Partimos de una sola pregunta que nos ayudará a entender la complejidad del debate sin correr el riesgo de simplificarlo: ¿Qué sabemos sobre la ética?
Hubo muchas respuestas, que fueron buenas opiniones…hubo otras que fueron toma de posiciones con el carácter de buena noticia. Pero no faltó quien la sacara del estadio con sorna, picardía y burla: “Para mí la ética es el nombre de la más pequeña de las Islas de Grecia”. Esta afirmación me produjo perplejidad como responsable de las memorias del conversatorio. Busqué rápidamente los nombres de las posibles Islas de Grecia y ciertamente ninguna tenía este nombre. No se podía esperar menos. Queda claro que hace carrera una propuesta ética inspirada únicamente en el propio interés.
De lo dicho tomé algunas notas que les comparto: “Hoy no hay espacio para el altruismo y la preocupación por el otro, por más que lo grite el Papa Francisco”; “Lo único que interesa hoy a la gran mayoría es el bienestar y el confort”; una frase que me pareció célebre: “Quienes sienten la pasión por cazar águilas… no se ponen a coger mariposas”; “El egoísmo es la clave de estos nuevos tiempos democráticos” y la fresa del pastel: “Trump en USA ya comenzó a gritar: ‘Good ethics make good business’”.

Manolo Duque, alcalde de Cartagena
En tal sentido el filósofo y sociólogo francés Gilles Lipovetsky afirma: “Una persona buena en el sentido de la moral del deber no siempre produce beneficios, por eso todos preferimos un gestor que robe un poco, pero que incremente la cuenta de resultados, a una bellísima persona que con su bondad nos lleve a la ruina. Los santos pueden ser perjudiciales para el bienestar general, mientras que los astutos pueden resultar beneficiosos. Al individuo responsable le interesarían más los segundos que los primeros”.
Con todos estos elementos está claro que la sociedad del futuro se ha de construir sobre este “individualismo responsable”. Las cosas funcionarán bien si cada uno se preocupa razonablemente de lo suyo. No hace falta ocuparse de los otros. La solidaridad quedaría en un segundo plano, porque no es obligatoria, es más bien un valor sagrado laicizado, que no ocupa el primer lugar. El individualismo es el código de la democracia moderna.
Nuestro conversatorio finalizó con tres conclusiones:
• La primera es que en una “ética individualista” desaparece el interés por el otro, el cuidado del débil y la atención al que sufre.
• La segunda es que quien quiera seguir practicando la solidaridad será porque le interesa o porque le apetece, ya que, en última instancia, todo se enfoca desde el propio interés.
• La tercera, y esto fue lo más contundente, es que no sabemos qué es más desmoralizador: reírse del quehacer filosófico y de la ética aludiendo a cierta “isla griega” o proponer una ética que nos convierte a todos en “islas”.
Como creyente y ciudadano, que ama y padece este Corral de Piedras no puedo sino lamentar la ruina del ethos que es lo que está a la base de la afirmación del alcalde, y me permito decir que en Cartagena nunca va a nacer una sociedad digna del ser humano promoviendo el desencuentro, el desamor y la insolidaridad entre las personas, los grupos y las comunidades, que es la propuesta indecente del “individualismo responsable”.