El nuevo mandatario logra llegar al Palacio de Liévano, esta vez en un reñido cara a cara con Rafael Pardo, a quien superó por 100 mil votos.
Por Jorge Sarmiento Figueroa
A diferencia de Barranquilla, donde en la práctica hubo un solo candidato a la Alcaldía, en Bogotá el abanico de aspirantes de primera línea por ocupar el Palacio de Liévano hizo que las elecciones tuvieran el máximo interés.
Enrique Peñalosa, nacido en los Estados Unidos pero cachaco hasta las cachas, y quien presentó su candidatura a la Alcaldía por quinta ocasión sin la sombrilla de ningún partido, sino por la recolección de firmas ciudadanas, logró ganar por segunda ocasión la contienda con más de cien mil votos de diferencia respecto de su más cercano contendiente, el liberal Rafael Pardo.
Además del nuevo triunfo de Peñalosa, la otra noticia destacada en Bogotá fue la derrota del Polo Democrático, partido que ostentó la Alcaldía de la capital en los últimos doce años. Clara López, quien se presentaba como el resurgir del Polo luego de que sus últimos alcaldes habían protagonizado mandatos agitados y salpicados de escándalos -incluso uno de ellos, Samuel Moreno, aún se encuentra en la cárcel por corrupción-, no pudo recuperar la imagen del partido y solo alcanzó la tercera casilla con cerca de 500 mil votos, muy lejana de los obtenidos por Enrique Peñalosa.
Gracias por la Alcaldía, no quiero la Presidencia
«Gracias de corazón por darme de nuevo esta oportunidad -expresó el nuevo alcalde a las cinco de la tarde del domingo-, les aseguro que solo me interesa la Alcaldía de Bogotá, haré un gobierno alejado de la política». Precisamente sus palabras, medidas con visión política, parecen presagiar todo lo contrario en la victoria de Peñalosa, ya que la Alcaldía de la capital es el segundo cargo de elección popular más importante del país y siempre quiere ser utilizado como trampolín para el Palacio de Nariño. Es decir, que el nuevo alcalde podría aprovechar este triunfo para empezar a a construir su camino a la Presidencia de la República, como lo hizo en su momento Antanas Mockus en uno de sus fallidos intentos por saltar de Bogotá al gobierno de Colombia.
Pero por estrategia y porque la realidad bogotana amerita un regreso a la institucionalidad después de los proyectos fracasados de Moreno y Petro, el nuevo alcalde negó de manera rotunda que tuviera intención de usar su cargo para el oportunismo de sus antecesores. «¡Presidente! ¡Presidente!», vitoreaban felices sus seguidores este domingo, él respondió, al menos de palabra, que se concentrará en la Alcaldía para construir «una ciudad más amable y sin exclusiones». Amanecerá y veremos.












