Por: Fausto Pérez Villareal
En el corazón del Caribe, donde el viento huele a tambores y la luz se posa sobre los montes con mansedumbre dorada, nació un hombre que convirtió la vida en melodía: Isaac Villanueva Mendoza. Su nombre no solo habita en nuestra región, sino que resuena en todo el territorio nacional. Es una llama genuina que no se extingue; una voz que resuena dulcemente en el alma de su pueblo, Piojó, tierra que lo vio nacer y que hoy lo recuerda con orgullo y gratitud.

De su vena creadora brotaron canciones, decenas de canciones, que emprendieron largo viaje, llevadas por distintas voces que hicieron de su inspiración un patrimonio colectivo. ‘La cumbia universal’, ‘La machaca’, ‘Golfo de Morrosquillo’, ‘Lo mío es mío’, ‘El armadillo’, ‘Vení, vení’, ‘La prima’, ‘El ausente’, ‘El árbol’, ‘El cocinero mayor’, ‘La vi partir’, ‘Los patulecos’, ‘Maruja’, ‘La parabólica’, ‘Mete y saca’, ‘El negro adentro’, ‘La punta colorá’, ‘Fuma el barco’ y El pescador de Barú figuran entre sus creaciones más aclamadas.
Juancho Polo Valencia, Joe Arroyo, Raúlín, Pastor López, Juan Piña, Milly Quezada y Lucho Argaín le dieron voz a sus composiciones. La lista de sus intérpretes es extensa y diversa, lo que confirma que su obra trascendió generaciones y estilos, convirtiéndose en un lenguaje común de alegría, identidad y memoria colectiva.

Isaac Villanueva no componía desde la distancia del oficio, sino desde la cercanía de la vida. En cada pieza suya palpita la risa del Caribe, la nostalgia de las tardes, el rumor del tambor que acompaña las celebraciones y también las despedidas. Por eso, cuando partió el 26 de enero de 2024, su voz no se apagó: quedó suspendida en el aire, como una promesa de eternidad.
A Isaac le sobreviven su esposa Aura Rosa Patiño de Villanueva; sus hijos Ángel Isaac Villanueva Patiño, Liz Naydú Villanueva Patiño, Luis Felipe Villanueva Patiño, Isaac Marcelino Villanueva Patiño y Yahaira Villanueva, fruto de una relación extramatrimonial. Ellos continúan honrando su memoria y extendiendo su legado humano y musical, como raíces que siguen dando fruto bajo la luz cálida del Caribe.

Foto. Issac Villanueva y Aura Rosa Patiño
Tuve el privilegio de conocer y conversar varias veces con el maestro Isaac Villanueva, no solo en calidad de periodista, en el marco de entrevistas, sino también desde un vínculo más personal y cercano. Mi abuelo, Enrique Pérez Albor, tenía parentesco con él en tercer grado. De esos encuentros conservo la certeza de haber tratado a un hombre culto, gentil, ameno y gran conversador, un creador musical que también fue maestro de la vida. Su presencia irradiaba una serenidad sabia, y cada palabra suya parecía tener el ritmo pausado de quien escucha la melodía interior del mundo.
Este sábado 25 de octubre, día en que Isaac habría cumplido 87 años, Piojó se vestirá de homenaje. Desde las 8 de la mañana, en el Auditorio Adulto Mayor, se celebrará un acto pleno de música, memoria y afecto. Allí, su pueblo natal evocará su vida y su obra, agradeciendo el legado de un creador que hizo del Atlántico una partitura viva —ya fuera como compositor, director musical o directivo de Discos Fuentes, la disquera más importante del país.

En el marco de esta conmemoración sabatina también se presentará el libro Reseña histórica del municipio de Piojó, escrito por los profesores piojoneros Víctor Goenaga Ortega y Juan Villanueva Hernández. Esta obra recoge la memoria escrita del terruño: sus rostros, sus luchas y las esperanzas que han tejido su devenir. Será un diálogo fecundo entre la música y la palabra, entre la herencia que se canta y la que se escribe.
Asimismo, el evento rendirá un reconocimiento especial a la magistrada Catalina del Carmen Ramírez Villanueva, por su destacada trayectoria profesional en el ámbito jurídico —ejemplo de dedicación, integridad y orgullo piojonero. Su nombre se une, en esta jornada de celebración, a la constelación de hijos e hijas que han honrado a su pueblo con su talento y su compromiso.
Así, en una mañana de música, lectura y gratitud, Piojó celebrará su identidad más profunda: la de un lugar donde la historia se canta y la memoria florece.
Porque hay vidas que no concluyen, solo cambian de tono. Y mientras una tambora resuene, mientras una cumbia despierte en la brisa, Isaac Villanueva seguirá vivo —en la eternidad sonora del Caribe y en el corazón de su gente.












Totalmente cierto, una voz que no se apaga.