Por: Francisco Figueroa Turcios
Hay apellidos que parecen llevar incorporado el sonido de un diamante de béisbol…
Apellidos que, cuando aparecen escritos en una camiseta, despiertan recuerdos, evocan hazañas y obligan a mirar hacia atrás para entender de dónde viene esa pasión. En el béisbol de Sucre, Avendaño es uno de esos apellidos.
Hace casi cuatro décadas, Elmo Avendaño escribió una de las páginas más importantes de la historia del béisbol sucreño. Elmo Avendaño al lado Jesús Carmona, Federico Carmona, Carlos Cardales, Wiklfrido Tobinson, Luis Beltrán, Luis Guarin, Tibursio Yeneris, Robinson Miranda, apoyado con gran staff de lanzadores encabezado por Laureano ´Yayo´Pérez, Antonio y Alberto Pantoja, Antonio Padilla y Manuel Quiroz, orientado por César Curi, fue participé de cinco títulos de la Novena Drogas Curi, representando a Corozal en el campeonato departamental en Sucre en una titánica lucha contra las novenas Tolú Rojo, La Estanzuela y Lotería La Sabanera.
La hazaña de la novena Drogas Curi, permanece en la memoria de quienes vivieron aquella generación dorada. Entre los protagonistas estaba Elmo Avendaño, un beisbolista que defendía el jardín central y que terminó convirtiéndose en una de las grandes leyendas de este deporte en Sucre.
El apellido Avendaño, vuelve al diamante…

Casi cuatro décadas después, el apellido Avendaño vuelve a aparecer en el diamante. Pero esta vez el uniforme le queda grande apenas por el tamaño. Porque quien lo lleva es un niño.
Se llama Kaner Avendaño Acosta. Nació en Corozal, Sucre, tiene apenas 10 años . Es hijo de Elmo Avendaño Mendoza y Gledis Acosta. Kaner juega en la misma posición que alguna vez defendió su abuelo: jardinero central. Como su abuelo, kaner, es todo un todoterreno, porque puede jugar en cualquier posición en el outfielder ( jardinero izquierdo, el jardinero central y el jardinero derecho) que lo requiera el manager de turno.
Quizás por eso, cuando Kaner Avendaño corre detrás de una pelota elevada, hay quienes sienten que están viendo una imagen repetida en el tiempo. Pero no. Kaner Avendaño no es una repetición. Es una nueva historia.
El béisbol estaba escrito en la sangre. En una familia donde el béisbol forma parte de la memoria, Kaner Avendaño creció escuchando seguramente historias de las hazañas de su abuelo Elmo Avendaño en la novena Drogas Curi y la selección Sucre, de los viajes, de los partidos, de las victorias y de aquella generación de peloteros que consiguió lo que hasta entonces parecía imposible: arrebatarle el dominio nacional a departamentos con una tradición beisbolera mucho más poderosa.
El abuelo y el nieto…

El abuelo Elmo Avendaño dejó la historia. El nieto Kaner Avendaño comenzó a perseguirla.
Elmo Avendaño pertenece a una generación que ayudó a construir el béisbol sucreño a fuerza de talento, sacrificio y amor por un deporte que en muchas ocasiones tuvo que luchar contra la falta de escenarios, recursos y oportunidades.
Kaner pertenece a otra época. Una época en la que las nuevas generaciones miran hacia aquellos pioneros y encuentran en ellos una fuente de inspiración. Entre ambos hay casi cuatro décadas de distancia. Hay también una pelota que parece haber viajado en el tiempo.
Y lo curioso es que ambos encontraron el mismo lugar en el terreno: el jardín central. Esa posición exige velocidad, concentración, lectura del juego y una capacidad especial para anticipar hacia dónde viajará la pelota. El jardinero central suele ser una especie de vigía del campo exterior, el hombre que debe interpretar el vuelo de la pelota antes que los demás.
Kaner tiene apenas diez años, pero ya comienza a mostrar condiciones que llaman la atención. Su guante es una de sus cartas de presentación. Pero no es la única. Porque si algo ha comenzado a distinguirlo es su capacidad para golpear la pelota.
Un bate que empieza a hablar…

El talento de Kaner Avendaño encontró recientemente un escenario ideal para mostrarse. En junio, durante el torneo nacional infantil realizado en la capital del Atlántico, defendió los colores de la selección Sucre. Allí no necesitó que nadie le explicara lo que significa llevar un apellido con historia.
Tomó el bate. Entró al cajón. Y comenzó a responder con batazos, así como ya lo había hecho en años anteriores en otros torneos a nivel regional y en Corozal, su tierra natal con la novena Percy Bèisbol.
Su actuación en Barranquilla le permitió conquistar el trofeo de champion bate, una distinción que premia al jugador con el mejor promedio ofensivo del torneo y que, para un niño de apenas diez años, representa mucho más que un trofeo.
Es una señal. Una de esas señales que aparecen temprano en la vida de un deportista y que permiten imaginar que algo especial puede estar comenzando. Kaner Avendaño ya sabe que un campeonato infantil no define una carrera. También sabe que el camino hacia el béisbol grande es largo, exigente y lleno de obstáculos.
Karer Avendaño esta haciendo historia en la novena Percy Bèisbol… cuando apenas jugaba en la categoría Tetero alternaba en la categoría Pony. Cuando jugaba en la categoría Pony jugaba paralelamente en la categoría preinfantil, y ahora en la categoría infantil también en la prejunior… sin duda un pelotero con un gran futuro en el béisbol nacional.
Pero hay algo que ya nadie puede quitarle a la familia Avendaño: aparecen en la primera página del béisbol en Sucre, ahora la Kaner comenzó a escribir su propia historia …
El sueño tiene uniforme de los Padres…

Kaner Avendaño Acosta tiene un sueño que le queda grande a cualquiera de su edad, pero que en el béisbol comienza siempre de la misma manera: con una pelota en la mano, un guante y la imaginación volando mucho más lejos que los límites del terreno. Quiere llegar a las Grandes Ligas.
Y no lo dice de cualquier manera. Kaner Avendaño tiene escogido el uniforme con el que quisiera aparecer algún día en un estadio de las Mayores: el de los San Diego Padres.
La razón tiene nombre propio: Fernando Tatis Jr. Tatis es su ídolo. Lo admira por su manera de jugar, por su talento, por la electricidad que transmite cuando pisa un terreno de béisbol. Para Kaner, el jardinero dominicano representa ese jugador que parece jugar con una alegría distinta, como si cada batazo, cada carrera y cada atrapada fueran también una invitación a soñar.
El otro lado de la historia...

Foto: Francisco Figueroa Turcios y Kaner Avendaño
Y ahí aparece una de esas ironías maravillosas que solamente puede escribir el deporte. Mientras Kaner sueña con convertirse algún día en jugador de los Padres y compartir, aunque sea en la imaginación, el mismo uniforme de su ídolo, Tatis Jr, los scouts de Los Ángeles Dodgers ya le están haciendo seguimiento. Uno de los nombres más grandes del béisbol de las Grandes Ligas observando a un niño cuyo corazón, por ahora, está pintado con los colores de su rival.
Quizás Kaner Avendaño todavía no alcance a dimensionar la dimensión de esa paradoja. Quizás para él Dodgers y Padres sean simplemente nombres de equipos que aparecen en las transmisiones de las Grandes Ligas. Pero para quienes conocen la historia del béisbol de las Mayores, la escena tiene un sabor especial.
El niño quiere llegar a San Diego. El béisbol, en cambio, parece estar llamándolo desde Los Ángeles. Y mientras tanto, Kaner sigue haciendo lo que han hecho todos los grandes soñadores del béisbol: entrenar, aprender, escuchar a quienes saben y volver a intentarlo cada día.
Porque antes de que llegue una firma, antes de que aparezca un contrato, antes de que una organización coloque su nombre en una lista de prospectos, existe algo mucho más elemental: la capacidad de imaginarse allí.
Kaner Avendaño ya se imaginó. Se imaginó en las Grandes Ligas. Se imaginó con el uniforme de los Padres. Se imaginó siguiendo las huellas de Tatis Jr.

Pero ahora la vida le está planteando una pregunta inesperada: ¿y si el camino hacia las Grandes Ligas comienza precisamente por la puerta de los Dodgers? Tal vez dentro de algunos años, cuando el niño sea un pelotero profesional y mire hacia atrás, recuerde esta etapa como una de las primeras páginas de su historia.
La página en la que soñaba con San Diego mientras Los Ángeles lo observaba. Porque en el béisbol, como en la vida, uno puede escoger el destino de sus sueños, pero no siempre puede escoger quién será el primero en creer en ellos.
Y esa quizá sea la primera gran lección que Kaner Avendaño está aprendiendo: los sueños tienen un equipo favorito, pero el talento puede abrir cualquier puerta de las novenas de la Gran Carpa.











