Por: Francisco Figueroa Turcios
Fabio Poveda Màrquez, fue un excelente cronista deportivo quien falleció en Barranquilla el 18 de mayo de 1998.
Hablar de Fabio Poveda Márquez es referirse a una escuela del periodismo narrativo, de un hombre que convirtió la crónica deportiva en un retrato profundamente humano. Más allá de los siete premios Simón Bolívar que conquistó con su pluma magistral, Fabio dejó una herencia imposible de medir en trofeos: formó generaciones de periodistas, enseñó a contar historias con sensibilidad y le puso alma a cada palabra escrita o pronunciada frente a un micrófono.
Tuve el privilegio de aprender a su lado como redactor de “Deportes Espectacular”, y desde esa cercanía con Fabio Poveda Màrquez entendí que su grandeza no estaba solamente en narrar victorias o derrotas, sino en descubrir el lado humano de cada deportista.
Fabio Poveda Màrquez falleció, el 18 de mayo de 1998, cuando se preparaba para cubrir el Mundial de Francia, apagó una voz irrepetible, pero no silenció su legado. Porque Fabio sigue vivo en cada cronista que aprendió de su ejemplo, en cada historia contada con honestidad y en cada lector u oyente que todavía recuerda aquellas crónicas mágicas que parecían escritas con el corazón.
Profesor del colegio La Esperanza…

En Cartagena, allá por 1967, Fabio Poveda Márquez comenzó a construir su leyenda entre salones de clases y páginas de periódico. Mientras escribía artículos deportivos para El Espectador, también ejercía como profesor en el histórico colegio La Esperanza, considerado uno de los mejores centros educativos de primaria y bachillerato de la capital bolivarense.
Fabio Poveda nació en Sevilla, Magdalena, en el seno de una familia de raíces santandereanas. Fabio no solo enseñaba lecciones académicas: sembraba disciplina, sensibilidad y amor por la palabra. Entre aquellos alumnos que pasaron por sus aulas sobresalieron dos jóvenes destinados a la grandeza: Juan Gossaín, quien años después sería una de las voces más influyentes del periodismo y la literatura colombiana, y Fuad Char, figura determinante en la empresa privada, el deporte y la política nacional.
Juan Gossaín, recuerda el primer contacto en la vida con Fabio Poveda Márquez : “Agárrate Francisco, que te vas a caer. Fabio fue profesor mío, en el colegio de La Esperanza. Fabio, era el profesor más joven de todos, y el más bravo. Me castigaba todos los fines de semana, dejándome sin salir del internado» puntualizó Juan Gossaìn. Sin proponérselo, Fabio Poveda también estaba formando protagonistas de la historia colombiana.
Diario del Caribe, primer puerto…

Foto: Kid Pambele y Fabio Poveda Màrquez
Desde 1969, Fabio Poveda Márquez encontró en Diario del Caribe el escenario ideal para consolidar su inmenso talento como cronista deportivo. Bajo la dirección del inolvidable escritor y periodista Álvaro Cepeda Samudio, Fabio comenzó a marcar una diferencia con un estilo narrativo cargado de sensibilidad, profundidad y humanidad.
En Diario del Caribe, como director de deportes, no solo escribió páginas memorables, sino que también abrió las puertas de su conocimiento a una nueva generación de periodistas.
En reuniones entre amigos solía recordar, con humor y cariño, a tres “primíparos” que se le pegaron “como garrapata” para absorber cada enseñanza: el desaparecido Carlos Castillo Monterrosa, José Orellano y, especialmente, Rafael Sarmiento Coley, quien terminó siendo uno de los discípulos que más bebió de aquella fuente inagotable de sabiduría periodística. En 1976, Fabio dio un nuevo paso en su brillante trayectoria al vincularse a El Heraldo, casa periodística desde la cual continuó engrandeciendo la crónica deportiva colombiana hasta el último día de su existencia.
Poveda y Gossaìn, una dupla espectacular…

Foto: Juan Gossaìn y Fabio Poveda Màrquez
En 1979, los astros volvieron a alinearse para reunir nuevamente a dos talentos que años atrás habían coincidido en un salón de clases en Cartagena: Fabio Poveda Márquez y Juan Gossaín.
Esta vez, el reencuentro no sería entre maestro y alumno, sino entre dos gigantes del periodismo colombiano que unieron sus capacidades para darle vida a la revista El Heraldo Deportivo del periódico El Heraldo.
Aquella dupla se convirtió en sinónimo de calidad, profundidad y pasión por contar el deporte desde una mirada distinta, más humana y literaria. Paralelamente, Fabio Poveda también impulsó otro proyecto que terminaría marcando generaciones de oyentes: el programa radial “Deporte Espectacular” en Emisora Atlántico, espacio que adquirió vida propia gracias a su liderazgo, su credibilidad y su extraordinaria capacidad para convertir cada noticia deportiva en una historia inolvidable.
«Fabio Poveda Márquez, fue el mejor cronista deportivo del país. Nadie tiene, como él , la sensibilidad que se requiere para describir esa verdadera tragedia griega que se oculta en el boxeador vencido, el futbolista que desfila por la puerta grande de los triunfadores, en el cátcher que lanza mal a segunda cuando le están robando la base, en el vendedor de pescado que se convierte en campeón mundial», anota Gossaín sobre las virtudes de Fabio Poveda Márquez.
Siete premios de premios Simòn Bolìvar…

Foto: Fabio Poveda y Diego Maradona
Fabio Poveda Márquez convirtió la crónica deportiva en un género profundamente humano, capaz de tocar el alma de lectores y oyentes. Su sensibilidad para narrar historias, más allá de los resultados y las estadísticas, le permitió conquistar siete premios nacionales de periodismo Simón Bolívar, galardones que confirmaron su inmenso talento y su extraordinaria manera de contar la vida a través del deporte.
Sus trabajos premiados fueron: El mundo del boxeo en 1978, Roberto Durán: Reencuentro con la gloria en 1981, Los cracks de Brasil en 1982, El drama de Esteban de Jesús en 1989, Dioses de carne y hueso en 1990, De la gloria al infierno en 1992 y Sonrisas y Lágrimas en 1996.
Cada una de esas crónicas llevaba el sello inconfundible de Fabio: rigor periodístico, sensibilidad social y una narrativa cargada de emociones. Por eso, más que premios, Fabio Poveda Márquez acumuló el respeto de sus colegas y el cariño eterno de quienes encontraron en sus relatos una forma distinta y maravillosa de entender el deporte y la condición humana.











