquema del técnico Alberto Gamero en el Deportivo Cali.

En Colombia celebramos al goleador, al capitán, al que levanta la copa. Pero pocas veces miramos al hombre que estaba en la grada cuando nadie aplaudía.

Agustín Garizábalo no hizo goles en finales, no levantó trofeos ante multitudes, no dio entrevistas tras un campeonato. Pero sembró futuro.

En un país donde muchos jóvenes encuentran en el fútbol una salida a la pobreza, un camino de dignidad y una oportunidad para sus familias, el trabajo del cazatalentos es también una labor social. Es detectar esperanza en medio de la escasez. Es convertir un potrero en plataforma internacional.

Porque cada estrella que brilla en Europa alguna vez fue un niño que alguien decidió creerle. Y durante 25 años, ese alguien, en el Deportivo Cali, tuvo nombre propio: Agustín Garizábalo. El hombre que aprendió a ver las estrellas cuando todavía eran apenas un destello.

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