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Aarón Ramírez, sueña con jugar en los Yankees desde las ruinas del estadio 8 de Diciembre

Por: Francisco Figueroa Turcios

El sueño de Aarón Ramírez viaja más lejos que las fronteras de Corozal, Sucre.

Aarón, con 12 años de edad, imagina el día en que pueda vestir el uniforme de los legendarios New York Yankees, la novena de sus amores, y lanzar desde el montículo ante miles de aficionados.

Sin embargo, mientras su imaginación lo lleva hasta los grandes escenarios del béisbol mundial, la realidad lo devuelve cada día al estadio 8 de Diciembre, un escenario que hoy luce abandonado, silencioso y distante de la grandeza que alguna vez representó para el deporte corozalero.

Aarón no logra comprender cómo una ciudad con tanta tradición beisbolera permite que su principal escenario deportivo permanezca sumido en el deterioro. Para él resulta difícil entender por qué, mientras jóvenes de otras ciudades cuentan con campos adecuados para entrenar, desarrollar sus habilidades y perseguir sus metas, los niños de Corozal deben enfrentarse a las limitaciones de una infraestructura que parece haber sido olvidada por quienes tienen la responsabilidad de preservarla.

Cada tarde en que busca un espacio para perfeccionar sus lanzamientos, el joven pitcher encuentra más preguntas que respuestas. El estado de la grama, las condiciones del terreno y la falta de mantenimiento se convierten en obstáculos para una generación que solo quiere practicar el deporte que ama. Aun así, ni el abandono ni las dificultades han conseguido apagar la ilusión que brilla en sus ojos cuando habla de béisbol.

La historia de Aarón es también la historia de muchos niños y adolescentes de Corozal que sueñan con seguir los pasos de los grandes peloteros que han surgido de la región. Son jóvenes que no piden privilegios ni comodidades extraordinarias; solo reclaman el derecho a contar con un escenario digno donde entrenar y construir su futuro.

Y quizás allí reside la mayor deuda social que revela el deterioro del estadio 8 de Diciembre. Porque cuando se abandona un escenario deportivo no solo se agrietan las graderías o se deteriora el terreno de juego; también se ponen en riesgo los sueños de una generación.

Mientras Aarón sigue lanzando pelotas imaginarias rumbo al Yankee Stadium, Corozal tiene ante sí una pregunta ineludible: si no se cuidan los espacios donde nacen los sueños, ¿dónde aprenderán los niños a convertirlos en realidad? El béisbol espera una respuesta, y con él, toda una generación que todavía se resiste a dejar de creer.

Juegos Nacionales era la esperanza…

Foto: Francisco Figueroa Turcios y Aaròn Ramìrez

Los corozaleros recibieron con entusiasmo la noticia del 22 de agosto de 2024, cuando el Gobierno Nacional confirmó a Sucre y Córdoba como sedes de los XXIII Juegos Deportivos Nacionales de 2027.

Aquella designación despertó una ilusión colectiva: que el histórico estadio de béisbol 8 de Diciembre, sumido en el abandono desde hacía más de dos décadas, fuera incluido entre los escenarios llamados a renacer con las inversiones que acompañan una cita deportiva de semejante magnitud.

Pero el sueño comenzó a desvanecerse el 10 de junio de 2025, cuando se conoció la distribución de sedes y subsedes para las diferentes disciplinas de las justas nacionales. Sincelejo y Montería sedes principales. Por Sucre fueron escogidas como subsedes Tolú y Coveñas y por Cordoba. San Antero, Cereté, Lorica y Ciénaga de Oro.

Corozal no apareció en la hoja de ruta del béisbol. Con esa decisión también se apagó la expectativa de una intervención inmediata al estadio 8 de Diciembre, cuya estructura continúa esperando el rescate que durante años han reclamado deportistas, entrenadores y dirigentes locales.

Más que la exclusión de un municipio en un listado de sedes, para muchos corozaleros aquello significó la pérdida de una oportunidad histórica. Porque detrás de cada escenario deportivo abandonado no solo se deterioran paredes y graderías; también se erosionan los sueños de cientos de jóvenes. como el caso de Aaròn Ramìrez, que sueña que ser pitcher de los Yankees de New York que buscan en el deporte una alternativa de vida, disciplina y esperanza.

El estadio 8 de Diciembre sigue allí, silencioso y resistente, como un viejo guardián de la memoria beisbolera de Corozal, esperando que algún día vuelva a escucharse el eco de los bates y los aplausos que durante décadas le dieron sentido a su existencia.

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