Solo en la Región Caribe, 8 de cada 10 ciudadanos no salieron a votar. A nivel nacional se rompieron récords históricos de abstención. En 2010 salieron 13 millones de colombianos a votar, esta vez solo creció en un millón.
Por Jorge Sarmiento Figueroa – Editor general
Óscar Iván Zuluaga y los uribistas han salido ya a cantar una victoria que les da la gran ventaja para la segunda vuelta en las elecciones presidenciales colombianas que se realizarán en tres semanas y en las que el contrincante a vencer, el actual presidente Juan Manuel Santos, es ahora el que está con la cuesta arriba al obtener casi medio millón de votos menos que el candidato del Centro Democrático.
Pero los titulares de prensa en los que se refleja la sorpresa de la jornada por el triunfo de Zuluaga, no han registrado el que puede que sea el más contundente resultado de estas elecciones: la abstención cercana al 70%.
«La gente está hastiada de una democracia en la que los candidatos se atacan con armas legales e ilegales, poniendo claramente sus intereses y egoísmos por encima del país», expresó fuera de micrófono y completamente malhumorado un congresista atlanticense al ver la enorme diferencia que hay entre la gente que salió a votar y la que no.
«Ahora en la segunda vuelta es cuando la maquinaria va a funcionar, porque los congresistas le van a pedir a Santos que les de todo lo que pidan a cambio de meterse la mano al dril por revivir su campaña reeleccionista. Y entonces Santos les dará la mermelada del presupuesto. Pero también los uribistas de Zuluaga tienen el músculo financiero para seguir sumando votos y necesitan ese porcentaje final para ganar la Presidencia. La compra de votos lloverá por todos lados y así disminuirá la abstención», analizó «El Negro» González, un curtido conocedor de la política en el Departamento de Córdoba, donde se ve rampante este tipo de prácticas.
Pero en vez de ocurrir que baje el abstencionismo, el hastío por parte del electorado colombiano puede recrudecerse para la segunda vuelta si los candidatos que se enfrentarán, Santos y Zuluaga, siguen demostrando que son capaces de llegar hasta los límites de la ilegalidad con tal de ganar. Lo que el alto porcentaje de la sociedad está expresando es que no quiere más la forma de hacer política con insultos, injurias, calumnias, espionajes, publicidad sucia y demás ataques de bando y bando en que se ha convertido la actual campaña presidencial.
«Nosotros no nos vamos a replegar a nadie. No estamos tampoco con Santos porque ha demostrado que heredó lo peor de Uribe y convirtió al país en una sociedad más corrupta de lo que ya venía siendo. Hoy ningún político mueve un dedo para el bien nacional si no recibe una prebenda. Eso es detestable y esa práctica descarada no la acompañaremos», sostuvo la congresista electa Claudia López, una de las principales figuras de la campaña de Enrique Peñalosa y reconocida anti uribista.
Como habíamos vaticinado con antelación en Lachachara.co, parecería que no importase quién ganara las elecciones en la primera vuelta, al final el resultado sería el mismo: Santos y Zuluaga llevando a los extremos su deseo por tomarse el poder, mientras el país se va por el despeñadero a la falta de principios en el proceder de sus líderes.
Hasta ahora va ganando en votos Zuluaga, que seguro crecerá con el caudal que le sume Marta Lucía Ramírez y quizás Peñalosa. Pero de seguro Santos no se quedará quieto y lo que empezó con una escaramuza de último momento (tres semanas previas a la primera vuelta en la que los señalamientos de parte y parte se hicieron sentir) termine en niveles tan altos de destrucción mutua que al final Colombia de un espectáculo de vergüenza internacional.
La abstención podría convertirse en voto en blanco
Los dos millones de votos obtenidos por Marta Lucía Ramírez es claro que pasan a la campaña de Zuluaga, ya que ambos son fichas del ajedrez uribista.
Pero tres millones de votos obtenidos por Enrique Peñalosa y Clara López estarán en juego para la segunda vuelta y todavía no tienen dueño. Si ese 70 por ciento de colombianos que no salieron a votar analizaran en frío y con menos pasión el poder que tienen en este momento, quizás podrían, junto a los tres millones de los otros que todavía no firman ni con Santos ni con Zuluaga, tumbar a los dos con el arma menos usada hasta ahora: el voto en blanco.
Sería el boicot más contundente y transparente que se viera en la historia del país. Para lograrlo se requiere el 50% +1 del total de los votos que se registren en la segunda vuelta. Si las cifras cuadran, el voto en blanco tendrían que ponerlo al menos 7 millones de personas, cifra que no resulta imposible si se tiene en cuenta el claro desprestigio y rechazo que están teniendo tanto Juan Manuel Santos como Óscar Iván Zuluaga.
Si Clara López y Enrique Peñalosa son coherentes con su discurso de la primera vuelta, ellos tendrían que liderar esta opción. Y si los abstencionistas son conscientes, tendrían que al menos reflexionar que la política en la democracia sigue en sus manos, porque mucha sangre y sudor ha pasado desde los imperios y las dictaduras como para no aprovechar esta oportunidad en la que la oligarquía se ha descarado en su pugna por el poder y justo por esa pelea ha mostrado su mayor debilidad: no pensar en el país.