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Adelmo Achito Vivas, guardián del pórtico

Jugó una temporada en el Junior:1966. (Serie: porteros históricos de Junior)

Por: Francisco Figueroa Turcios

Adelmo  Achito Vivas

En Buenaventura el fútbol no nació en las canchas: nació en los muelles. Entre el ruido metálico de las grúas, el sudor espeso de los estibadores y las casas de madera que parecían resistirle al tiempo y a la humedad del Pacífico, crecieron generaciones enteras abrazadas a un balón.

Allí, donde el calor cae como una manta pesada sobre la piel, también empezó a construirse la historia de Adelmo ‘Achito’ Vivas, guardián del pórtico y heredero de una tierra que convirtió el fútbol en una forma de supervivencia y orgullo colectivo.

Buenaventura fue semillero de leyendas. De allí salieron nombres que todavía retumban en la memoria popular como Delio Gamboa, el inolvidable “Maravilla”; Marino Klinger; Alberto Valencia, el “Cóndor”; Freddy Rincón; Adolfo Valencia, el “Tren”, y Juan Moreno. En medio de esa genealogía futbolera apareció Achito Vivas, un muchacho que entendió desde temprano que el arco también podía ser territorio de resistencia.

A los 17 años dio el salto al profesionalismo con Atlético Nacional en 1958. Era apenas un adolescente enfrentándose a delanteros curtidos, estadios hostiles y a la presión de custodiar la última línea. Pero el verdadero capítulo de su historia comenzó cuando llegó al Deportivo Pereira. Allí encontró continuidad, carácter y reconocimiento. Entre sus guantes fue creciendo un arquero seguro, sobrio y valiente que terminó disputando 219 partidos entre los tres palos.

En Pereira no solo defendió el arco: defendió su lugar en el mundo. Desplazó a porteros experimentados como Ramón García, Heriberto Solís, Carlos Montaño, Samuel Aguilera y Miguel Ángel Cuba. Su nombre empezó a instalarse en la memoria de la hinchada matecaña como el del guardián silencioso que aparecía cuando el peligro acechaba.

Si bien es cierto,  en el Deportivo Pereira, Adelmo, tuvo su mejor desempeño como portero, fue en cuadro ´ Matecaña´ en donde recibió 8 goles en contra de parte del Deportivo Cali en 1962, la tarde más amarga vivida en su carrera deportiva. En 1965 atajó en el Deportes Quindío, jugó 24 partidos, alternando con Armando Santacruz y Américo Tisera.

Achito  Vivas en el Junior

Junior 1966: Roberto Do Amaral, Federico Rodríguez, Pedro Brugés, Adelmo ´Achito´ Vivas, Mene  Segrera, Papi Peña. Abajo: Olinto Fonseca, Enrique Botejara, Joaquín Pardo, Paulo César Lima y Benedicto Ferreyra Escurinho

En 1966, cuando la ciudad de Barranquilla volvía a sentir el latido del fútbol profesional tras el regreso de Junior de Barranquilla al campeonato colombiano, también arribó al puerto un arquero curtido en las batallas del balompié nacional: Adelmo ‘Achito’ Vivas. El viejo guardián del arco llegaba después de trasegar por Atlético Nacional, Deportivo Pereira y Deportes Quindío, cargando en sus guantes la experiencia de cientos de partidos y el peso invisible de las derrotas y las glorias pasajeras.

Barranquilla vivía entonces un renacimiento futbolero. El Junior reaparecía como una esperanza colectiva para una ciudad acostumbrada a convertir el fútbol en carnaval y desahogo popular. Las tribunas volvían a llenarse de tambores, vendedores ambulantes y aficionados que encontraban en la camiseta rojiblanca una extensión de su identidad caribeña.

«Desde que llegué a Junior hice empatía  con Calixto Avena e hicimos una gran amistad que ha perdurado con el trascurrir del tiempo. No había rivalidad, por el contrario nos motivamos el uno al otro a quien le correspondía jugar. Calixto, es un gran ser humano, le guardo mucho aprecio y respeto» señala Adelmo Achito Vivas sobre Calixto Avena.

En ese escenario desembarcó Achito Vivas, recomendado por Antonio Rada, compañero suyo en el Deportivo Pereira y amigo entrañable de largas concentraciones y camerinos compartidos. El fútbol de aquella época también se movía así: por la confianza entre colegas, por la palabra empeñada y por las amistades tejidas entre viajes interminables y hoteles modestos.

Pero el arco tiburón ya tenía otro dueño dispuesto a defenderlo. En la otra esquina aparecía Calixto Avena, el portero cordobés proveniente de Millonarios FC, un arquero de carácter fuerte que rápidamente se ganó la confianza del equipo. La disputa por la titularidad terminó convirtiéndose en una batalla silenciosa entre dos hombres acostumbrados a convivir con la presión y la soledad del arco.

Achito apenas alcanzó a disputar 9 partidos de los 52 compromisos que afrontó Junior en aquella temporada de 1966. Su paso por Barranquilla fue breve, casi fugaz, como esas embarcaciones que llegan al puerto, dejan una estela en el agua y continúan su rumbo hacia otro destino.

Sin embargo, incluso en la brevedad hay historias que merecen ser contadas. Porque el fútbol no sólo está hecho de ídolos eternos y de figuras inmortales. También vive en aquellos jugadores que sostuvieron equipos desde el anonimato, hombres que aceptaron la suplencia con dignidad y siguieron defendiendo su oficio lejos de los reflectores.

La historia de Achito Vivas en Junior parece retratar la condición humana del futbolista de aquellos tiempos: nómadas del balón que iban de ciudad en ciudad persiguiendo un lugar bajo los tres palos. Y mientras Barranquilla celebraba el retorno del Junior al profesionalismo, aquel arquero nacido entre la humedad y los muelles de Buenaventura entendía quizá que el fútbol, como el mar, también está hecho de mareas: unas veces empujan hacia la gloria y otras simplemente obligan a resistir sin dejarse hundir.

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«Me sentí frustrado por no tener mayor regularidad como portero en Junior porque no tuve la fortuna de contar con técnicos capacitados como Antonio Julio de la Hoz, una persona con un temperamento muy fuerte que maltrataba al grupo de jugadores y más tarde a Marihno Rodríguez, que tenía poca experiencia en dirección técnica. No hubo empatía con los técnicos de allí las pocas oportunidades de jugar en el Junior» anota Achito Vivas sobre su paso  por el Junior.

Adelmo, pese a paso fugaz por el Junior mantiene latente los recuerdos de la pasión de la afición barranquillera que asistía desde muy temprano para ir a observar los partidos…» Recuerdo a Roberto Do Amaral, Federico Rodríguez, Pedro Brugés, Walberto Maya, Mene  Segrera, Papi Peña. Abajo: Olinto Fonseca, Enrique Botejara, Joaquín Pardo, Paulo César Lima y Benedicto Ferreyra Escurinho, con quien tuve la oportunidad de jugar en el Junior en año 1966, fue una experiencia inolvidable» revela Achito Vivas, excelente portero colombiano.

Achito Vivas, esta en la historia de Junior porque al lado de Calixto Avena, fueron los guardianes del pórtico de Junior en la reaparición en el fútbol colombiano en 1966.

Adelmo Achito Vivas «Los partidos más importantes que jugué con el Junior fue contra Millonarios, Deportivo Cali, Atlético Nacional, Tolima y Unión Magdalena donde mostré mis condiciones futbolística donde se destaca mi buena ubicación debajo de los tres palos y seguridad para salir a cortar los centros aéreos y buen achique» señala Achito Vivas sobre los cualidades y partidos de mayor trascendencia que jugó en el Junior

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