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Acerca de ese dios

¿No será que el mal es parte de la naturaleza de Dios? ¿Qué Dios es tan malo como bueno? Por Domingo José Bolívar Peralta   Cuando alguien me pregunta “¿crees en Dios?”, obviamente refiriéndose a ese dios único de los monoteístas judíos, cristianos y musulmanes (que es un dios con el mismo origen: “abrahámico”, es la expresión de muchos estudiosos; prefiero la expresión “semita”), yo digo: no sé si existe; pero si ese dios existe, no creo que sea tal cual lo pintan los judíos, cristianos y musulmanes.

Mis razones para manifestarme así son estas:

Se dice, basándome más en las creencias cristianas, que no conozco tanto las otras:

Entonces:

Lo anterior cuestiona la perfección de Dios en tanto que pone en duda que sea todo amor y bondad. Sin embargo, aún se puede pensar que Dios es un ser perfecto: cuando hace el mal o cuando hace el bien, lo hace sin ninguna falla. Pero he aquí donde “la cola tuerce el rabo” (dijo Fulano): los “omnis” de Dios fallan, si Dios es todo amor y bondad y el mal no estaba en sus planes. Ahora, si todo lo que ha sucedido y lo que sucede (y lo que sucederá, ya que estamos en esto) siguen al pie de la letra su libreto, yo pregunto: Viene la tabla de salvación de Dios: el libre albedrío. ¡Qué va! Un dios cuyas características son: inmaculadamente amoroso y bondadoso (nada de mal, in ma cu la do), omnipotente, omnipresente y omnisciente, bien pudo darles a ángeles y humanos (¡vaya que es un dios al que le gusta discriminar!) su buena porción de libre albedrío, sin que esto implique en ningún momento que ángeles y humanos tengan que verse en la miserable disyuntiva de elegir entre el bien y el mal. Porque el libre albedrío puede practicarse dentro del bien y nada más que el bien. Un ejemplo: Juanito va a salir y se pregunta: “¿Qué me pongo hoy, la camisa blanca con rayas azules, la camisa beige o la camisa fucsia con estampado de girasoles?” Una elección libre, en la que los ángeles, y mucho menos Dios, verían necesidad de intervenir, a menos que detesten la camisa fucsia con estampado de girasoles. No es que le hayamos dado un mal uso al libre albedrío, sino que lo tenemos en medio de condiciones y cualidades intrínsecas que nos llevan a elegir lo que en determinado momento se dirá que es malo. Paso seguido se le echa la culpa al pobre Diablo, el chivo expiatorio de Dios, y de los humanos.]]>
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