El histórico reportero gráfico falleció este domingo 27 de septiembre en Barranquilla, a los 85 años. Rafael Sarmiento Coley recuerda al hombre de carácter fuerte y enorme talento que compartió con Álvaro Cepeda Samudio y una generación inolvidable de Diario del Caribe y El Heraldo.
Por Rafael Sarmiento Coley
José Epifanio “Copete” Acuña Daza, uno de los íconos de la fotografía periodística del Caribe colombiano, falleció este domingo 27 de septiembre en Barranquilla, después de permanecer recluido en la Clínica La Merced. Tenía 85 años.
Con su muerte se va uno de los reporteros gráficos de una generación que registró buena parte de la historia de Barranquilla y del país. Por su lente pasaron personajes y acontecimientos memorables. Entre ellos, la conquista del primer título mundial de boxeo para Colombia, cuando Antonio Cervantes “Kid Pambelé” derrotó a Alfonso “Peppermint” Frazier, el 28 de octubre de 1972, en Panamá.

En el periodismo hay un aforismo que señala que “no hay muerto malo”. Y tiene mucho sentido. Porque nadie que tenga una gota de nobleza en su alma puede llegar al extremo de lo inhumano de denigrar de alguien que ya no está entre los vivos para defenderse.
Pero siempre hay una excepción. Y esta es una de ellas, porque se trata de un ser humano excepcional que se vivió la vida a grandes sorbos: José “Copete” Acuña, bautizado como José Epifanio Acuña Daza, nacido en Villavicencio, capital del departamento del Meta, el 8 de octubre de 1940.
Sus padres, Arnaldo Acuña y Ana María de Acuña, se trasladaron a Barranquilla en busca de mejores oportunidades. Dadas las precarias condiciones económicas, buscaron alojo en el sector de más bajo nivel socioeconómico de la Barranquilla de la época: el legendario barrio Rebolo, donde fueron vecinos de un muchachito travieso que jugaba bola de trapo por las calles polvorientas en verano y llenas de barro en invierno. Ese muchacho alcanzaría después la fama internacional como Nelson Pinedo, uno de los cantantes históricos de la monumental Sonora Matancera.
Ahí, en esa zona, se afincaron Arnaldo Acuña y doña Ana de Acuña. Poco después, Serafín encontró trabajo en el restaurante “Corralejas”, de propiedad del antioqueño William Meza Bermúdez. Allí Serafín se enganchó como ecónomo. Sus labores consistían en ir al mercado público de Barranquilla en horas de la madrugada a comprar las viandas para el restaurante.
Por esas coincidencias de la vida, años después, en 1968, cuando llegué como primíparo a Diario del Caribe, me encontré a Copete Acuña como el fotógrafo favorito del exigente maestro Álvaro Cepeda Samudio.
Copete Acuña era de un carácter fuerte, tanto así que, en voz baja, lo llamábamos “Rabiavieja”, apodo que también el periodismo barranquillero le puso al entonces presidente de la República, Carlos Lleras Restrepo. Era un irascible irremediable que defendía a capa y espada la preponderancia del altiplano cundiboyacense.
Eran los tiempos en que los bogotanos estaban convencidos de que Bogotá era la “Atenas Suramericana”. Y, por lo tanto, odiaban a todos aquellos costeños que asomaran la cabeza en el ámbito nacional.
El Grupo Santo Domingo ya se había consolidado como el propietario de la mayoría accionaria de empresas emblemáticas como Bavaria, Águila, Avianca y, para colmo de males para Lleras Restrepo, con un periódico que empezaba a tener mucha fuerza en la región por su nueva forma de entender y ejercer el periodismo, al mejor estilo del diarismo estadounidense que en aquellos años avivaban figuras como la de Ernest Hemingway y Truman Capote.

Cepeda Samudio había sido enviado por don Mario Santo Domingo a estudiar periodismo, cine, radio y televisión en una de las mejores universidades de Nueva York.
Cuando regresó a Barranquilla, convenció a don Mario Santo Domingo para que comprara un periódico de propiedad de Luis Felipe Pacini Santo Domingo. Era un joven visionario, sobrino de don Mario. En realidad era un “puediario”. Salía a circulación cuando el propietario lograba reunir la pauta para comprar los materiales de impresión.
Cuando Cepeda Samudio convence a don Mario Santo Domingo para la compra del periódico, se abre una puerta para que el Grupo entre en la etapa más audaz. Ya no solo tenía un periódico propio, sino la empresa que requería para otros menesteres del Grupo.
Así nació Tapas y Envases (Tapensa), que trajo a expertos de Alemania, Rusia y hasta un checoslovaco que inventó una nueva forma de tapa para la cerveza. Como no se conocía esa nueva forma de la tapa porque antes se hacía con el engorroso corcho, tampoco tenía nombre. Y como lo había “inventado” un “checo”, entonces comenzó a llamarse “la checa”. Y los muchachos del barrio Abajo de Barranquilla, en cuyas inmediaciones quedaban Tapensa y Diario del Caribe, inventaron una variante del béisbol jugado con chequitas y una vara de matarratón.
José “Copete” Acuña, en sus años mozos, jugó “chequita”. Era un gran bateador. El único problema era que no le gustaba perder y, al igual que Cepeda Samudio cuando jugaba basquetbol, terminaba dándose trompadas con los jugadores del equipo contrario.
Pero cuando se le pasaba la rabieta se convertía en “un man bacano”, como le decía la chiquillada.
Ese era, a grandes rasgos, el Copete Acuña que compartió con nosotros esa bella época en Diario del Caribe.












