En los 11 hermanos García Márquez cada uno tenía su rural, pero, con pocas excepciones, todos eran fabuladores.
Por Rafael Sarmiento Coley – Director
En dos ocasiones que charlamos con Ligia Ester García Márquez, quien falleció este domingo en la madrugada a los 77 años de edad en la Clínica La Asunción de Barranquilla, no dejó la menor duda de su capacidad para narrar las vivencias orales; lo que ella guardaba en su disco duro y que nunca plasmó en un computador, o en un libro.
Como sí lo hicieron Eligio Gabriel ‘Yiyo’ García Márquez, el menor de todos, y, por triste paradoja, el primero en marcharse de este mundo, quien dejó para la posteridad un libro que sirve para armar el rompecabezas de muchos episodios de Macondo. O como Aída, con su agradable obra ‘Gabito, el niño que soñó a Macondo’, que recoge tantos recuerdos de infancia de la familia García Márquez, tanto en Aracataca, como en Barranquilla, Cartagena y Sucre (Sucre), en donde vivieron momentos felices y ratos aciagos por tragedias de amigos entrañables, como la muerte de ‘Cayetano Gentile’, personaje aparentemente ficticio de la novela de Gabo ‘Crónica de una Muerte anunciada’, pero que en la vida real, según nos contó Ligia en una segunda charla, “era uno de los mejores amigos de nuestra familia en ese pueblo, Sucre, hoy departamento de Sucre. Era un muchacho hermoso, tranquilo, educado y muy respetuoso. No merecía, por nada del mundo, morir en esas circunstancias, como lo describe Gabo en la novela”.
Esa conversación la sostuvimos mientras el Arzobispo de Barranquilla, Monseñor Víctor Tamayo, hacía los preparativos para una misa de homenaje póstumo a Gabo. Al evento también asistieron Aída García Márquez, la alcaldesa de Barranquilla Elsa Noguera De la Espriella, la niña Lili Rolong (quien entregó un pergamino a la familia García Márquez), y otros familiares y amigos.- La eucaristía, oficiada por Monseñor Tamayo, se realizó en la iglesia del Perpetuo Socorro, precisamente en donde se llevó a cabo la boda de Gabo con Mercedes Barcha Pardo.
Ligia Ester era la quinta de los once hijos de Gabriel Eligio García Martínez (nacido el primero de diciembre de 1901 en Sincé, Sucre, y fallecido el 13 de diciembre de 1984 en Cartagena), y Luisa Santiaga Márquez Iguarán (nacida el 25 de julio de 1905 en Barrancas, La Guajira, y fallecida el 9 de junio de 2002 en Cartagena).
El mayor era Gabriel José García Márquez, llamado familiar y mundialmente Gabo, Premio Nobel de Literatura. Gabo también falleció este año que está por finalizar. Murió en México, Distrito Capital, el 17 de abril de 2014, a los 87 años de edad; y en marzo falleció Gustavo Adolfo a los 78 años de edad. Otro de los hermanos fallecidos es Alfredo Ricardo. Los otros hermanos son: Luis Enrique, Margarita, Aída Rosa, Rita del Carmen, Jaime y Hernando García Márquez. Cinco fallecidos. Seis vivos.
Aída recuerda que, cuando estaba escribiendo su libro, cada vez que se olvidaba de algo o necesitaba precisar un dato, no dudaba en recurrir a la memoriosa Ligia Ester. Por eso era considerada como la guardiana de las memorias de los García Márquez y en su colección dejó innumerables piezas inéditas que tenía ganas de dar a conocer en un museo que soñaba inaugurar con el apoyo distrital.
Lo lamentable es que, cuando más estaba entusiasmada con la idea del museo de sus sueños, empezó a deteriorarse su salud. El pasado jueves entró en profundo sueño del que no despertó. A las 12:30 de la madrugada, antes de concluirse la primera hora del 7 de diciembre, los médicos oficializaron su muerte y en la tarde del domingo se cumplieron sus exequias en el campo santo de Jardines de la Eternidad, en Barranquilla.

Aída García Márquez dice que, para escribir su obra ‘Gabo, el nilño que soñó a Macondo’, recurrió a la mente lúcida de Ligia Ester. «Parecía como si tuviese una computadora en su celebro, para recordar todo al instante».
“Era nuestra historiadora, la que estaba pendiente de recopilarlo todo y quien realizó el árbol genealógico de las dos familias, la materna y la paterna”, destacó Aida García Márquez.
“Ha sido un año complicado, por la muerte, primero de Gustavo y luego de ‘Gabito’, en abril pasado. Me atrevo a decir que lo que Gabo era escribiendo lo era Ligia Ester con la oralidad”, agregó.
El legado de Ligia Ester –quien no tuvo hijos– quedó a disposición de sus sobrinos, a quienes les queda la responsabilidad de hacer realidad su anhelado museo.
También la recuerdan como una excelente conversadora que le gustaba traer al presente todos los recuerdos que albergaba en su memoria, en especial, aquello que tuviera que ver con su infancia y familia.
La muerte de la hermana de García Márquez tomó por sorpresa a sus familiares y amigos, que este lunes festivo todavía llamaban a Barranquilla a confirmarlo.
Ligia fue una de las fuentes familiares consultadas por el biógrafo Gerald Martin en el proceso de reconstruir la historia de Gabriel García Márquez. Martin destaca en los agradecimientos del libro, Gabriel García Márquez, una vida, el papel de la quinta de los hermanos García Márquez a quien cita como “la genealogista de la familia, una ayuda valiosísima para cualquier investigador”, afirma textualmente el biógrafo del Nobel.
Ligia perteneció a la iglesia mormona y su hermana Aida García Márquez le atribuye a esta inclinación religiosa su destreza para hurgar en la historia familiar. Aida también la recuerda como una mujer que vivía proyectada al futuro, amante de la música y contadora de historias.
“Gabito decía que él había escrito las novelas pero que Ligia le hubiera quitado el puesto al hacerlo en narración oral”, cuenta Aida recordando en su memoria a los hermanos fallecidos, y añade “cuando ella tomaba la palabra, para hablar de sus hechos, de sus cosas, tenía que ser desde el principio hasta el fin, la historia completa… era una gran narradora”, destaca Aida.












