ActualidadArte y CulturaCultura general

Darío Pavajeau, el hombre que se volvió canción

Por. Francisco Figueroa Turcios

Hay hombres que pasan por la vida dejando recuerdos. Otros dejan obras. Y existen unos pocos, privilegiados por la memoria y por el destino, que terminan convertidos en canción como el caso de Darío Pavajeau Molina.

El nombre de Darío Pavajeau trascendió las fronteras de la vida cotidiana para instalarse en uno de los lugares más sagrados del universo vallenato: las letras de los juglares. Allí donde solamente entran los personajes capaces de despertar admiración, amistad, afectos, historias y emociones, y èl encontró una morada definitiva.

Cuando el hombre se convierte en leyenda

Foto: Darío Pavajeau Molina

Darío Pavajeau, no necesitó sentarse frente a un acordeón para hacer vallenatos. No tuvo que escribir versos ni construir melodías. Otros lo hicieron por él. Compositores de distintas generaciones tomaron su figura, su personalidad y sus circunstancias para convertirlo en inspiración. Y ocurrió algo extraordinario: Darío Pavajeau dejó de ser solamente un hombre para convertirse en personaje.

El nombre de Darío Pavajeau quedó atrapado en canciones que el tiempo no ha podido borrar. Basta con hacer un recorrido por algunas de ellas para comprender la dimensión de esa presencia: El caballero noble, de Adolfo Pacheco; Aquella guitarra, de Gustavo Gutiérrez; El abrazo guajiro, de Carlos Huertas; Segundo Festival, de Alejo Durán, y Mi canto sentimental, de Poncho Zuleta. Cinco canciones. Cinco compositores. Cinco maneras de mirar a un mismo hombre. Y un solo resultado: la inmortalidad. Porque en el vallenato la memoria tiene acordeón

El vallenato nació contando historias. Antes de que existieran grandes escenarios, grabaciones y emisoras que llevaran sus sonidos a todos los rincones, los juglares iban de pueblo en pueblo relatando en sus canciones lo que veían, lo que sentían y, sobre todo, lo que vivían.

Por eso en el vallenato aparecen nombres propios, pueblos, amores, amigos, personajes populares y acontecimientos que de otra manera quizá se habrían perdido en los laberintos del tiempo. Darío Pavajeau entendió, quizá sin proponérselo, esa lógica secreta de la música vallenata.

Fue protagonista de encuentros, tertulias, festivales y amistades con hombres que tenían en sus manos el poder de convertir la vida en poesía. Y cuando un personaje logra entrar en el universo personal de los compositores, corre un riesgo maravilloso: terminar convertido en canción. A Dario Pavajeau le ocurrió varias veces.

El Caballero noble…

Foto: Dario Pavajeau y Adolfo Pacheco

Adolfo Pacheco lo llevó a sus versos en El caballero noble. El propio título parece dibujar de entrada una personalidad: un hombre que no necesitó levantar la voz para hacerse notar, porque su manera de ser ya era suficiente para dejar huella. Y allí está uno de los grandes secretos de Dario Pavajeau: no fue la fama la que lo convirtió en personaje; fue la relación humana que estableció con quienes después se encargaron de cantarlo.

Tema: El Caballero noble

«Yo me puse a contemplar los gallos mio y medité/ que una de las maravillas es la amistad.

Uno me lo dio Darío Pavajeau en Valledupar/  y el otro Nicolás Babrán en Magangué.

El gallo vanidad, un orgullo, una pasión / símbolo de luchar frente a frente y con honor/

y yo califico a Darío Pavajeau/  como un caballero noble en la amistad .

Y otro que a mí me aprecia Nicclás/ por la hermosura de gallo que me dio».

La memoria de una guitarra…

Foto: Gustavo Gutiérrez, Andrés Becerra y Dario Pavajeau

Gustavo Gutiérrez Cabello, uno de los grandes arquitectos de la poesía romántica vallenata, también dejó su huella sobre esa figura en Aquella guitarra.

En el universo de Gustavo, la nostalgia siempre encuentra una puerta de entrada. Sus canciones tienen la capacidad de convertir un recuerdo en paisaje y una ausencia en melodía. Por eso la presencia de Dario Pavajeau en una composición de su autoría adquiere una dimensión especial.

Letra: Aquella guitarra

Voy a dejarle aquí un recado a mi compadre
porque no canten serenata como antaño
oiga mi amigo que le pasa, que le pasa
todavía tiene por delante muchos años.

Cuanto me duele(Bis)
que las costumbres tan queridas de mi pueblo
van muriendo en el recuerdo
y tu reflejas esa nostalgia
del viejo valle que Darío Pavajeau
cantaba con mi guitarra.

Ya no se trata solamente del hombre que conocieron sus contemporáneos. Es el personaje que comienza a vivir en la imaginación de quienes jamás lo conocieron. Ahí está la verdadera magia de la canción popular: alguien puede desaparecer físicamente y, sin embargo, continuar conversando con las nuevas generaciones a través de una melodía. Quizá por eso la inmortalidad musical sea mucho más poderosa que cualquier monumento. Una estatua permanece quieta. Una canción vuelve a vivir cada vez que alguien la escucha.

El abrazo de la Guajira

Foto: Darío Pavajeau y Carlos Huertas

Carlos Huertas, otro de los grandes nombres de la composición vallenata, también encontró en Darío Pavajeau un personaje digno de sus versos en El abrazo guajiro.

Carlos Huertas conocía como pocos ese territorio donde el vallenato se confunde con el paisaje, con la amistad, con las costumbres y con esa manera particular de entender la vida que tienen los pueblos del Caribe. En ese escenario aparece Dario Pavajeau.

Letra: El abrazo guajiro

Y yo les traigo mi abrazo
en mis cantares sentidos,
Saluda el pueblo Guajiro
al Vallenato.

En pleno festival
necesito encontrar
unos amigos míos.

Enrique Cavas P.
a Tobias Daza si,
a Pavajeau Dario.

Para hacer una parranda
donde Tina,
Con Jorge Oñate,
Con Adan y con Colacho.

No como una figura distante, sino como un hombre integrado a ese universo humano que los compositores retrataron con tanta pasión. El vallenato tiene esa particularidad: no separa al personaje del paisaje. Los mezcla. El hombre termina siendo parte del pueblo. El pueblo termina siendo parte de la canción. Y la canción termina siendo parte de la historia.

Alejo Durán también le cantó…

Foto : Alfredo Gutiérrez, Darío Pavajeau, Rafael Escalona y Alejo Durán.

Si existe un nombre que pueda representar la esencia más pura del vallenato tradicional, ese nombre es Alejo Durán.

Alejo tenía una manera sencilla y profunda de contar las cosas. Su acordeón parecía conversar con la vida misma. En Segundo Festival, Darío Pavajeau vuelve a aparecer. Y este detalle resulta especialmente significativo porque Alejo no era un compositor que necesitara inventar personajes para llenar sus canciones. Los encontraba en la realidad, en los caminos, en los festivales, en sus amigos y en los acontecimientos que marcaron su existencia.

Letra: Segundo Festival
Ahora que gano Colacho
el segundo festival
no gustan de ese muchacho
en el pueblo de Valledupar
Esta descontento el pueblo
que meta la mano Dios
hablan de comae’ Consuelo
y los hermanos Pavajeau.

Y lo que el pueblo queria
en el valle los muchachos
un concurso de simpatia
no de aire vallenato
Esta descontento el pueblo
que meta la mano Dios
hablan de comae’ Consuelo
y los hermanos Pavajeau.

Que Pavajeau haya quedado registrado en sus versos significa que su figura estuvo ligada a ese mundo donde el vallenato comenzó a convertirse en patrimonio cultural de una región.La canción, entonces, adquiere también valor de documento. Es memoria cantada. Es historia contada con acordeón.

Poncho Zuleta y la otra dimensión del recuerdo…

Foto: Consuelo Araújo, Darío Pavajeau, Poncho , Emilianito Zuleta y Gabo

Y como si hiciera falta otra prueba de la dimensión que alcanzó el personaje, aparece Poncho Zuleta con Mi canto sentimental.

Poncho Zuleta , dueño de una de las voces más reconocibles del vallenato, convirtió durante décadas historias, personajes y sentimientos en canciones que terminaron formando parte de la banda sonora del Caribe. En su repertorio también quedó registrado Darío Pavajeau.

Tema: Mi canto sentimental.

A traves de tanto tiempo /he podido comprobar

que los hombres parranderos / somos muy sentimentales

Y es un sentimiento / que llevamos en la sangre

y lo exteriorizamos / a manera de cantar (Bis)

Y sin poder negar / A través de tanto tiempo

he podido comprobar / que los hombres parranderos

somos muy sentimentales / Y es un sentimiento

que llevamos en la sangre / y lo exteriorizamos / a manera de cantar (Bis)

Y sin poder negar / lo que el alma siente / porque un alma triste / quiere hablar (Bis)

Donde nace este folklor / es una preciosa tierra

donde habitan los pioneros / de esta música aliciente

Viven personajes / que promueven ese ambiente/ como es Alfonso Cotes / y mi padrino Andrés Becerra (Bis)

Y allá en Villanueva / vive el viejo mío / ya perdiendo el brío / con tantas penas (Bis)

Los hermanos Pavajeau / son personas costumbristas / que ayudan a difundir / estas notas cadenciosas.

Y aquí se completa una especie de círculo mágico: Adolfo Pacheco, Gustavo Gutiérrez, Carlos Huertas, Alejo Durán y Poncho Zuleta. Cinco nombres enormes de la música vallenata que, desde diferentes sensibilidades y épocas, coincidieron en llevar a Pavajeau a sus canciones. No es un hecho menor. En un género donde la amistad ha sido muchas veces materia prima de la inspiración, ser mencionado una vez puede ser una anécdota. Ser convertido en personaje por tantos compositores es otra cosa. Es trascendencia.

El privilegio de ser recordado

Hay personas que pasan décadas buscando la manera de que su nombre permanezca después de su muerte. Darío Pavajeau no tuvo que hacerlo. Los compositores se encargaron de esa tarea. Lo llevaron a las canciones. Lo pusieron a caminar entre versos. Lo sentaron al lado de los acordeones. Lo hicieron parte de historias que seguirán escuchándose cuando ya nadie recuerde exactamente dónde comenzó cada una de ellas. Ese es el verdadero poder de la música popular.

Puede convertir un nombre en leyenda. Puede transformar una amistad en poesía. Puede rescatar del olvido a un personaje y entregárselo a las generaciones que vienen. Por eso, cuando suenan aquellas canciones, no solamente se escucha vallenato. También se escucha una parte de la vida de Darío Pavajeau.

La historia de Darío Pavajeau quedó dispersa en versos de diferentes autores, como si cada compositor hubiese tomado una fotografía distinta de un mismo personaje. Uno mostró su nobleza. Otro su lado sentimental. Otro su relación con la Guajira. Otro lo ubicó en el universo de los festivales. Y otro lo convirtió en parte de un canto sentimental. Pero todas esas miradas terminaron construyendo el mismo monumento. Uno que no está hecho de cemento ni de bronce. Está hecho de música.

Sobre el autor

Comunicador y Periodista. Editor deportivo de Lachachara.co, tiene experiencia en radio, prensa y televisión. Se ha desempeñado en medios como Diario del Caribe, Satel TV (Telecaribe), RCN, Caracol radio, Emisora Atlántico, Revista Junior. Fue Director deportivo de la Escuela de fútbol Pibe Valderrama y dirigió la estrategia de mercadeo y deportes de Coolechera. Para contactarlo: Email: figueroaturcios@yahoo.es
Noticias relacionadas
ActualidadCrónicasDeportes

La encrucijada de Sebastián Viera: ¿Guillermo Paiva, Teófilo Gurierrez o Francisco Fydriszewski ?

AgendaArte y CulturaEntretenimiento

Concierto para “calentar motores”: Domingo Sánchez y su territorio Gauta invitados al festival jazz al parque en Bogotá

ActualidadCrónicasDeportes

El fantasma del título del 2023 vuelve a tocar la puerta del Junior

Cultura general

Cuidado con el acantilado de cristal

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *