La editorial ‘Libra Libros’ presenta este trabajo en el que la historia de Barranquilla es contada en sus calles y esquinas. En la gente. En nosotros.
Por Jorge Sarmiento Figueroa
Lo mismo le pasaba a ciertas calles y lugares de Barranquilla. Una cosa es la historia que todavía cuentan los abuelos en las esquinas, los pensionados en el Centro, los combos en las terrazas del Barrio Abajo; y otra es la que aparece en los papeles con membrete, donde las calles son solo nombres y los edificios solo nomenclatura.
Adlai Stevenson Samper, un hombre mezclado de periodismo, literatura e historia, se aprendió las versiones oficiales de doscientos años del trasegar de Barranquilla, pero también salió a las calles y lugares a oír el rumor de su gente, a escuchar los relatos de los viejos, a cogerle el pulso a los atardeceres. Y así descubrimos cómo el Paseo Bolívar ha tenido tantos nombres como historias tiene la ciudad, desde cuando era la Calle Ancha y se traían estatuas de Europa para adornar en esa bella escenografía el anhelo de los ricos parroquiales.
El recorrido de Stevenson Samper nos lleva por cines a cielo abierto, por barrios que fueron aeropuertos, por verbenas, parques, estaderos, avenidas, plazas, puertos, edificios, librerías, personajes, calles y lugares, logrando en un libro de 175 páginas recopilar los dos siglos de historia que hacían falta sobre la ciudad, después del manido cuento de las vacas galaperas y de la pálida reseña de cómo dejamos de ser una villa.
Hace falta ahora sacar el libro de esas librerías y bibliotecas y sentarnos en un taburete en una esquina de barriada, a conocer y disfrutar la verídica historia de la ciudad, antes de que tengan tiempo de venir gobernantes y constructores, que son los encargados de reescribir la nueva historia oficial de Barranquilla.